martes, 27 de marzo de 2012

Mientras lloramos.

Pienso creer que he descubierto un fin
creer que deseo algo fuertemente
aunque pienso tanto en ello
sé que para mí aún no termina el día.

Anhelo sonreír al día unos instantes
pensar que mis pasos no pasan de tres
imaginar que no sé multiplicar
que leer aún es prohibido para mí.

Me desespero por dejar de respirar
por decir que la vida es una farsa
encerrarme en medio de la nada
gritar por una verdadera libertad.

Poder mirar a mis ojos como al horizonte
ser irrelevante con las verdades
decirles a todos que la locura es común.

Sonreír mientras todos lloramos
sonreír, sonreír, sonreír.

Mientras

Mientras ustedes esperan a "la incondicional", las condicionales nos la pasamos chido con sus amigos.
Mientras ustedes lloran por "la que se fue", las que nos venimos nos divertimos mucho.
Mientras ustedes buscan a "la que vuela", las que caminamos ya nos fuimos.
Mientras ustedes sueñan con "la buena", las malas ya nos hicimos realidad en otras sábanas.

Conclusión:

No se queden en el mientras, chavos.

Sola

No me gustaba marchar así,

huía, pero cuando quise darme

cuenta estaba ya tan lejos
que regresar no podía.

Me llevé conmigo todo el dolor
del engaño y la desesperación de
la mentira. Callando con crueldad
el temor a la verdad. Verdad que
posiblemente ya conocía.

La verdad, tu verdad, mi verdad.
quien sabe donde empieza y donde
acaba cada una. Ni siquiera puedo
creer que exista alguna
para poderla contar

Ciega de dolor, con la soledad
de compañera, partía otra vez
simulando una huída, cuando
para ser fiel a mi verdad, tan
sólo quería ocultar mi cobardía.

¡Qué cruel es la verdad!
Tanto culto cómo le rendimos
y que lejos estamos todos
de llegarla a alcanzar. Somos la
sincera mentira de nuestra verdad.

Daría.



Señalamiento en camino rural de Nuevo León

... o La Triste Realidad de México, 2008.

Héroes

"Tambien somos los héroes que nos inventamos"

Frases twitter @mariana_aran

Buen día


Las Voces

(…) y les juro que perdí la voz.

¿Cómo explicarles mi martirio?, o lo que es más triste: ¿cómo pretender que puedan vestirse en mis ropas, por un instante al menos, y padecer lo que yo vivo con la habitualidad del diario en las mañanas y el cigarrillo después de las comidas?. Sólo puedo decirles que oigo voces todo el tiempo. Desde que tengo conciencia de entender algunas cosas del mundo, vale decir, desde que abandoné como propios los mandatos y consejos paternos, y comencé a formarme una opinión más personal acerca de las religiones, las modas, los eventos culturales, las cuestiones sociales y demás, yo escucho voces.
Algunas leves, más parecidas a un suspiro, otras como metidas en una caja de resonancia; unas con apremios angustiantes y otras con consejos alentadores; unas a medianoche para desvelarme los sueños, y otras en pleno día, sin pudor a plena calle, sin recato en medio de un almuerzo de trabajo o en la junta de patrocinadores de un Centro Cultural; vozarrones y murmullos metidos en mi mente, que al principio me hicieron pensar en una lenta y gradual pérdida de mi lozanía mental; voces en la almohada, en las paredes, entre besos, entre sollozos.
¿Entienden el significado del latín?, yo lo aprendí con una de las voces, que se pasó susurrando versos apocalípticos de vaya uno a saber qué biblias profanas, durante una semana entera en mis oídos. ¿Comprenden la química extraña de los átomos?, una voz demente con protones y neutrones de doce días. Y así un mundo de revelaciones sin sentido. Un millón de conocimientos que nunca pedí obtener. Pero que tuve y tengo por ellas.
Oigo voces en el pasillo, justo cuando estoy mirando mi programa preferido, o cuando me quedo embutida en alguna lectura constructiva, y luego de oírlas nada es lo mismo: ahí nace la terrible necesidad de acallarlas, prestarles atención, quitarlas del paso con contestaciones inútiles, entablar conversaciones incoherentes con interlocutores incorpóreos que siempre ponen en duda lo que digo, hago y siento, ganas de patearles el trasero y mandarlas a dormir sin reparos, ganas de que me dejen sola y ganas de su compañía, que siempre hacen menos solas mis tardes de domingo.
Claro que mis voces me han acompañado desde la niñez, pero en aquella época no podía, ni sabía, reconocerlas como tales; únicamente tiempo después, entrada ya en la adolescencia, algunos recuerdos infantiles me trajeron a la memoria episodios con las voces: en la plaza Arenales, a punto de subir al tobogán, alguien susurrando por lo bajo “No te tires, tendrás tiempo de caer tarde o temprano”, y en aquella heladería de Devoto, justo antes de acabar con mi postre de fresa favorito, alguien canturreando en mis oídos un “No termines aún, tendrás tiempo de acabarte la dicha de un solo trago cuando esto sea nada más que un recuerdo”. Cosas así todos los días, antes del baño matutino, después de los cartoons y el café con leche, frases hilvanadas por un monstruo ciego, cuyo rostro nunca pude ver: “Aún no es hora de probar cuanto vales”, “Alguien te demostrará que es cierto lo que temes”, “Bravo! Continúa! No te detengas!”, “Que lindo es ver cómo sonreís”.
Y ya mujer, en épocas de cafés filosóficos y carreras de postgrado, chistes malos y clichés en mi oreja todo el tiempo: en medio de un examen final de Psicopatología, una voz de viejo gritando: “Nunca digas nunca, nunca digas siempre, no digas palabras que te comprometen” y en la cátedra del los viernes, entre las explicaciones del Profesor Echeverría, una voz infantil diciéndome: “¿Te sabés el cuento del gallego que se perdió en el desierto?”.
O cuando entablaba mis postulados más vehementes en el bar de Cerrito, esas bromas bajas a la hora de ver un pordiosero, una anciana coja, un chico callejero, dando vueltas en mi cabeza, aniquilando cualquier postura enarbolada, revolcando por el fango mi atención, y entonces las caras de asombro de los otros por mis silencios abruptos, las miradas raras cuando las malditas voces irrumpían, muy a mi pesar, en cada resquicio de mis conversaciones, y al diablo con mi paradigma más coherente, y al diablo con mi pose de buena chica, valiente y luchadora, después de las voces yo no era nada más que un fantasma, muda, soportando un sin fin de vacilaciones. Voces putas, que machacan en mi psiquis pensamientos funestos pensados por mentes agrias. ¡Voces putas! que me hacen olvidar lo que pienso y lo que dejo de pensar, con sus cavilaciones frenéticas. Voces putas.
Ahora mismo, cuando escribo este texto, una de las voces pugnando por entrometerse, por dejar en claro su posición, por molestarme hasta la médula. No importa si es la voz de un pasado reciente, o la voz clarividente de un futuro que no imagino, todas ellas, las voces que me atormentan, son un padecer con el cual convivo desde el amanecer al alba. ¿Cómo no negarme a aceptar este injusto destino, entonces?. ¿Cómo no suplicar un poco de silencio entre tantos aterradores ruidos?. ¿Cómo no invocar un basta mayúsculo, en letras góticas de the end hollywoodense para tanto desatino?. ¿Cómo hacer para no odiarlas, si más me empeño y menos consigo quitarlas del paso, sacarlas del alma?.
Y el miedo, ¿no les hablé del miedo, cierto?, el miedo que antecede a su llegada y el miedo que la precede. Miedo de que aparezcan en el momento menos oportuno, como suele sucederme, y hagan trizas cualquier plan elaborado, cualquier “¿Te dije que te quiero?, “Yo también pienso lo mismo”, para aguijonear con dudas, para decirme mentiras al oído, para inventarme odios que no tengo, y hacerme quedar en ridículo. Miedo de que desaparezcan del todo, miedo de su ausencia permanente y me quede sólo el eco de sus ruidos, ¿podría acostumbrarme de nuevo a vivir sin su suplicio?, ¿serían demasiado quedas las tardes sin sus gritos?. Miedo también de no poder hablarles, y discutirles cosas burdas, o alegrarme con alguna de sus salidas ridículas o sus pedanterías más bajas. Miedo cuando me asustan con ideas de muerte, y relatan con pelos y coágulos mi propio entierro. Miedo de envanecerme con sus halagos, sus ideas de una perfección que no me asiste, o cuando mienten una gloria que jamás podría envolverme. Miedo de ellas y miedo sin ellas. Miedo todo el tiempo como si no pudiera más que someterme a sus tormentos.

Hasta que recién se callaron (…)

Alas

Rompí la jaula
y no supe bien
si volaste o qué,
pero lo cierto es que
yo recobré mis alas.

Otoño

Se dejan estar como hojas muertas,
pero yo las siento vivas en el suelo.
Me miran, las veo, me escuchan, las leo.
Están ahí, como cada otoño nuevo.

Especialista

Soy especialista en sentir sin proporción, y caer sin medida en los precipicios ajenos.

solo por hoy

espero hoy, esconderme en tu noche
arroparme quedito en tu sombra
dormir despacio y sin ruido
como aquella última vez.


y por hoy hacerme bolita en tus brazos,
en silencio mientras me abarcan los tintos,
y las lágrimas mezcladas 
que no pueden salir. 


solo hoy, donde supe
que nada sería como siempre
donde desperté de un sueño
del que nunca me dormí.


solo hoy, como cuando rogaba en silencio
que la noche durmiera y que no amaneciera,
que mis pasos nos se fueran
y que no me dejaras marchar.


solo hoy, donde fui yo quien durmió con nosotros,
mientras observaba como soñabas ausente
el mundo que se quebraba a tu alrededor.


solo hoy, donde mi última noche
fue un vino que no brindaste conmigo,
que bebí rodeada de letras calladas
mientras me observaban en silencio escribir.


solo hoy, como cuando me despedí en silencio
de una vida que apagabas discreto,
antes de darle oportunidad de comenzar respirar.


y como entonces, donde empaqué mi maleta
llevando todo lo que trajo,
y dejando el corazón en tus manos
porque en mi pecho ya no cabía más.


y lo supe, desde que la noche
cedió por fin rendida su paso a la mañana,
así tu vida despediría, 
todos nuestros sueños por la ventana.


guardé silencio,
con todo nuestro mundo implosionando por dentro
callé las esquirlas que me herían mientras caminaba.
callé, me vestí y te besé.


sería la última vez que probaría tus labios y lo sabía
e intenté guardar las memorias de esos días
a pesar que se rompían en mil pedazos.


con eso me quedé y con el nosotros en las manos,
lo empaqué en el espacio vacío
de un corazón que se quedó entre tus brazos.


me despedí sin poder voltear
y me obligue a regresar mis ojos a tu sonrisa una vez más
porque sabía que sería el último recuerdo
que me llevaría del nosotros antes que me dejaras marchar.



Silvia Carbonell L.























































Atardecer en velero



Ana R.

martes, 20 de marzo de 2012

Flores que vienen y se van



Es esa época del año de nuevo, donde mis sombras son de otro color,
Es la centésima vez que esta ciudad se ve vestida en tonos rosados,
es descansar bajo árboles mirando un sol de diferente color,
es la primavera abriéndose paso con esplendor,
es caminar entre miles de nubes de colores, 
es sentir la lluvia rosada bajo los pies, 
es extrañar las hojas que no están,
es añorar que vuelvan 
                        las flores
                                que como 
                                          a las hojas
                                                     el vient o
                                                              s e  l l  e    
                                                                              v      
                                                                                   ó   .              





Ana R.
                                                           

Todo por tu culpa, che, vos, Cortázar

El apocalipsis de las onomatopeyas. Un barrio en donde todo ajá hmm seh uff nah. Un sitio que se desvive por error. Mujeres que cuidan a sus medias agujereadas, mucho más que a quienes las llevan puestas. Esa clase de sensación indefinida, que nos va condenando lentamente a permanecer como meros lectores de carteles de luces, y señalizaciones en los cruces de calles.
Aquellas sombras que alguna vez miré de refilón, y que cuando cierro los ojos, todavía encuentro pegoteadas en mis retinas. La falta de autenticidad de las gaviotas de mar, que no hacen más que parecerse a salmones voladores y viceversa. El agotamiento estresante de los relojes en cualquier aeropuerto o salida de subte, y la tentación de mostrarse como víctimas del flagelo lineal que muestran las pilas recargables de las cámaras compactas digitales japonesas. El abuso de las paciencia ajena, mediante trucos de malabarista en cada semáforo detenido. Los inmortales dolores de muelas que provocan los escondites menos transitados, de una ciudad de que se va quedando sin bocanadas de aire. La sobriedad de los estereotipos de antaño, frente a la magnificencia confabulada y poco creíble de los héroes modernos. El pan de centeno con triple fibra y semillas de toda índole, que de pan ya no tiene más que la forma de rebanada, que si la mirás desde otro ángulo, casi se parece a una línea que no lleva a nada. Las burlonas manos tejedoras, que enredan maquiavélicamente los ascensores a la hora pico del almuerzo. Los pisos de parqué, y los parques sin pasto en donde poner la mantita y retozarse un picnic como Dios manda. Las viandas de colegio que no llevan sándwiches con mayonesa. Los alfajores de veraneantes, que si son de oferta, por conjuro místico de factor desconocido no saben a olas marinas. Los acueductos y lo oleoductos, y el resto de los ductos que se llevan la porción presupuestaria más onerosa, y que nadie conoce, nadie entiende, y nadie sabe para qué. Pero las musas. Pero los colores de las mariposas que vuelan igual en plena lluvia. Pero las fábulas recitadas con esmero, y el sinfín de preguntas sin responder que sin querer me dejó mi abuelo. Pero los frasquitos que tienen mezclas extrañas adentro, o resto de remedios, o vaya a saber uno qué, y que jamás tiramos por miedo, por codicia impúdica de no burlar un maleficio, o por simple vagancia mortal y terrena como el mate y las tortas fritas que no como desde que dejé de ir a Saladillo. Pero el buzón de cartas colorado demodé, y los teléfonos públicos con moneditas que ya no usamos, en un ring de lucha libre contra el e-mail y los teléfonos celulares con sus sms que laten y bullen como trasplante coronario a vivo. Pero la propaganda belicista o anti-belicista que se mascullan los acomodadores de cine, y que darían a conocer en panfletos pseudo anónimos si el coraje les permitiera salir del anonimato de una profesión cuasi innoble, por ignorada, que los condena a señalar pasillos y butacones desvencijados en los pocos cines de barrio que quedan, y que no fueron convertidos en conventillos de religiones casi paganas, en donde pagar te va asegurando el cielo. Pero los artilugios y los subterfugios, y los refugios antibombas de los yankees. Pero las amazonas que no aman su zonas erróneas, y los pisapapeles con corazones que dicen te quiero en otro idioma, no importa cuál, porque igual lo entendés. Pero mi voz cuando no la escucho, durmiéndose la siesta de los sabios, y haciendo caso omiso a mi súplica de volvé que te esperamos. Pero los puntos suspensivos. Pero los peros.

Todo eso junto, mientras leía Rayuela en el colectivo.

Todo por tu culpa, che, vos, Cortázar.

Un refugio...


Hay atardeceres donde sientes que hasta el cielo cae sobre ti,
sin embrago te está dando su tenue luz como refugio.
Te alimenta el alma

Un amor de una mirada

Y cuando te vi sentí conocerte. Y cuando volteaste noté que tu también me conocías. Estábamos conectados, interlazados por ninguna cosa, pero ninguno daría un paso. Se perdería toda la magia que nos emergía y que no sabíamos que nos existía. Que no pensábamos posible fuera de una ficción.
No podíamos dejar de mirarnos, pero tampoco podíamos acercarnos. Nos bastaba, contemplar el casi inexpresivo seño del otro, que ocasionalmente soltaba un delirio de locura, de deseo.
Pasó y pasó el tiempo, todos teníamos cosas que hacer pero ninguno quería irse, queríamos hacer de ese momento algo eterno.
Y lo es.
Nos contemplamos tanto que no podemos olvidarnos. Y aunque no te conozco, y aunque no sé tu nombre y recuerdo muy poco de tu cara, vives en mí, lo harás por siempre.
Siempre seras ese amor de una mirada.


Juan Diego Maya
@duloms
http://duloms.blogspot.com

Tu Piel

Hoy te pienso nuevamente
y siento dentro de mí
la sensación de
tu abrazo tan tierno

Recuerdo como lentamente
Se me eriza la piel
Rozando mis labios en tus besos...

Y cada día me gusta mas
Saber que disfruto de tu suavidad
Segundo a segundo me enamoro mas,
Tu piel es mi encanto especial.

Es cautivante, me motiva
Me lleva a pensar en ti
Y no puedo contenerlo se me nota

Llevo en mi cada espacio
De tu hermosura...
Y amo la pasión por tu figura

Juan Gabriel Cattaneo
El Taxista Sentimental.-®
@taxisentimental
http://eltaxistasentimental.blogspot.com

Bushido

El Bushido, antigua filosofía japonesa que en gran medida sigue moldeando la concepción del mundo del Japón, se trata de la responsabilidad para con uno y con los demás. Hoy quiero comentar al respecto, basándome en el libro de W.S. Wilson Ideals of the Samurai, un compendio de escritos de 12 guerreros samurai, abarcando del siglo XII al XVII.

La visión de los guerreros samurai estaba moldeada por el confusionismo. Más que ser una religión – en el sentido en el cual concebimos las visiones religiosas, el confusionismo se preocupa por la relación de uno con otros seres humanos en una sociedad, la cual está determinada por la educación, el racionalismo y la sinceridad de nuestras acciones. A través del cristal de esta filosofía humanista, el guerrero samurai se preocupa por su desarrollo en el campo de las artes marciales, pero también, aunque con matices, de su relación y entendimiento de las expresiones culturales como la música, la literatura, el teatro, la danza, etc.

De los textos incluidos en este libro podemos sustraer que la visión de los samurai y su concepción de sí mismos tiene que ver con la responsabilidad hacia sí mismos y hacia los otros, ya sea sus compañeros guerreros o la sociedad en general. La primera debe tener las siguientes características:
Disciplina: evidentemente este aspecto es fundamental en la práctica de un arte marcial; empero los guerreros ponen énfasis en la auto disciplina aplicada a todos los aspectos de la vida.
Valores básicos: honestidad, firmeza, gentileza, valor, prudencia y humildad son valores característicos de un guerrero. El punto de esto es la congruencia: uno debe ponerlos en práctica primero en uno mismo, para que luego puedan ser aplicados en las relaciones con otros.
Trascendencia: como filosofía, más que como religión, el confusionismo no se ocupa tanto de la trascendencia espiritual y de las cuestiones extraterrenas. Por tanto, el samurai busca trascender a través de los hechos, mismos que se deben caracterizar por el servicio que da a otros.
Liderazgo: los escritos de los guerreros que encontramos en este libro no podrían ser más claros en esta cuestión. Es fundamental la iniciativa, el valor, y la sabiduría para ser buenos líderes.
Sabiduría: Los escritos de los guerreros samurai ponen especial cuidado en resaltar la necesidad de aprender constantemente y de poner ese saber en la práctica diaria. Hacen hincapié en las cuestiones del aprecio y disfrute de las artes y las ciencias, para que no quede ni un minuto de ocio en los días del buen guerrero.

En cuanto a la relación del samurai con los otros, también es de responsabilidad y tiene estas características:


Predicar con el ejemplo: un guerrero samurai es un ejemplo para su comunidad. Debe ser conciente de que una buena reputación se construye con el tiempo y depende de ser siempre honesto consigo mismo y con otros, de ser discreto y prudente y actuar siempre correctamente.
Etiqueta y buenos modales: el samurai debe dar un trato respetuoso a quienes lo rodean. Los buenos modales deben ser entendidos como parte de una muestra de respeto a todos aquellos con quienes tiene contacto. En tanto líder, el samurai debe actuar con claridad hacia los otros: debe hacer claro qué es lo que para él está bien o mal, y debe manifestar firmeza en cuanto a los premios y castigos que da a sus subordinados. En ese sentido, reconocer el mérito y reprobar la negligencia son fundamentales.
La influencia: para un samurai, es evidente, o debería serlo, que así como él es un ejemplo para otros, los otros son también determinantes en su conducta. Por eso hacen énfasis en cuidar sus relaciones. Algo así como “el que con lobos anda…”

El mensaje del Bushido es que debemos ser congruentes y actuar con compromiso hacia los otros y hacia nosotros mismos, aunque sea un camino de aprendizaje que dure toda la vida. Tener en mente siempre nuestra finitud, para vivir cada día intensamente, haciendo todo lo que es posible hacer ese día. Finalmente, el Bushido invita a la congruencia, y a demostrar con hechos, sabiendo que siempre somos el ejemplo a seguir de otros.

Referencia Bibliográfica:

WILSON, William Scott (trans.) (2005): Ideals of the Samurai. Writings of Japanese Warriors. USA, Black Belt Books.

Te soñe

Hoy te soñé, como no me sucedía hace mucho,
lo sé por el sabor ligeramente amargo que tengo al saber que no estás,
Te soñé tal cual te vi por última vez, sentado en aquel café,
invitándome con una sonrisa a beber,
tan raro como pueda ser te soñé hoy, en el aniversario de nuestro ultimo adiós,
aquel que nos dimos entre risas y lagrimas contenidas.

Soñarte no fue otra cosa sino evocar el último recuerdo que tengo de ti,
ver si queda algún detalle por aprender, algún enigma por descifrar
y sobre todo hoy te soñé porque hoy como entonces, en aquel café,
ese adiós aun me sabe a que no es real.

Camille
@Proud_Hika

Tus manos

Cuando al pasar a mi lado
esquivo, evitas mi mirada.
no te das cuenta que no son
tus ojos lo que miro, sino tus manos
Mi cuerpo anhelante las reclama,
ansioso por volver a sentir
las ardientes caricias
que ellas le proporcionaban

Daría Sobrino Fariñas
@Madrecelta

Historias descabelladas 1

Todas las noches una luz despertaba al pequeño de 5 años, él muy valiente la seguía sin lograr alcanzarla. Una vez casi entrada la madrugada la atrapó en su bolsa de cazar mariposas y le preguntó:

¿ Quién eres ?

La asustada claridad le respondió:

Mis compañeras se marcharon dejándome sola y temerorosa, éramos velas que sacrificamos nuestros cuerpos a cambio de luz para ustedes, cumplida esta misión terrenal nos marchamos al infinito para unirnos a las estrellas.

El niño asombrado le pregunta: ¿ Y por qué te quedaste?

- Porque una noche te vi asustado por el apagón y decidí acompañarte - Respondió la luz.

El niño conmovido la tomó entre sus manos abrió la ventana y le dijo:

Quiero que me concedas un deseo, pero hazlo desde allá arriba, ve y únete a tus compañeras.

A través del blanquecino infinito de la vía láctea el pequeño contemplaba a la luminosidad alejándose de él, pero acercándose a su destino.


Taber Segura
@Tuiterodactilo

Explicándole la luz a un ciego.

La luz es como el agua,
a veces pesada y grave,
otras fluida y ligera,
a veces se parece más al agua;
La luz pasa y se expande,
lo ocupa todo lo que la contiene,
la luz es más parecida a lo que sientes que a lo que ves.

Sé que no tiene sentido
que la luz se toque o se escuche,
pero no sé qué decirte
si seguro tú vez más.

La luz también es fuego
tibio, vibrante
del mismo color que el aplauso.

A veces para ver hay que cerrar los ojos.

Aprender a ver sintiendo.
La luz como reveladora
de los relieves más pequeños
atrapando
cazando

La luz es una tela fina que lo cubre todo.

Desayuno


El día despierta tan porteño,
con ruido de calles agitadas,
con tacos surcando las veredas,
y yo desayuno mis silencios,
adentro de un café que te espera.

Duermo y Despierto

Duermo.
Alguien se imagina el motivo,
otro me inventa un sueño propio,
aquél me zurce pesadillas,
ninguno me adivina todo.

Despierto.
Alguien dice que me amanece,
otro me besa un silencio,
aquél me dice que llueve,
ninguno me regala el sol.

el arte de jajear con atino (según algunos cuantos)

jajaseé con estilo, nunca rompa en confusión
si atinado es su ritmo, ella captará la canción.
cuando le lea un "jajaja" será su risa bienvenida
sin mas pretensión que la risa de agradar.
su jajaseo con "e" (jejeje) será signo de ostentación,
signo de llevadeo y perversión.
un jajaseo con "i" (jijiji) será muestra de timidez,
incluso de mucha bobada, no salga con una chorrada
no conviene que le lean con tan tibia diversión.

el jijiseo de bruja (jijiji) de ellas, 
uno lo asocia con mustias pirujas,
de típicas moscas muertas 
que inocente tocan tu puerta.

su jajaseo con "o" (jojojo) sinónimo de bonachón.
de risa fingida de santa panzón.
el hahaseo con "h" (hahaha) puberto vestido en pañales.
la sonrisa con corcheas o paréntesis (sonrisa)
es elegancia suprema, es porte con simpleza
es voltear a sus palabras y atraparla en su mirada.
la sonrisa entre comillas  "sonrisa"
es tan falsa como rolex en lagunilla.
sin embargo con sonrisa de asterisco *sonrisa*
abre usted confianza a si mismo.
denota dulzura con corazón abierto,
sonrisa franca de aliento.
jajaseo con acento, (já!) lleva sarcasmo seguro
el sello de su servidora,
que usa en cada conjuro.
espero que este listado,
le sirva cómo ella le mira
y la próxima vez que sonría
busque dar la impresión precisa.




































Silvia Carbonell L.

orgasmo de un ave

canta en poesía ligera
el ave que abre sus alas y espera,
un vuelo, un canto, 
de otra ave que un nido ande buscando.

envuelto en su danza de viento y de cuerpos,
de alas y abrazos, de besos y roces mojados.
de piernas abiertas y ganas erectas,
de cielos buscando, de plumas tocando,
sintiendo, volando, mojando con ríos
caminos de pieles, con besos de agua
tocando un orgasmo.

llegando hasta el cielo, guardando su abrazo
haciéndola nido, bajando a la tierra
y reposando en un árbol.





Silvia Carbonell L.

verso fénix naciendo en ave (haiku)

pobre verso mío
quiso volar muy alto
cayó despacio.

lloró palabras,
lloró mil un estrofas,
cayó en silencio.

calló y durmió
no quiso despertarse,
solo guardarse.

faltaron alas,
muchas palabras juntas,
rimas, estrofas.

espacio amplio
mil un hojas dispuestas,
una pluma.

vistió de ave,
subió de prisa, ¡voló!
tocando cielo.




Silvia Carbonell L.

Mimetismo


Ana R.

martes, 13 de marzo de 2012

En la piel



Quizás solo sea una una noche desnuda entre sus brazos,
un laberinto cargado de dudas.
O bien un sentimiento palpitando mordiendo la carne,  
un río incontenible mojándole la lengua.


Las miradas se guardan dentro de un sueño turbio,
una caricia está sembrándose tan adentro
que germina explotando nuevos mundos.


Las dedos dibujan las colinas de este territorio, tan suyo, 
haciéndonos canción dentro de un espasmo.


El infierno lo llevamos en la piel, líquido; 
tanto que se alimenta de
naufragios, de agua naciendo de su boca. 
Y de ganas.


El deseo es una  erección que sonríe bailando entre los dientes,
la distancia miente y se refugia en cada esquina,
y un pedazo de vida está aquí; dentro de la hoja.


Soy tormenta porque él me hace. 


Los ojos son caminos de puertas abiertas, un poema es la sangre
que se agolpa en el pecho, y cada suspiro dice su nombre.


Quizás sólo sea una boca inquieta jugando entre sus piernas.


Y suceda.


Alma E. Palma

Ella se masturba

Deja que el agua corra por su piel. Siente cada gota delineándole las curvas. Acompaña el camino del agua con sus manos. Cierra los ojos, y dejan de ser sus manos. Son las manos de él, que la sabe de memoria. Acaricia sus pechos; acaricia sus muslos. Recuerda a su amante haciéndolo también. Tan bien. Sus dedos encuentran el camino, que es puerta y que es destino. Se siente bien. Le sube el calor a las mejillas mientras piensa que sus dedos le recuerdan a él. A su lengua entre sus piernas, al aroma de su piel. El agua sigue corriendo por su cuerpo y su corazón también. Sus dedos encuentran el ritmo, el momento y el lugar en su cuerpo que sólo ella sabe y sólo él sabe encontrar. Piensa en él, en tocarlo, en sentirlo, en tenerlo tan dentro que no pueda escapar. Y llega. Y se va.

Nadia L. Orozco

Un relato motivado por Él se masturba, de Julio Muñoz.

Fotos, marzo, año, viento.

Fotos, marzo, año, viento

Mujer; floresta de mañanas,
árbol de futuro,
cuerpo mío sin tiempo.

Piel de luna enamorada,
y ríos de miradas
partiéndose en mis ojos.

Fotos, marzo, año, viento,
solo hablando de momentos,
recordando donde estoy.

Viaje, ida, no regreso.
Creceré en cuestión de tiempo,
con el máximo color

Mujer, ayer, poder.
mujer, poder crecer.

Para Alma en su cumpleaños.

Esa noche


Recuerdo esa noche que dormiste en mis brazos.
Murmullos y sábanas frías.
Por la mañana no era yo: era tuya.
Por la tarde no era tuya, ni eras tú: éramos nuestros.
Por la noche ya no había fronteras, éramos dos corazones latiendo bajo una misma piel.

Esta arena



Es esta arena el mar que yace,

seco bajo mis pies salinos,

que impregnan sus huellas, en estampida

hacia ti, hacia nosotros.


Es esta arena el desierto,

húmedo sobre mi piel, y su escozor,

tibio de añoranza.


Es esta arena el viento,

ardoroso que va nublando la visión,

con recuerdos del tacto pasado.


Es esta arena el polvo que somos,

es la ceniza que seremos, de nuevo.

Crucemos

—¿Te gusta que el viento despeine las canas que aún no tienes o prefieres la comodidad de un peinado silente?

—Prefiero un viento que me eleve, alto y fuerte, como si fuera una cometa con muchos colores y ganas de verte.

—La pregunta venía de lado, como un cangrejo habituado al acercamiento silencioso. Pero cambiemos de tema, ¿te parece vernos si llueve?

—Sí, llueve. De este lado de mi cielo ya empezaron las nubes a agruparse, a tronar y deshacerse. ¿Todavía sales sin paraguas?

—Ya no salgo con el paraguas, ahora el paraguas sale conmigo. Dice que, si no me lleva de la mano, corro peligro. Ya ves, me atormenta.

—Sí, ya sé. También sé que la misa es a la una. ¿Has notado cómo la luz es más brillante en tiempos de oscuridad?

—Qué pregunta más oscura, a pesar del brillo y de la luna. Dijiste misa y pensé en escaparme, pero te espero en mi esquina, o en la tuya.

—Las esquinas me ponen nerviosa. Si no están empezando, terminan. Pero uno nunca sabe.

—Siempre pensé que las esquinas estaban quietas, y que eran los caminos los que se cruzaban recriminándoles la treta, tirándoles las orejas.

—Los caminos no se cruzan: más bien hay que cruzarlos. Porque a veces no hay caminos. Como ese en que nos encontramos.

—Si cruzo primero, me devoran los lobos que llevo adentro. Si cruzas primero, no tendremos el mismo enero. ¿Cruzamos juntos?

—Crucemos. Pero deja el paraguas y toma mi mano. Te prometo que no me caigo.

¿Recuerdas cuando fuimos ciegos?

¿Recuerdas cuando fuimos ciegos?

Nadando a oscuras en el vientre materno.

Sintiendo el latido, el calor y el tacto

que, através del telón de la piel más amada,

llegaba hasta nuestros cuerpos.


Recuerdo cuando fuimos ciegos,

y había olas de sonido en las pude navegar.

La música, esa energía que me envolvía,

en el camino hacia el sueño.



Recuerdo la sombra y mi instinto de luz,

y ahora sé, de cierto,

que el nacimiento hacia el mundo

es la real ceguera.

Arrepentimiento

Le dije que no lo quería. Que ya no era su niña, que debía dejarme ir.
Que había entendido lo poco hombre que era y lo mal padre en que se había convertido con los años.
Lo hice llorar, me hizo llorar, nos hicimos llorar.
Me abrazo, se disculpo, pero no me anime a perdonarlo.
Me amaba pero ya yo no lo amaba como antes, se había convertido en la persona que siempre quise lejos de mi.
Se convirtió en un hombre amargo, con el paso de los años dejo de ser nada y solo era en un simple profesional vacío, siempre pensó mas en su trabajo que en cualquier otra cosa.
Nunca lo perdone. Nunca jamás se volvió disculpar.
Me odie por decirle las verdades en la cara pero lo ame por sentirse así conmigo.
Me marche esa noche, no lo volví a ver, a veces llamaba cuando sabia que la casa estaba sola y le hablaba de mi, le dejaba mi mejores deseos, ya no lo amaba.
A veces pienso que jamas lo quise, que el jamas me quiso.
Me amaba en las noches entre llanto, me extrañaba, yo solo lo recordaba, de vez en cuando.
Lo ame al final, recordandolo pero jamas tuve el coraje de decirselo, no después de aquella mañana.
Trabajó, se jubiló y cuando murió, dejo de extrañarme.
Ahora dejo mensajes cortos entre lagrimas a una maquina sin receptor y no logro perdonarme por no haberlo disculpado.


A. Cristina.
@_primeriza

La vida sexual

"Las tres etapas en la vida sexual de la mujer:
1. Con miedo;
2. Con ganas;
3. Con la mano.

Las tres etapas en la vida sexual del hombre:
1.Pagando;
2. Sin pagar;
3. Ni aunque pague."

Escuchado o leído por ahí...

Nadia L. Orozco

Preludio de Amalgamas

Quiero regalarte
Una suave y dulce canción
Que conquiste tu mente
Día y noche, noche y día
Pero por sobre todas las cosas
Alcance tu corazón

Quiero regalarte
Un preludio de amalgamas
Para encontrar el punto
Entre tu piel y mi alma
Y que esa dulce melodía
Encienda en tu cuerpo la llama

Quiero que el fuego
De tu pasión se encienda
Dejando de ser el mismo fuego
Y se transforme en sangre
Que corra por tus venas
Y tu interior de amor invada

Quiero regalarte
Una suave y dulce canción
Que conquiste tu mente
Día y noche, noche y día
Pero por sobre todas las cosas
Alcance tu corazón

El Taxista Sentimental.-
Juan Gabriel Cattaneo
@taxisentimental
http://eltaxistasentimental.blogspot.com

Dos pájaros, un concierto y miles de sonrisas



    Santa me trajo de regalo un libro y, entre sus hojas, las entradas para el primer concierto de “Dos pájaros contraatacan”. Sabina y Serrat volvían a Argentina. Comenzaban la gira en Salta, aquí cerquita, a sólo 150 km. de distancia. Le dije a mi vieja “vamos, es el 5 de marzo y me gustaría que me acompañaras”.

    Y llegó el día. Subimos al coche y nos pusimos en marcha. Como no podía ser de otra manera con la música de fondo adecuada. Llegamos al estadio Delmi con tiempo de sobra. Nos ubicamos en nuestros lugares y, mientras charlábamos, vimos como poco a poco el lugar se llenaba. La mayoría eran personas de entre 25 y 35 años, aunque no faltaban las cabezas llenas de canas y las muchachitas con sus novios de barba rala. Estábamos en pleno verano y el calor era sofocante. Aquí y allá todos se abanicaban con las entradas. La espera fue corta, pero la ansiedad larga.

    Y por fin se apagaron las luces y empezó a iluminarse el escenario. Y aparecieron primero los pájaros y luego los señores con sus sonrisas de chavales. Se nota que les gusta esto, cantar juntos no es un trabajo, es un juego. Apenas comenzó a cantar Serrat se hicieron evidentes los problemas de sonido que los acompañarían todo el concierto. Pero esto nos los amilanó ni mucho menos. Hicieron gala de los años que acumulan sobre los escenarios, entre risas y juegos cantaron y cantaron, a pesar de los problemas de sonido y del calor. Ellos cantaron y nosotros deliramos, en silencio durante los nuevos temas y cantando más fuerte que ellos en los clásicos. Tres horas duró la función a la que no le faltó nada. Pasada la una de la mañana se despidieron y sé que se quedaron con ganas. Con ganas de más, igual que todos los que volvimos a casa, coreando en silencio o a los cuatro vientos la alegría que esos dos señores prometían y que finalmente entregaron.

                                                                            Rubén Ochoa

La historia de un hombre cualquiera


Aquí voy a escribir la historia de un hombre cualquiera, uno que camina por la calle sin saber muy bien el lugar al que debe llegar, un hombre que mira el suelo porque no quiere ver los rostros que hacen que la vida sea real, un hombre que hace mucho tiempo deambula en su interior buscando la salida, pero esto son conjeturas mías. 

Comenzaré escribiendo, mejor dicho, describiendo lo que se ve, lo que podemos ver de él, bueno no, porque vosotros ahora miráis mis palabras que en definitiva no son él, es lo que yo veo de él. 

Un hombre de unos cuarenta años, quizá tenga menos pero sus canas le otorgan un aire más envejecido, aunque si no fuese por esa mirada sería un aire más atractivo. Lo dicho, en sus ojos guarda años vacíos, silencios eternos y lágrimas que cansadas de derramarse solas se aferran a un orgullo que ya no es tal, es pura resignación. Una boca que hace mucho que no se convierte en sonrisa, al menos natural, es una mueca perpetua que grita para que algo pase, bueno o malo. La piel es traslúcida, no como el cristal, sino como los fantasmas, porque en eso se ha convertido, en un fantasma que ya no camina, se deja llevar. Su ropa me da igual, como a él, por eso no me detengo. 

Aquí me paro para reflexionar un segundo, no es un buen personaje para estar escribiendo un relato sobre él, no sé, sigamos espiándolo. 

Camina por la calle solo, se roza con los demás e incluso se lleva algún que otro empujón, ya saben como somos de egoístas que ni siquiera vemos a los fantasmas. No tiene prisa, al menos sus pasos son lentos, lleva las manos guardadas en los bolsillos, desde aquí puedo ver que guardan algo, pero claro, no sé concretar, no puedo ver tras la tela vaquera, pero parece algo a lo que tiene cariño pues toda la energía de su cuerpo, la poca que trasmite, se centra en ese movimiento: juega con algo dentro del bolsillo, lo saca enjaulado en su mano y sin mirarlo, lo vuelve a guardar, y así durante todo el trayecto. 

No mira el reloj, incluso dudo que tenga reloj, creo que quiere ir a ninguna parte, el mismo sitio del que proviene y para llegar allí no se necesita ninguna prisa. 

Insustancial, anodino, vulgar, uno más, ese es nuestro protagonista y lo es por eso mismo, porque nadie se fijó en él, hasta hoy, vamos a seguirlo. 

Me pego a su espalda, estoy seguro que aunque me pegara de verdad nunca creería que lo siguen, que alguien se ha tomado la molestia de interesarse por su vida. Poco a poco comienzo a caminar paralelo a él, los mismo pasos, el mismo ritmo y resulta que es agradable, no hay preocupación, siento las suelas de mis pies como se doblan en cada huella, siento que camino y una sonrisa viene a mi boca, algo tan absurdo, tan pequeño y primario, algo tan lógico y sin embargo lo hemos olvidado, caminar. Caminar sin prisa, sintiendo el balanceo de cada pierna, sintiendo como todo el cuerpo se va moviendo, sin pensar en nada más, solo caminando. 

Seguimos caminando y empiezo a notar que yo también soy ignorado por la gente, tal vez ha sido siempre así y mi ego me hizo pensar que la gente me mira, pero hoy no soy nadie, hoy soy un fantasma más y hace que me libere de más peso, camino ligero y miro al suelo, hay un momento que me olvido de él, me olvido de todo y floto, un empujón me hace levantar la cabeza y darme cuenta que él ha marchado en otra dirección, corro para alcanzarlo y me coloco más cerca aun, casi le rozo, desde esta posición puedo ver sus ojos, desde aquí intuyo vida dentro de ellos, algo palpita ahí, vuelvo a sonreír. 

Se mete en una librería y revolotea entre los libros sobre el mostrador, por fin puedo oír su voz, habla pausadamente y con familiaridad con el dependiente, se nota que se conocen de hace años, incluso intuyo gestos de complicidad. El dependiente se esfuma a la trastienda y él me mira fijamente a los ojos y sonríe, no es una mueca, es una sonrisa luminosa, de verdad, lo que veo es un niño pequeño que espera su juguete de los reyes magos. Ha sido una mirada fugaz que ha hecho que todos mis prejuicios se vengan abajo, ahora soy yo el que camina sobre escombros. 

En cuanto sale de la tienda vuelve su triste gesto, eso me desconcierta y me nacen miles de hipótesis, miles de preguntas que olvido rápidamente pues estoy absorbido por su misterio. Misterio, ya ven como han cambiado las cosas, os lo presenté como uno más, anodino, etc… y ahora es puro misterio, lo que son cien pasos y varios minutos de escuchar de verdad, aunque sean sus silencios, sus gestos. 

Volvemos a la calle en la que empezamos y con la misma tranquilidad se sienta en un banco, yo hago lo mismo y me vuelve a mirar, y se vuelve a reír, es la hora de inmiscuirme en él. 

-Perdona, le he estado observando… 

-Lo sé, lo he notado desde el principio. 

-¿En serio? Parecía que iba pensando en sus cosas y que no se enteraba de mucho. 

-Lo sé, eso también es verdad. 

-¿Podría hacerle una pregunta? 

-Por supuesto, aunque creo que ya sé lo que me quiere preguntar. 

-¿Por qué está usted tan triste? 

-No es mi tristeza lo que has visto, es el reflejo del mundo en mí, yo creo, siento al mundo triste, gris, anodino, doloroso y se refleja en mi forma de andar, de mirar, de vivir, me vuelvo gris como todos, somos el paisaje, lo que pasa es que tú te has fijado solo en mí, y lo has visto todo concentrado en mi cuerpo. 

-Esa es una forma extraña de ver el mundo, yo no creo que sea tan triste como tú dices. 

-Eso es porque tú te has construido tu mundo, y dentro de él está todo lo que tú quieres que esté y dejas fuera la realidad, lo hacemos todos, yo mismo lo hago, no creo en el mundo que pisamos, solo creo en el mundo que he creado. 

-Pero eso es una forma de resignarte a vivir donde no quieres. 

-Pero qué remedio, estamos aquí obligados, claro que es resignarme, pero de aquí para fuera (hace un gesto palpándose el cuerpo), ese es el mundo al que estamos obligados a vivir, aquí dentro es lo que quiero vivir. 

-Una última pregunta, ¿Qué llevas en el bolsillo? 

-Nada. 



Sin dejarme ni siquiera a abrir la boca se levanta y emprende de nuevo el camino, instintivamente comienzo a ir tras él, con el mismo paso, la misma mirada y comprendo, él es libre porque se ha construido su propia libertad, no hay nadie que le haya dicho cual tenía que ser, él lo ha elegido y no es anodino, insustancial, pero sí que es uno más que busca el mejor camino para atravesar el mundo. Tiene miedo, llora, ríe, se desespera y construye fantasías que sabe que no son reales pero le ayudan a vivir el día a día. Él es único, como todos. 



Sigo tras sus pasos mientras pienso todo esto, casi sin enterarme voy tras sus huellas hasta que él se para y girándose hacia atrás me recuerda algo: 

-Este no es tu camino. 


Le veo marchar y cuanto más lejos está más cerca de mí me siento, él es yo o tú, el es todos, un hombre cualquiera.

 Julio Muñoz 

Tu sonrisa



 Julio Muñoz 

Adiós invierno.

 Julio Muñoz 

Y aún no te desvisto.



Siento tu piel cerca, siento tu respiración encima. 
Me oprimes, me excitas. 
Y aún no te desvisto. 

Siento tu lengua húmeda, siento tus manos tersas. 
Me azotas, me acolaras. 
Y aún no te desvisto. 

Siento tu cuerpo erecto, siento tu miembro dentro. 
Me erizas, me caminas. 
Y aún no te desvisto. 

Siento nuestra voz gimiendo, siento el fin del mundo y tiemblo. 
Me salivas, me electrificas. 
Y aún no te desvisto. 

 Julio Muñoz 

Eres susurro lento

Miradas tristes 
aparecen sobre ti. 
Mi mano rota. 

Amores. Viento. 
Aquí nos lleva el tiempo 
en cada instante. 

A veces letras. 
La promesa del beso 
de los amantes. 

Te soy, te quiero. 
Somos nuestro refugio. 
Noche infinita. 

Madrugada fiel, 
eres susurro lento 
que recorremos.

 Julio Muñoz 

Mujer

No es sólo tu sensualidad,
tu dulce femineidad,
la insinuante cadencia,
de tu caderas al caminar.

Es algo más, mucho más…
es tu boca ardiente al besar…
tus manos acariciantes…
tus ojos velados por la pasión.

Es esa ardiente espera de
tu cuerpo arqueado, ansiando
reclamando, más y más,
llenándose de mi pasión.

Después, es cuando siento
algo que no sé explicar.
pero que me hace amarte,
desearte, cada día más.

Enloquecida mi mente quiere
robar de la tuya pensamientos
que no compartes conmigo
que son tan sólo tuyos.

Comprendo que es tu cuerpo,
lo único que me vas a dar, que,
lo que tú eres en realidad,
jamás conmigo lo compartirás.

Pero mi debilidad , mi gran amor
por ti puede más y terco
permanezco a tu lado, dándote
todo cuánto tu cuerpo demanda.

Sé que de ti jamás
otra cosa recibiré, pero me dejo
utilizar, mientras tú sigues
viviendo, sola, con tu libertad.


Daría Sobrino Fariñas
@madrecelta

Hoy desperté

Hoy desperté y sentí el vacio en mi cama al tu no estar,
Desperté solo con tu ausencia como compañía,
Desperté para darme cuenta cuánto frio siento al tu no estar,
Simplemente desperté para desear dormir otra vez,
Y soñar durante al menos unos pocos minutos que aun estas y que conmigo despertaras.

Camille
@Proud_Hika

Cuentos sin terminar

Daniel era de esos tipos que son buenos tipos. Hijo de padre fugitivo y madre mártir, vivía sus días con la humildad como emblema. Le había tocado una de esas vidas en subida, bien propias de los luchadores empedernidos.

Recuerdo que lo conocí en el jardín de infantes y luego volvimos a cruzar caminos en séptimo grado. Alumno aplicado si los había, un siete en un examen más de una vez le produjo lágrimas que solo percibían los más observadores; él siempre buscaba más. Callado, introvertido, misterioso, solía cruzarlo siempre por la calle porque eramos vecinos. En la postal del barrio jamás faltaba su madre yendo o viniendo en su bicicleta cargando con desamores y frustraciones, pero siempre firme, dispuesta a llevar el pan a la casa, para mantener a Daniel y a su pequeña hermana.

Nunca voy a olvidar aquella tarde de verano en la que pasamos por su casa para invitarlo a ir a la pileta, era la primera vez que lo hacíamos y su sorpresa fue instantánea al vernos en su puerta. Rápidamente aceptó, pero luego se lo notó dubitativo, intentando ocultar lo que después trataría de explicar a pesar de su vergüenza: no tenía plata para pagar la entrada al club. Le dijimos que no se hiciera problema, que nosotros le prestaríamos, y enseguida sacó su vieja Gracielita para partir con nosotros, pedaleando al compás de las monedas en el bolsillo. En vez de mochila tenía una bolsa de nylon, en vez de toallón tenía una toalla chiquita, pero sus ganas de pasarla bien eran tan enormes como las nuestras, y lo demás no importaba.

No conocía mucho de él, más que sus silencios, su soledad y su dedicación. Supe también, que durante esos días Daniel había empezado a escribir un cuento en su computadora, y que estaba muy contento haciendolo. Pero no mucho más.

Aquel extraño febrero lo encontró, como siempre, ayudando a su madre. Mientras ella no estaba, el hacía una torta para festejar su cumpleaños a la noche, en familia. Recuerdo a mi mamá comentándome que lo había encontrado esa mañana en el almacén de la esquina comprando quince velas.

Todo estaba listo para la velada con su madre y su hermana. Había cocinado y ordenado su casa. Mientras la niña jugaba en la vereda, él se preocupaba por limpiar el piso: todo tenía que estar intacto para cuando su mamá llegara de trabajar. Secador en mano, mojó un trapo y se puso a fregar.

Un segundo violento, un error, agua y electricidad. Su cuerpo se convirtió en infierno y el corazón no le resistió. Su hermanita entró a la casa, lo vio tendido en el suelo y le avisó rápidamente a su vecino que Daniel "se había quedado dormido en el piso". Solamente él sabe que pasó. Su madre se bajó de la bici, y a partir de allí nunca nada fue igual.

A la mañana siguiente mi mamá me despertó con la triste noticia, y no lo pude creer, la muerte era algo demasiado lejano y extraño teniendo quince años. Recuerdo que entre sus compañeros de curso se organizó una colecta para cubrir los gastos del sepelio. Yo no fui a despedirlo, jamás pude soportar los velorios, y menos, las injusticias.

Suelo pasar por el frente de su casa, caminando lento, pensando en lo cíclico de esta vida, en ser luz entre dos oscuridades, en nacer y morir el mismo día, en vivir entre dos febreros. A veces veo a su madre pedaleando firme contra el viento, contra la vida, como siempre lo hizo y no puedo evitar suspirar. Cada vez que miro su puerta me cuestiono si la bondad no cabe en este mundo, si la muerte es tan caprichosa como parece o si simplemente la desgracia llega porque si. Intento espiar por la ventana, con disimulo, buscando esos cuentos que se habían empezado a escribir, indignado por la tragedia que significa que queden por la mitad, y me pregunto, impotente, como hubieran seguido...

Damian Uliassi
@pichivoluntad0
http://algo-intruso.blogspot.com

Martes 13

En el comienzo eran solamente un puñado de gente construyendo aldeas, puentes, y más tarde edificaciones inimaginables, sin otro motivo más que el de demostrarse que podían. Como toda élite de raza inteligente, siempre quiso más, y por quererlo, más conseguía. Un día construyeron una nave, tan poderosa que podía llegar hasta otros planetas sin complicaciones. Cuando perfeccionaron sus técnicas, las hicieron perfectas.
Y se fueron. Un martes. Los trece.
Quienes se quedaron eran simples agricultores, y pensaron que los que se habían ido eran sus dioses, porque cuando regresaban, también retornaba el buen clima, y las cosechas mejoraban. Entonces erigieron altares para hacer sacrificios a sus dioses, e inventaron plegarias para adorarlos. Cuando algo malo les pasaba, era porque sus dioses estaban furiosos, entonces también encontraron la forma de castigarse.
Aún hoy miramos al cielo esperando encontrarlos. Temiendo que vuelvan. Deseándolo. Nosotros, los que aún temblamos cada martes 13.

Sola

También soy
este fragmento,
esta nota corta,
esta frase hecha,
esta noche sola.

Habría que

Habría que darle luz
a tus cajones de sombras,
donde guardas las palabras
que ya no escribes ni nombras.

Habría que darle horas
a tus relojes sin tiempo,
donde ocultas el pasado
que ya no ocupo ni intento.

Habría que darle lluvia
a tus cosechas tardías,
donde plantas la memoria
de quien no soy todavía.

Habría que darle magia
a tu antifaz de poeta,
porque no tocas mis noches
con ninguna de tus letras.

Vintage Kiss

Título: Vintage Kiss
Año: 2008
Técnica: Arte Digital
Copyright: Mariana Aran

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