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martes, 6 de noviembre de 2012

Imagina


Lado masculino:
 
          Estoy en el centro de una batalla invisible, donde tampoco puedo ver mis manos, pero siento el calor del sol que no entra por la ventana, sino que viene desde algun lugar de un universo dentro mío. No estoy solo. No estoy vacío. Son nada más espejismos que no he sabido descifrar porque estoy distraído. Soy ajeno a esta guerra, y a la voluntad del ego. No tengo miedo. Estoy protegido. Esta es una batalla entre la nada y los demonios.

Niño interior:
Estoy en el centro de la fuente de la vida. Hay verdades ocultas pero el agua traquila las limpia. Quiero saltar en círculos, contando y cantando. ¿Dónde están los otros? Esto es un sol visto desde los ojos de los perros. O una fuente, de nuevo.

Agua de vida. Fuente de agua. Fuente debida.

martes, 31 de julio de 2012

Los amantes

"Los amantes", René Magritte, óleo en lienzo, 1928.

No puedes saber
con los ojos cerrados
si yo te amo.

Nunca vería
con los ojos abiertos
si tú me amas.

Adivinamos
creemos, confiamos
que nos amamos.

Miro sin mirar
Mis ojos en los tuyos
Más allá somos

Somos, vos y yo
Naciendo en el lienzo
Ciegos cayendo

Sé que sabemos
Respirar en el otro
Mejor callemos.

martes, 15 de mayo de 2012

Creación de aves



Me descubro desenredando el universo, hilando la luz de las estrellas y trasquilándola de materia oscura para que mis tejidos no se manchen. Tres horas por día son suficientes para tejer con pintura, con luz, dándole música de corazón a cada ave para que vuele con ritmo y nunca caiga a muerte, que viva volando y cantando por las mañanas en universos tejidos en otro tiempo.

Destilando.

Hay que cerrar los ojos, dejar que la ave se invente sola, que se descubra en la luz-hilo y el agua-pintura, que reconozca su lienzo y aproveche sus bordes, que decida sus límites y sus ligerezas, que sea ave que nunca vuelva al suelo si lo quiere o vívora alada.

Las miro sintiéndoles, con el viento que mueven al ocupar otro espacio, cada cual a su ritmo y en su propia pista, no sé que haría de mi mundo si no tuviera estas tres horas.

Traum Huetzi



Entretejo mis sueños con materia del cielo,
me alimento del cosmos y su energía
que permanece viva en todas las cosas.

Y todas las cosas son tocadas por una luz,
que vibra hasta las cuerdas de mi alma,
que no tienen voz, sino secretos.

Fluye la savia a través de mis ojos,
y los manantiales se complementan;
se nutren uno al otro, en la continuidad del rocío.

Existe una Luna de Agua en mi cuarto,
y un intermitente trinar de aves,
que nacen de la ceniza,
y del corazón del Universo.

Claudia Yenisey (Cy)

martes, 21 de febrero de 2012

La persistencia de la memoria

"La persistencia de la memoria", óleo sobre lienzo, Salvador Dalí, 1931.

No pasa y sí. No se desliza pero es sutil. Sin acabarnos, nos consume. Se escurre entre nosotros y nos arrastra. Se lleva a todo y a todos y en cierto modo los deja. Nos deja. Y nos lleva, sin que lleguemos a algún lado. No es destino, pero tampoco es el viaje. Es el viajero, el camino, y el fin del camino. Sin perdonar, condena; sin recordar, olvida. Nos suelta, pero no caemos. Nos aprieta, pero no asfixia. No se va, no llega, no espera. Ocurre, y no. Se instala en la margen del caudal del querer, del desear y del imaginar. Ahoga, pero no empapa. Se puede volver con él, sobre él, para él, pero nunca vuelve a ser. Es el crimen, el juez, el jurado, la sentencia y el agravio. Es el tiempo que se escurre en la memoria. Que persiste sobre ella, que persiste sobre él.


Ya hace tiempo que no puedo evitar ver todo a través de tus ojos. El mundo se me antoja todo lo que está después de tu mirada. Miro el cuadro por esa ventana. Veo el futuro que, quizás, nos espera una mañana.
Cuando ya dominen las canas. Cuando hayamos escrito tantas memorias como para llenar todas las paredes de fotografías bien enfocadas.
Cuando sean incontables las mañanas juntos despertando abrazados en nuestra cama. Cuando tus arrugas se reflejen sonrientes en mi cara.
Este será el sueño que se teja en mi almohada.
Los relojes y la memoria, imágenes profanas, asediados por el paso del tiempo empiezan a perder la batalla. Pero siempre tendremos ese amanecer en esa bahía lejana, para caminar de la mano sobre la arena blanda.