martes, 22 de mayo de 2012

El pez urbano


La ciudad, un mar de peces 
moviéndose en oleajes de inercia
naufragan en las prisas laborales y sociales
pescados atrapados en rutinas.

Ana R.

Ying Yang


Ana R.

volvernos noche


que lleves tanta sabiduría en los ojos y en la boca no es casualidad.
si en el arte de tu amar constante,
continuamente haz practicado con mi cuerpo;
convertido en la herramienta de trabajo hacia tu perfección,
en el arte de proyectar la piel en catalizador de lluvias y deseo.

tuya, siempre tuya...

delirante aprendiz de tus besos que se hicieron mi sello con el correr de los años.
buscas, siempre buscas,
saciar mi sed de vino constante en idas y regresos.

por ello siempre atenta al menor indicio del brillo de tu mirada,
para estar dispuesta a modo de instinto,
que se deja arrastrar hacia el peligro de tus ojos.

por eso cualquier momento,
es detonante de flagrancia constante que nos lleve
al camino del olvido terrenal y nos interne,
en el camino carnal de los besos a mordidas.

aprendiz y maestra de tus noches desatadas,
tan llenas de amor que la pasión nos desborda en ríos 
que recorren nuestras piernas y los labios.
que nacen en beso, que queman el vientre, buscando su camino
hacia el resto que se enciende.

cuando eso sucede, se apaga la noche...

sucede el olvido y nada más importa,
lograr que la piel respire y se levante
hacia los caminos que nos trace,
y nos guíe las manos, los labios y los ojos;
hacia tu centro, hacia mi centro
Que se pierdan los ombligos y nos confundan 
nuestras propias sombras.

Noche, volvernos noche...

Que se interna en la madrugada.
Que amanezca en nuestros cuerpos al sonido 
de los pájaros y del alba.

Silvia Carbonell L.

martes, 15 de mayo de 2012

Ganadores del 7o Concurso #ConFábula

Les pedimos que hicieran yoga mental y nos hablaran de un animalejo fantástico. ¡Lo hicieron genial! Aquí los tuits ganadores:


Primer Lugar:



Segundo Lugar:



Tercer Lugar:



¡Aquí pueden ver los tuits participantes! ¡Felicidades a todos!


Creación de aves



Me descubro desenredando el universo, hilando la luz de las estrellas y trasquilándola de materia oscura para que mis tejidos no se manchen. Tres horas por día son suficientes para tejer con pintura, con luz, dándole música de corazón a cada ave para que vuele con ritmo y nunca caiga a muerte, que viva volando y cantando por las mañanas en universos tejidos en otro tiempo.

Destilando.

Hay que cerrar los ojos, dejar que la ave se invente sola, que se descubra en la luz-hilo y el agua-pintura, que reconozca su lienzo y aproveche sus bordes, que decida sus límites y sus ligerezas, que sea ave que nunca vuelva al suelo si lo quiere o vívora alada.

Las miro sintiéndoles, con el viento que mueven al ocupar otro espacio, cada cual a su ritmo y en su propia pista, no sé que haría de mi mundo si no tuviera estas tres horas.

Traum Huetzi



Entretejo mis sueños con materia del cielo,
me alimento del cosmos y su energía
que permanece viva en todas las cosas.

Y todas las cosas son tocadas por una luz,
que vibra hasta las cuerdas de mi alma,
que no tienen voz, sino secretos.

Fluye la savia a través de mis ojos,
y los manantiales se complementan;
se nutren uno al otro, en la continuidad del rocío.

Existe una Luna de Agua en mi cuarto,
y un intermitente trinar de aves,
que nacen de la ceniza,
y del corazón del Universo.

Claudia Yenisey (Cy)

ventajas de ser miope

puede que las orejas sean minúsculas (apariencias visuales) y que las gafas resbalen, entonces, por la nariz tibiamente brillosa (nariz aguileña, seguramente); quizá (en realidad no es quizá) los anteojos se sometan a las aburridas leyes gravitacionales (se ve venir el manzanazo de newton) y... pero a veces es tan difícil (no siempre, eh), tan difícil —no siempre es tan difícil— decir: hoy sí voy a ver más allá de cuarenta centímetros. no se puede, simplemente no: es imposible rascarse la oreja con el codo; es imposible remover las manchas del pasado (consejo de mi tía de santa rosa).

Sin título

Unir crea luz.

Despertar es morir


Despertar es morir

Todas las mañanas siente tan lejano el reflejo frente al espejo como cercano el dolor por respirar el mismo aire del reflejado.
Siente que se va desprendiendo, de aquello que en el alma lleva impregnado, la esencia de su ser, su realidad, su rostro.
Su rostro es una máscara más, extraña, cuarteada por las lágrimas. Rota en mil recuerdos, en cientos de besos no dados.
Y así empieza su viaje, la carga de vivir a diario, de ir dejando parte de sí, en cada huella, en la retina de quienes transitan a su lado.
Nadie le avisó que él era su carga más pesada, su fantasma más aterrador, que conocerse iba a ser el camino más doloroso y largo.
Siempre lucía cansado y viejo, por dentro llevaba el presente, por fuera vestía el pasado.
— ¿Por qué seguir viviendo si hace tanto que he muerto? 
—Porque no tienes valor ni para mirarte en el espejo. 
— ¡Calla! 
—El único que habla aquí eres tú.
Pensar, no es hablar; como estar muerto, no es estar en silencio. Pero, quién soy yo para contradecirme, sino solo el pellejo de lo que de mí queda.
Mi vida es como la manzana ya mordida, como arenas movedizas que te tragan hasta el cuello y no te dejan ir más allá.
Soy un mundo en ruinas, soy mi día gris. Por mí solo caminan mis fantasmas y yo.
— ¿Y tú dónde estás? 
—No estuve nunca.
Soy el lugar que camina, y soy mi propia sombra. Conmigo muere todo vestigio, los demás lugares que caminan conmigo.
Y me hago paisaje; cuchillas en la boca. Y corre la sangre; la vida bajo la horca.
Y guardo las ganas de morir en los recuerdos de los que lloran.

Ronald Dávila & Julio Muñoz

Me salieron raíces



Todos somos semillas
y dicen que mientras más envejecemos, más sabemos.

La lluvia no es más que nuestra fuente de vida.
A veces parece ser una pesadilla
pero nos ayuda a soportar las sequías.


Crecer, florecer, morirse y renacer.
Acomódate las ramas y vamos a aprender.

Esta locura que titulo amarte


La decisión más fuerte que he tenido que tomar, has sido tú.

Nunca creí que para llegar a ver la verdadera belleza de algo, tuvieras que perderlo tantas veces.
Tuve que perderte de vista y no saber de ti. Dejé de escucharte y en algún punto ya no sentía junto a mí.

Escogí el camino largo, porque ya aprendí.
Aprendí que para que puedas valorar las cosas no sólo te tienen que costar, sino que además te tienen que doler.
Tuve que saber qué significaba extrañarte, también tuve que llorarte. 

Ahora te tengo de lleno. Y ya sé qué es verdaderamente amarte.

Máscara

Llegas a casa.
Cierras la puerta.
En soledad, cae la máscara.
Y te miras al espejo
en todo el esplendor de tu miseria.
Y a nadie le interesa.
Es tu soledad.
Tu patética existencia.
La certeza de que esa sonrisa
es prestada, es por mientras.
Mientras alguien se da cuenta
de tu farsa, de tu máscara y tu mueca.
De esa falsa sonrisa que alimentas.
Pero a nadie le interesa,
así que sigue sonriendo,
certera y dolorosa,
siempre falsa, siempre hermética.

Llorándole a la almohada

Una lágrima resbala por tu nariz. Se hace charco sobre la almohada, junto con otras tantas. Una vuelta más la cama. El segundero del viejo reloj le marca el compás a tu corazón desobediente que late a su antojo, despacito. No se detiene, aunque casi no lo escuchas. Otro suspiro: sale el aire y dentro no queda más que ese hueco oscuro en el que no está. Pero estuvo. Y ya no hay nada. Más lágrimas. Los gatos le llevan serenata a la Luna. Las luces en el cielo del norte podrían ser estrellas. Pero sólo son recuerdos de estrellas. De algo que alguna vez estuvo, pero ya no está. Otra vuelta a la cama; la almohada empapada. Si tan sólo hubiera algo ahí donde ya no hay nada, tal vez podrías dormir. El dolor en medio del pecho te parte. Nada como esperar el amanecer llorándole a la almohada.

Nos faltó destino



Un mismo sentimiento en dos corazones latiendo,
ambas almas en vigilia siempre esperando...
Nos sobró espacio.
Nos faltó destino...

Un proyecto de vida,
dos almas soñando...
un tiempo de espera siempre bifurcando.
Nos tomó de juego,
nos mantuvo alejados.

Una sola vida de caminos separados,
almas por las noches como siempre buscando;
una pausa y silencio...
Muchas voces interpretando.

¿Coincidencias?¿Destino?
Siempre interpretando...
Demasiadas coincidencias,
ya era demasiado.
Dos mundo chocando,
como siempre de la mano...

Nuestros sueños dormidos,
pareciendo soñar permanecen callados.
No han muerto,
solo fingen que no son despertados.

El silencio recorre y nos invade el espacio,
son dos almas calladas con el corazón llorando.
No coinciden,
se tocan y solo rozan las manos.

Nuestro sueño dormido hoy se encuentra sollozando,
esperando los tiempos,
que serán adecuados.
Nos sigue sobrando espacio
pero aún queda destino
por nosotros esperando.

Silvia Carbonell L.

Pero aún queda destino, por nosotros esperando...

Amanecer en un prado de nubes

Podría pastar un cielo,
si me dejaran trepar a esas nubes
y hacerme sol en ellas.

No sé

No sé querer lo que no respeto.

No sé admirar lo que no valoro.

No sé negar lo que me afirma.

Pero sé admirar, valorar y respetar a quienes afirmo que quiero.

Nostalgia

Era una de esas tardes de color naranja. Amenazaban lluvia, pero no. Yo tomaba café y leía un libro que ya no recuerdo. Entonces sonó el timbre y era la Nostalgia. Traté de no abrirle, pero igual entró. Se sentó en mi sillón como una invitada. Creo que esperó una cortesía que nunca llegó. Cuando se dio cuenta que no era deseada, hizo además de irse, pero sonrió. Yo estaba como petrificada, mientras ella iba invadiéndolo todo con un perfume raro, entre agrio y dulzón. Tocaba mis fotos, leía mis cuentos, olía mis ropas y tarareaba bajo una canción que me escuché mil veces dedicarte a vos. Me miró a los ojos, le bajé la vista. Me dijo una frase y luego se marchó. Después de esa tarde siempre vuelve a verme. A veces la espero, y otras veces no. ¿Sabés qué me dijo?: “Yo te tengo miedo a vos”.

La Saurina

Nunca antes ninguna de las mujeres del pueblo de Matlazuc había engendrado un nuevo hijo después de los cuarenta años, menos mujeres viudas y mucho menos en un día de eclipse, por lo cual la concepción de aquella niña fue visto más como un mal augurio que como un capricho de la naturaleza y todavía menos como un designio del Altísimo Señor.

Todo ocurrió en el primer mes de la época de estío del año del gran eclipse, cuando doña Maximiana Hernández, una de las cuarenta y tres viudas de aquel pueblo calentano, decidió llevarle la comida a su yerno por pedido de su hija Guadalupe, quien se encontraba ya en el último mes del estado interesante; era su cuarto embarazo y durante todos los meses había sufrido de vaguidos, antojos de caldo de garrobos y de atole de pinole, y ya no estaba pa' esos andares por los sembradíos en despoblado atravesando vericuetos de arrabales calentanos.

Doña Maximiana Hernández había quedado viuda desde los treinta y tres años después de que su marido Antonio Tucuruato se había robado una novia recién salida del altar a quien el padre Cuco apenas había otorgado el segundo sacramento de servicio. Justo entonces le entró por los ojos lo enamorado, y luego luego sacó su escopeta cuata, amagó al novio con todo e invitados y se la llevó en su caballo al monte baldío. Durante tres días no los encontraron y al cuarto día regresó a la novia con su pureza mancillada y le regaló su caballo blanco. «Tú te quedas aquí chula» masculló entre dientes y se fugó por la sierra de Tierra Caliente, una semana más tarde los municipales lo alcanzaron y fue muerto en tiroteo, no sin antes despacharse a cuatro municipales.

Desde aquel día Maximiana pese a ser muy dicharachera y caliente de vientre, siempre le guardó luto a Antonio Tucuruato, y aunque a sus cuarenta y cuatro años a cuestas, aun tenía vestigios del cuerpo de mulata, nunca sintió necesidad de hombre y se pasaba refugiada en sus rezos de rosarios y sus misas cotidianas.

Aquel día llegó muy apurada a visitar a su hija Guadalupe, quien le encargo que le llevara la comida a su marido al campo, salió a paso apresurado cubriéndose con el rebozo y cargando bajo su brazo una canasta de mimbre, cubierta con una servilleta de tela que ella misma había bordado, bajo la cual estaban un pocillo de atole de guayaba, cuatro uchepos, un plato de chimpa, un tarro de dulce de frijol, varias memelas recién sacadas del comal y un bule de tlapehue.

«Ándale pues mija, voy y vengo a dejarle el almuerzo a tu marido». Guadalupe le agradeció en silencio, sosteniendo con una mano la aldaba de la puerta y con la otra su vientre de embarazada.

Justiniano Garcia era uno de los mejores reateros y tarecueros del pueblo, una vez él solo había arado toda su siembra con sus manos sin necesidad de bueyes, era alto y fornido, de músculos correosos, tenía un tatuaje de la virgencita de Guadalupe en su pecho en honor a su mujer y a Dios, poseía una mirada lechuzera y cantarina, era corto de palabras y razones y le apodaban “el chicuaro”.

«Ándale Justiniano que te truje el almuerzo de encargo de la Lupita, ya anda con trabajos la pobre». Le advirtió Maximiana a Justiniano. Comió en silencio y rápido, fue entonces cuando el cielo totalmente se oscureció. Nadie supo como fue que Justiniano convenció a su suegra de tener ayuntamiento de carnes, unas gentes podrán decir que fue el efecto del eclipse, otros que quizás la forzó, incluso otros que la viuda una cana al aire se aventó. Lo cierto fue que una especie de embrujo les encendió la concupiscencia a los dos, y entre milpas y charamascas se atrevieron a cometer ese acto impuro ante los ojos de Dios. Y sin ninguna otra ocasión ni explicación Maximiana embarazada a sus cuarenta y cuatro quedó.

Maximiana siempre había tenido la virtud clarividente de anunciar sus nuevos embarazos el mismo día que una de sus semillas era germinada, y cual precepto divino cuando lo aseveraba, la regla ya no le llegaba más. Desde su primera regla que había tenido a sus trece años un domingo de ramos de un año bisiesto, todos los días que estaba con el mal de la sangre, a causa del pecado original, se echaba en ayunas un vasito de sangre de iguana recién degollada, con un chorrito de jerez del puesto de doña Mica. «¡Ah! es de alimento» decía después de sorberlo todo de un trago. Por lo mismo, le caía pesada, y el primer día de sus reglas siempre se acompañaba de una chorrera pestilente a iguana insolada, chuquillosa y mantecosa.

Unos días después que Maximiana se supo embarazada, su hija Guadalupe daba a luz a su cuarto hijo a quien bautizaría con el nombre de Leovigildo. Ese mismo día Maximiana mediante una plegaria silenciosa le prometió al Santísimo Señor Nuestro Dios, que nadie sabría el secreto de su debilidad y traición, fue también la última vez que habló con Justiniano echándole una mirada de complicidad hasta la muerte. Cuando los paisanos le preguntaban a Maximiana quién era el padre, ella argumentaba que había sido concepción divina, y cuando alguien la contrariaba ella decía: «Si le creyeron a la virgen ¿por qué a mi no?». Siete meses después nació una delicada niña más blanca que la nieve a quien su madre nombraría Blanca Concepción.

Blanca Concepción era una niña de belleza inhumana, tenía la piel como leche recién ordeñada, una cabellera más negra y más brillante que la obsidiana, azabaches pestañas que daban la impresión de ser postizas y ojos que deslumbraban como las mismas esmeraldas. Por azares del destino y por la cercanía de sus nacimientos Blanca Concepción y Leovigildo fueron criados como hermanos por la viuda-madre-abuela. Blanca Concepción siempre fue más vivaracha, habló bien chiquita y cuando hablaba no le paraba la boca; Leovigildo en cambio, se comunicaba más a señas y sólo palabrería inentendible vociferaba. Desde muy niña Blanca Concepción dio muestras de tener la virtud premonitoria de la adivinación y debido a sus dotes de clarividencia muchas gentes del pueblo empezaron a decirle “la saurina”. Debido a la carencia del lenguaje hablado de Leovigildo muchos pensaban que era mudo y fue cuando empezaron a llamarle “el mudito” más la virtud de Leovigildo siempre fue la valentía y su mayor defecto la imprudencia, heredados por gracia de su abuelo.

Unos años más tarde por fin logró hablar Leovigildo, quizás ayudado por el pan de los apóstoles que le dieron a comer un jueves santo del año que se desbordó el río o por las tarabillas de su media hermana Blanca Concepción, quien con cada día que pasaba afinaba más sus dotes saurinescas.

«Alguien se va a ir y algo va a venir». Advirtió a su madre una mañana del mes de mayo que no hizo calor en la región calentana. «Algo va a pasar ¿verdad que si, Chula?...». Considerando que ya antes había predicho el cambio de cura al poblado de Pungarabato, el día que llegarían las aguas y la muerte de una vaca de Justiniano, Maximiana considerando los peligros más cercanos mando tapar con leños para vigas el pozo de agua que en el patio de su casa tenía, por temor a que alguno de los guachitos se fuera a caer allí.

Por su parte Leovigildo seguía con su poco cotorreo y frecuentemente había sido objeto de burla de uno de sus vecinos güeleques; quien comenzó a decirle su mote socarronamente y a fastidiarle sobre sus pocas palabras. Al día siguiente le tomó sin permiso a su padre una verduguilla, salió a buscar al vecinito burlón y enfrentándolo al tiempo que le sacaba la verduguilla y se la acercaba al cuello le dijo: «A ver cabrón vuélveme a decir “el mudito”». El enmudecido en ese momento fue el otro guache, que después de empezar a llorar salió corriendo despavorido a su casa. Horas más tarde el padre de Ramoncito, el guache chillón y agüelecado, fue a reclamarle a Guadalupe de la amenaza con arma blanca de su hijo Leovigildo. Y cuando su marido Justiniano llegó el incidente le contó y Leovigildo una buena zurra con vara de cueramo recibió.

A la mañana siguiente muy temprano Leovigildo fue a pasearse por la casa vecina divisando en los tendederos del patio sabanas blancas recién lavadas, y en menos que lo pensó ya estaba enjuagándose las manos en lodazal de cuches y sus huellas en las sabanas plasmó. Para su mala suerte, Ramoncito lo miró, la escena se repitió, nuevamente Leovigildo fue señalado y su castigo recibió, sólo que esta ocasión su padre lo azotó con la reata que arreaba a las vacas. Catorce veces las sabanas manchó y catorce veces el mismo castigo recibió, hubieran sido más sino es porque Guadalupe le dijo a Justiniano «Pégame a mi mejor, pero ya deja al hijo de mi corazón».

Esa tarde mientras su madre le curaba la espalda y las nalgas se imaginó al mismo Cristo ensangrentado por tremenda azotaina. Esa misma noche le imploró al corazón amoroso de Jesús sacramentado y a Nuestra Señora de Guadalupe que si su hijo, iba a ser así de cabrón como su padre Antonio Tucuruato que mejor se lo recogiera. Una semana después cayó la peste de la viruela al pueblo de Matlazuc y Leovigildo se murió el día cuando los tecuanes le bailaban a la Virgen de la Asunción. Ramoncito tampoco pudo escaparse de la viruela, y mientras se encontraba tendido sobre hojas de plátano, le preguntó a su madre: «¿Mamá me voy a morir?» Su madre con llanto contenido le respondió: «No, mijo lindo, no te vas a morir» y Ramoncito le respondió: «Ay mamá si se murió Leovigildo que era valiente, contimás yo». Blanca Concepción también enfermó, sin embargo ella no se murió, y siguió con su vida de saurina pero ese es cuento para otra ocasión.

Ichi Ijiwaru
@Doc_Ijiwaru
http://ichijiwaru.blogspot.com

Roca



Ser la roca quieta, paciente, desgastada antes que la ola incierta, terca, permanente.


Colaboración nacida entre la fotografía de @tabsgreen --> http://twitpic.com/9jr4ik
y el tuit de @AdrianaReid  --> https://twitter.com/#!/AdrianaReid/status/198797960736284673

Esta noche


No recuerdo todos los detalles de aquella noche ya que estábamos intoxicados de tanto alcohol. Lo que recuerdo con claridad es que mientras más bebíamos más ganas nos daban de sentirnos, de amarnos y de estar juntos.
Entre mis recuerdos rotos encuentro un beso robado, una caricia escondida, una conversación profunda que no comprendo cómo se dió, algunas risas y palabras que se llevó el viento.
Estuvimos acechándonos mútuamente como felinos a su presa hasta que nuestros deseos tomaron posesión de nuestros sentidos y nos dejamos llevar.
Salimos del bar donde estábamos y nos dirigimos a un motel. Entre bromas y manos deslizándose en los rincones más remotos de nuestros cuerpos encontramos la habitación que buscábamos.
Cama redonda y paredes en semicírculo tapizadas de espejos. El tapiz siniestro llegó hasta en el techo del lugar, dejándonos expuestos de una manera vulnerable. La alfombra roja intensificaba lo seductor del lugar.
Ropa volando por la habitación, besos, caricias, suspiros, palabras de deseo entrelazadas en nuestras lenguas que se comían entre sí.
Observé a través de los espejos tu cuerpo desnudo, con todas sus virtudes y todos sus defectos mientras clavaba mis uñas en tu espalda. Abracé esa imagen para retenerla en mi memoria y revivirla en las noches solitarias de mi existencia.
Disfruté cada uno de nuestros movimientos, cada gota de sudor, cada gemido cálido y sincero. Nos comimos y recorrimos cada centímetro de nuestras pieles para volverlo a hacer y asegurarnos que no quedara ningún rincón sin explorar.
Por donde mis ojos se posaran estuviste presente y en mi mente se enfrentaban el morbo y el pudor en una lucha sin tregua. Me dejé llevar por el antojo de poseerte y demostrarte lo que significabas para mi en esa noche vana.
Nos amamos hasta que llegó el alba junto con el agotamiento. Nos dormimos.
Al despertar entre penumbras nos abrazamos y nos besamos como reconociéndonos o como si con ello lograríamos retener para siempre lo que había sucedido en la noche anterior.
Ahora que ha pasado el tiempo no sé si abrazarás el mismo recuerdo que yo tratando de retener esa sensación de locura y satisfacción temporal. No se si en tu memoria, en un rincón escondido de tu imaginación, todavía deseas mi piel tanto como yo deseo la tuya. Lo que si sé es que no podría vivir con la ausencia de lo que sucedió en esa noche en la que logramos fundir nuestras pieles a tal grado que sentimos el cielo y el infierno en lo más profundo de nuestras almas extraviadas.

Silvia Titus
@cuentosdekutz
http://loscuentosdekutz.blogspot.com

Poema a la alegría

No hay felicidad sin convicción
Ni reflexión sin cicatriz
Ni amanecer sin oportunidad
Ni futuro sin expectativas
La felicidad es una certeza
Un estado
Un hálito obligado a salir del vientre
Una alegría leal e intransigente


Yo no amanezco, me amanecen
No mi madre
Ni mi esposa
Ni un teléfono
Ni una mascota
Sino el llamado sagrado
Aquel que te hace soñar de pie
Aquel en que no decides
Aquel que es un viaje de ida


Si el sufrimiento inspira
La alegría te vuelve obra
Te hace bailar sin música
Y te enferma si no la contagias


Ya no hay dualidades
Ya no hay prejuicios
Sólo aceptas
Ni siquiera toleras
Sino que respetas sin más
Y te relacionas sin menos
Como ráfagas invisibles
Sientes sin especular
Y piensas sin deslucir
Vivir alegre
Feliz
Dichoso
De que todo es motivo de risa
Incluso la muerte
Que no es, sino, el cambio mismo
El escalón necesario
Para ser tú


Hoy
Caminar es otra cosa
Una desventura del viento
Un plagio al júbilo desmesurado
Casi una postura ideológica


Disfrutar y disfrutarse
Soñar para dormirse
Laburar al albur
Pensar casi nada
Para hacer casi todo
Escribir un poema cada mañana
Llegar al trabajo con la mirada angosta
Y la sonrisa ancha
Jugar con tu sobrino
Y desarrollarse en común con la mujer que amas


Crear es creer
Soy feliz a pesar de obras tristes
Celebrar el don
Matarse de la risa y resucitarse en un cuento
Inventar nuevas realidades
Y pasearse entre el sueño
La aflicción sin ficción es una destemplanza
Arte a la alborada
Por la tarde
Por la noche
8 días a la semana


El poeta no jubila
Vive jubiloso
La razón es un paragua
Si hay lluvia de ideas
¡No pienses, poeta!
No pierdas el tiempo
No pierdas la esperanza
Tú eres la aurora a medianoche
La manía
El vicio
¡No pienses, poeta!
Déjate venir
Expélate
Calmoso
Sin Lógicas
Ni estructuras
Derrámate
Hazte marea
Vívete
Humanízate
Desaparece
Y cuídate,
Que la felicidad es contagiosa.


René Valdés
@Renealonzo

Tarde o temprano

Tarde o temprano llega a nuestras manos
un poco de felicidad,
disfrazada bajo la bella forma de un cristal,
fácil de llevar, fácil de manejar;
pero aun así frágil es,
casi nunca es como la imaginamos
y mucho menos con el mismo significado,
para todos es distinto
el único parecido es que
entre mas fuerte la sostenemos
mas rápido la rompemos.

Nathy Casal
@Proud_Hika

martes, 8 de mayo de 2012

Mi amá

No sé cuantos berriches le hice a mi madre, tampoco recuerdo la mayoría de los infortunios, preocupaciones, falsas alarmas y "bomberazos" por las que la hice pasar y por las que aún la hago pasar aunque de una manera diferente.

A penas recuerdo algunas travesuras y la forma en como se preocupaba por mi, inclusive las formas en las que me defendía ante los demás niños abusones con sus mamás lambisconas.

Ahora mi madre me atiende menos, y no porque no quiera ella sino porque ya no quiero, tengo esa extraña y estúpida necesidad de individualidad que no la incluye pero que la quiere cerca, según yo estoy creciendo.

Y ahora mi mamá atiende a niños que no tienen madre suficiente, los "poca madre" les digo, niños vagabundos, niños a los que mi mamá les regala un pastel antes que darles dinero, les regala motivos para sonreir y continuar su desdichada jornada, les da un recuerdo grato de una figura materna que padecen.

Mi madre es tanta que me sobra para algunos otros niños.

Esa amiga

Aquella amiga
la que amás desde alma,
agua y clara.

Ojos sinceros
manos que aferran fuerte
curan mi llanto.

Esa es tu madre
de corazón tan puro,
la que te ama.

Me enseñó

Me enseñó a rezarle
al ángel de la guarda
y a soñar despierta
y a pedir perdón.

Me enseñó a juntar
ramitas silvestres
y armar cuentos vivos
que siempre contó.

Me enseñó a cantar
con pulmón y viento,
latiendo recuerdos
me templó la voz.

Me enseñó que duele
que a veces te hiere
pero igual te quiere
quien parió tu amor.

Amigas

Me cuesta suponer lo que se sentías cuando anidaba dentro tuyo, y seguro imaginabas cómo sería el calor de mi sonrisa o el color de mi voz.

Supongo que tenías esperanzas y algunas visiones, de nosotras caminando o charlando, o simplemente siendo las mejores amigas algún día.

Y supongo que cuando nací te diste cuenta que se es madre de muchas formas. Sobre todo aprendiendo y desaprendiendo. Como lo hiciste vos.

Supongo que fue difícil: nadie nace sabiendo y nadie hace nacer teniendo idea. Pero supongo que lo hiciste y te gustó.

Supongo que debés recordar mi primer llanto. Yo recuerdo tu forma de mirar y el calor de tu abrazo. Y si cierro los ojos, ese ayer es hoy.

Supongo que recuerdo, pero no tan bien como tú: el primer paso, la primera risa, la primera vez que me raspé las rodillas con los patines. Supongo que sabes que estabas ahí en todas mis primeras veces.

Supongo que al crecer te dolieron mis reproches adolescentes, mi falta de paciencia, mi rebeldía, mis NO.

Supongo que, para ambas, fue doloroso crecer, aprender a crecer, soltar y, en cierto modo, renacer.

A mí también me dolían tus enojos y tus "porque yo lo digo". Pero nunca dejé de llamarte: mami. Como una promesa intacta entre vos y yo.

A veces soy mujer, a veces niña grande. Pero siempre encuentro la manera de llamarte mami. De llamarte, mami.

Hoy que tengo los años que vos tenías cuando yo nacía, empiezo a comprender todo el miedo a fallar que seguramente sentías.

Hoy que te entiendo un poco, tal vez, ahora sí, podremos ser amigas.

Mariana Aran & Nadia L. Orozco

Mamá

Cosas así sólo una madre las soporta.

La Venus de Arena




Es la venus de arena, la que lleva al mundo sobre su piel, la que se desmorona al viento, la que lleva en su vientre un mundo tras otro y en una mano la creación y en la otra, destrucción. Es la venus a la orilla del mar, la que se llevará la marea si no es que antes, la luna, si no es que, tarde, la propia ciudad. 


Adriana Reid
@AdrianaReid
http://adrianareid.tumblr.com/

Mujeres

A veces comienzo la tarde como es debido. Una taza de café en la mano, negro, bien negro y sin azúcar, como la tinta sin olvido. Prendo un pucho y pienso en ella y pienso en vos. Pienso en las estrellas.
Pienso en ella, en mi vieja. Que siempre estuvo, que siempre está y que nunca se queja. O se queja poquito, sólo para mantener las apariencias. Mi vieja, que sabe de caricias y de reprimendas. Mi vieja que me sigue guiando en el camino, aunque mi cabellera ya se viste de canas severas. Mi vieja, la docente, la madre, la abuela. La que escribió las primeras letras en la página en blanco de mi primera tarea. Mi vieja, Cristina para sus hijos, Silvia en la escuela. Mi vieja, la mujer, la estrella.
También pienso en vos, mi compañera. La sonrisa de mis mañanas. El salvavidas de mis noches viejas. La música en la resurrección del que había perdido la huella. La playa después del naufragio en las aguas revueltas. En vos Nadia, que sos la poesía en la promesa de una vida que apenas comienza. Pienso en vos, la mujer, la estrella.
Pienso en ustedes dos y pienso en todas las mujeres del planeta. En las madres, en las hijas, en las abuelas. Y en las trabajadoras, en las compañeras, en las que deben callar, en las que gritan con fuerza. En la maestra de cuarto grado, en la profe de física pidiéndome la carpeta. También pienso en la niña que ahora soñamos y que mañana nos espera, en la que también será madre y abuela. Pienso en la luz que regalan y en las sombras que ahuyentan. Pienso en todas ellas y me imagino un cielo. Un cielo repleto de estrellas.


Rubén Ochoa

Lo que cuenta mamá


No supo cómo. El pibe que le guiñó el ojo en el asalto del otro día ese día estaba sacandosé los pantalones y ella le miraba el culo blanco en el espejo de la pieza de atrás. Su mamá estaba de viaje y su papá no estaba en casa. El pibe que se dejaba los bigotitos para parecer más grande tenía la nariz bien fea. Debería tener el bigote más grande para que no se le note lo fea que era. La camisa no estaba mal. Era más blanca que la piel. Era escuálido. Cualquier romanticismo que ella hubiera esperado de aquella tarde había desaparecido ya hacía dos botones.
El tipo la fue a buscar con pose de James Dean, y se tropezó con la cómoda porque se había sacado los lentes y no veía nada. Terminó en el piso con la pata partida por la pata de la cómoda. Ella, incómoda le fue a agarrar la rodilla para ver si le sangraba. Lo incómodo fue darse cuenta de que era lo que había agarrado. Porque estaba medio oscuro. Y no fue sangre lo que salió de la hinchazón y no fue la pata de la cómoda lo que su mano aferraba y no podía largar. No era su nariz tan fea ahora que estaba tirado el pibe, pobre el pibe. Pobre no, fue de dolor que gritaba él. Eso cuenta mamá cuando le preguntas si duele, nena, vas a ver, preguntale.

Luciano Galizia
@lucarrabal
http://arrabalvirtual.blogspot.com

Es mi madre

Era una chiquilla, y su chiquilla la miraba con ganas de ser como ella. La miraba cepillar sus oscuros cabellos y peinarlos en dos largas trenzas perfectas. La miraba pintarse las uñas de los pies de rojo brillante, beberse un café en las mañanas y acariciar al gato. Su chiquilla quería crecer y ser como ella. Dejó de ser una chiquilla, y su chiquilla también. Era una mujer que reía, suspiraba, lloraba. Y la chiquilla la seguía mirando, pero no entendía nada. Ya no quería ser como ella, pero tampoco sabía qué quería ser. Después dejó de ser esa mujer, y fue otra. Y su chiquilla todavía la miraba, asombrada, de su vida tan sencilla pero nada simple, de la danza entre los pisos limpios, los platos sucios, las agujas y los hilos. Eran amigas, se tomaban las manos y se amaban. Es mi madre y siempre seré su niña.

Tus alas que hicieron las mías

Madre,
dice el calendario,
cual si hubiera un día
para amar tus alas
que hicieron las mías.


Madre

Madre que abriga
sin que le pidas brazos
ella los brinda.

Madre que cuida
cría y sostiene mi alma
de mis caídas.

Madre que escucha
todos mis versos rotos,
igual los rima.

Con los años

                
Ana R.


¿Qué no es una madre?

Mujer.
Hombre. 
Esposa. 
Soltera. 
Viuda. 
Ama de casa. 
Cocinera. 
Maestra. 
Repartidora justa.
Repartidora injusta. 
Profesionista. 
Perfeccionista. 
Bella. 
Fodonga. 
Sacrificio.
Abandono.
Amorosa. 
Sonriente. 
Regañona. 
Protectora. 
Sobreprotectora. 
Dibujante. 
Matemática. 
Ingeniera. 
Costurera. 
Arquitecta.
Enfermera.
Estilista.
Cómplice.
Modista. 
Licenciada. 
Juez. 
Compañera.
Enemiga.
Víctima. 
Secretaria. 
Asistente. 
Valiente.
Maga.
Ilusionista.
Chef.
Paciente.
Puntual. 
Impuntual. 
Chofer. 
Psicóloga. 
Tintorería. 
Reloj. 
Agenda. 
Apoyo. 
Administradora. 
Cuentista. 
Historiadora. 
Doctora. 
Privilegio. 
Regalo. 
Tormento. 
Ancla.  
Motivación. 
Inspiración.
Necesaria. 
Sustento.
Santa Claus.
Los Reyes Magos.
El Ratón de los Dientes.
Y por si fuera poco, hasta grosería.


Ana R.


martes, 1 de mayo de 2012

Ganadores del 6o Concurso #ConFábula





¡Brincaron mucho y muy bien conejitos! Por eso tenemos dobles empates. El resultado es este:

En primer lugar:





En segundo lugar:





En tercer lugar:





¡Felicidades a los ganadores! Aquí pueden ver algunos de sus geniales tuits, ¡gracias por su participación!

Como los malvones de mi infancia

Si cierro los ojos y vuelvo a la infancia, están los malvones en el patio de mi abuela, y el jazmín y el limonero, llenado de perfumes y colores mi alma niña. Por eso cada vez que lo planto en mi balcón, no es solamente un malvón, sino un retazo de aquellos días, que se quedaron conmigo y no se irán, aunque ya no tenga 8 abriles en mi calendario, sino 40 contados ya.

Palíndromos como bollos

Improvisar palíndromos para que estén como recién salidos del horno de mi imaginación.

Se toma como homo: camotes.

Oí desvarío, oír a V se dio.

Ameno poema. A meó, pone ma.

O mensaje dejas, Nemo.

De niño

"De niño miraba mucho hacia arriba, de adulto lo sigo haciendo."

Traum Huetzi

De niño


De niño quería ser niño y nunca hacerme mayor. 
De niño solo existían los charcos, los días soleados y la diversión. 
El olor de las mandarinas en otoño, la pegatina del Bollicao y el bocadillo de chocolate de mi madre. 
La voz de mi abuela y sus rosas invadiendo la fachada de la casa. 
En casa la radio de fondo y las peleas de mis hermanas por el  mando de la televisión. 
El ronroneo de mi primer gato y canto de Nerón, el canario chillón. 
Los gritos de mis amigos llamándome a la ventana para salir a jugar. 
Las rodillas y los codos siempre raspados y la ropa sucia de tierra. 
Los veranos en las montañas intentando construir siempre la misma caseta, la tarde en el río nadando desnudos. 
Montar en bici hasta que te ardían las piernas o la noche ocultara el camino. 
Las vecinas en la calle haciendo punto y cotilleando como búhos. 
Las meriendas en el campo y las tardes de juegos en el patio del colegio. 
La huerta de mi padre, ver crecer los tomates, el sabor de los guisantes recién cogidos de la planta. 
Los columpios, la arena y correr por los campos de trigo. 
Tirarte en la hierba y ver pasar las nubes. 
El tiempo cuando eres niño se mide en risas. 
Las magia de las manos de tu madre que todo lo hacían, todo lo arreglaban, todo lo calmaban. 
Las peleas con mis hermanas, los arañazos, gritos y puñetazos. 
Robar las cintas de música de mis hermanas y escuchar escondido en la habitación aquellos ingleses que no entendía pero me hipnotizaban. 
Las lágrimas y las rabietas.
Nunca pensar en el futuro ni en el pasado, ser niño es el ahora más bonito del mundo. 
Los Caballeros del Zodiaco y La Bola de Cristal. 
Salir corriendo de clase para salir cuanto antes de casa y poder jugar sin parar. 
El parque, la Reana y la montaña. 
Los veranos enteros metido en la piscina. 
Las gominolas. 
Las noches llamando a los timbres y a correr, correr y correr, te pasabas el día gritando, riendo, jugando y corriendo. 
Aquél chico y el miedo por aquellos sentimientos. 

De mayor quiero seguir siendo niño. 
Julio Muñoz






Adivina quién soy



Mariela Villalvazo
@cafecalientito

Caleidoscopio



Rima Hachem
@oh_Rima
http://alegorica.tumblr.com

Hubo una vez

Hubo una vez un niño muy dispuesto y capacitado para el aprendizaje que conoció a un famoso maestro, cuyos conocimientos iban más allá de cuanto este niño había soñado.
Consiguió ser aceptado como aprendiz y pasaron los días, pero aquel niño no aprendía cuanto él quería; así, instó a su maestro a enseñarle más rápido.
-Quien se lee todos los libros de nuestra biblioteca....-comenzó el maestro.
Sin dejarlo acabar la frase se fue a leer; y leyó durante 1 año entero.
-Maestro, quiero más. -El maestro sonrió y le dijo.
-Quien pueda escribir un resumen de todos esos libros podría... -El niño ya se había marchado.
Resumió y dedujo, y volvió a resumir. Cuando su trabajo estuvo acabado volvió triunfante.
-Maestro, gracias a sus enseñanzas diría que se más que usted.
El maestro se rió a carcajadas.
-¿Enseñanzas dices? Piensa, si echas la vista atrás ¿quién te ha enseñado qué?


Francisco Javier Solano Rivas
@GeneralGuderian

Yoya

Yoya es pequeña, menuda y muy morena. Tiene cuatro años y trabaja a pesar de su corta edad. Es hija de una mujer que nunca tuvo más que lo necesario para sobrellevar la vida en una gran ciudad, y tiene cuatro hijos. La mayor tiene quince años. A ésta le sigue un hermano, quien lava coches en un estacionamiento y tiene diez años. Paco y Yoya venden chicles en la esquina de una transitada y peligrosa avenida. Paco sólo tiene siete años, pero él y su hermanita trabajan duro.
Ellos viven en una vecindad, amontonados todos en un cuarto. Se levantan muy temprano en la mañana, cuando su hermana mayor está apenas regresando de trabajar, pero todos fingen que no saben lo que hace. La madre prepara el desayuno, que de seguro serán tortillas con chile y un vaso con agua de la llave. Paco y Yoya se preparan para comenzar su jornada. La señora que vive al lado les consigue la mercancía, pero deben entregarle la mitad de lo que junten entre los dos. A veces Paco esconde algunas monedas en sus bolsillos y se las entrega a su madre. Paco y Yoya caminan hasta la esquina de la avenida, que está a varias cuadras de su casa. En la mañana, el frío congela sus pies sin calcetines, y al mediodía el calor abrazador les quema la piel morena.
A esa hora, comen lo que encuentran. A veces no terminan el desayuno para poder comerlo después. A veces un alma caritativa les regala un pedazo de pan. A veces se comen un paquete de chicles entre los dos, y siguen paseando sus caritas por entre los motores rugientes de los autos que se detienen ante el semáforo de la esquina. En la tarde, sus mercancías ya no se venden, así que las toman y caminan despacio de vuelta a su casa.
Como la casa es un infierno, Yoya y Paco caminan muy despacito, pensando que cuando lleguen con los cinco pesos de chicles que vendieron hoy, su madre se pondrá furiosa. A Paco lo asusta con sus gritos, pero es Yoya la que debe soportar los escobazos en la cabeza. Y es que Paco corre más rápido.
— ¡Tonta!— le grita su madre a Yoya.
Un día Yoya no puede dormir. Le duele el estomago, pero no es el dolor habitual que siente cuando tiene hambre. El dolor es tan insoportable que se retuerce y llora. Su madre le grita que se calle, pero ella no puede. El dolor es demasiado fuerte. Paco se levanta y toma la manita de Yoya entre las suyas.
— ¿Qué te duele Yoyita?— le pregunta Paco llorando.
Yoya llora toda la noche. En la mañana, su llanto ha cesado. Yoya no despierta.
— ¡Condenada chamaca!— refunfuña su madre.
En esos momentos entra la vecina chismosa a enterar a la madre de Yoya que alguien le envenenó al gato y está muerto, y Paco recuerda haber visto a Yoya comer algo que recogió del suelo. Y está muerta.
Nadie más que Paco lamentó la pérdida de su hermanita, pero sabe que dondequiera que ella esté, va a cuidarlo. Se lo dijo el señor cura "Yoya no te abandona. Ahora ella es más feliz".

Ser niña y trepar un árbol

Si miro hacia atrás me veo niña
de ojos limpios, guardapolvo blanco
y manos sucias de trepar un árbol.

Cuando era niña

Cuando era niña soñaba en colores y me sacaban fotos en blanco y negro. Miraba cartoons que hoy serían retro, y me sentía la Mujer Maravilla con la toalla del baño en mi espalda, girando sin parar. Mi preocupación más grande era tener muchos juguetes, y que mi papá me sonriera cuando volvía de trabajar. El máximo saber era mi mamá con sus cuentos de bosques encantados, piratas buenos y brujas malas, y por su culpa hoy tengo esta pasión lectora. Nada era más alto que mi abuelo si me alzaba en brazos, ni más dulce que mi abuela y sus guisos caseros. El deber era ir al colegio y cantar la Oración a la Bandera con orgullo. La amistad era compartir mis caramelos. La seguridad era dormir la siesta contra el pecho de papá. Era feliz y tal vez no lo sabía. Era tan feliz y hoy lo sé.

Detrás de la puerta hay una niña

Detrás de la puerta hay una niña
jugando con las joyas de la abuela
y probándose los trajes del nono,
mientras otros ríen en el patio
y tal vez es navidad.


El mejor juguete


Pudo haber sido jugar a las barbies, a las muñecas de papel, las matatenas, el yoyo, a la comidita en mi cocina de mentiras, a ser la maestra que enseñaba y regañaba a los peluches, brincar en el trampolín, los poly pockets, el atari, el nintendo, salir a andar en patines o andar en bicicleta... pero no, la mejor parte de todos estos juegos y juguetes fue que los jugué contigo. Te amo hershmana.




Ana R.

Escritores de vida


Veo atrás, y leo las primeras letras que mis padres escribieron en mi historia. 
Ellos fueron los que le dieron forma a esta historia que ahora escribo yo todos los días. 
Cuanta responsabilidad es ser autor del libro de una vida que no es tuya.
Cuantos hermosos recuerdos han plasmado en mi memoria. 
¿Cómo se agradece que me hayan dado la mejor infancia que pude haber tenido? 

Ana R.

Un columpio para tocar el cielo


Desde niña he sentido tocar el cielo.
No se necesitan aviones, ni cohetes.
Para mis pies, un columpio es suficiente,
 para tocar el cielo.

Ana R.

martes, 24 de abril de 2012

Ganadores del 5o Concurso #ConFábula

¡Felicidades!

Sabemos que no era fácil, pero @tabsgreen, @erikalma_ y @PoleBailarina le dieron imagen a un tuit.

¡Muchas felicidades a los ganadores! Aquí están los participantes (y el tuit):

Todos



Todos los lugares y ninguno. 
          Todos en un libro. 
          Todos en un punto. 
               Todos en uno. 
                      Todos. 


Todos los caminos sin rumbo. 
      Todos al fin perdidos. 
      Todos llegando juntos. 
             Todos llegando. 
                      Todos. 


Todos los lugares 
  y todos los libros 
     y todos los puntos 
        y todos los caminos 
           en uno y ninguno. 


 Rubén Ochoa

Secreto

Dijiste que no era miedo
y así es como se sentía.
Yo abrí las alas de pronto
y no quisiste volar.

Traté de abrirte la jaula
traté de amarte los sueños
pero nadie es el secreto
que otro no quiere contar.