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martes, 3 de diciembre de 2013

Tenemos

Tenemos un segundo
y todo el tiempo que perder.
Tenemos relojes atrasados
y el mundo...
a nuestros pies.
Se nos ha roto el pasado.

Tenemos por tener
por vicio
por no querer
por sacarnos de quicio.
porque sí,
porque yo lo digo.

Y nos tenemos
Y nos tememos.

Ester Sinatxe


martes, 19 de noviembre de 2013

Cartas desde mi próximo verano



Querido compañero y amante:

Sigo mi viaje, y voy encontrándome en cada paso; siempre que me cruzo con un espejo, mi imagen va tomando más forma, ya no soy sólo un borrón.

Tu figura, tu olor y tus palabras, siempre tan bien formadas, tan presentes como el aire, se van desvaneciendo; parece que ya sólo cobran vida cuando te escribo estas cartas y me pregunto si no va siendo hora de romper esta promesa.

Eres pasado, eres experiencias vividas y eres parte de lo que hoy me hace ser yo misma. Pero siempre serás pasado, historias que ya me he leído, cuentos para no dormir.

Yo soy presente que dibuja esperanzas y crea mundos nuevos aún por explorar. Soy mi propio destino y tú ya no estás en aquí. YO NO TE QUIERO EN AQUÍ.

Eternamente tan desesperada como despertada,

Tus lazos desatados.



martes, 22 de octubre de 2013

Números rojos


Subí la apuesta a que te bajaba los pantalones y acabé comprándole las pilas a mi premio de consolación. Ganaste la partida haciéndome perder el tiempo, creo que también perdí las bragas...

Buscando las llaves en el fondo del bolso encontré el ticket de tus promesas con la fecha de devolución caducada.

Mira que yo como pago al contado nunca me falta un beso, pero como tú para sumar uno más uno siempre fuiste corto de cambio, nunca logramos cuadrar las cuentas ni los tríángulos amorosos.

Y ahora, todo son números sangrando en mi libreta cuando escribo en este banco del parque, capital de nuestro reino, sin dar crédito alguno a tus palabras.



Real


Es oír "bello" y se nos acumulan en la imaginación paisajes bucólicos y arco iris de colores vivos... y no voy a negarme que es una gran idealización, pero cansa y agota.

He tropezado con poetas que se ahogan entre epítetos y sosas metáforas que no llegan ni a burdas comparaciones, mientras yo me volvía loca de mi sinestesia por una dulce caricia o un buen hipérbaton que me descolocara.

Cuanto ser absurdo que pierde el tiempo ensalzando medidas exactas y virtudes en el justo medio, que se rinde ante esos mitos que tarde o temprano estallarán en los mil pedazos de la decepción.

Ni sencillez, ni complejidad; ni tan siquiera naturalidad... a mí darme la belleza pura, y en esencia, de lo real.

Aceptar un defecto sin maquillarlo, sin disfrazarlo, es el acto más hermoso que he podido disfrutar.

Y es por esto que te quiero, y sí, te quiero real. Te quiero porque me lees y me transcribes como nadie, porque consigues hacer un poema épico de cada una de mis derrotas. Porque has cogido el grotesco reflejo de mi espejo y lo has convertido en una fantástica fotografía de Witkin... y porque sabes lo que todo esto significa para mí.



martes, 10 de septiembre de 2013

Descafeinado



En este descafeinado ahogué yo
las ganas de fumar,
Me guardé en el sujetador
el timbre de tu voz,
las ganas de volverte a llamar.


Seguí mirando al camarero,
seguí mintiendo entre los versos de mi cuaderno.


Y la tarde se me antojó lejana,
sin estudios ni trabajo
vacía de camas.
En la pared, mi cara
hecha un cuadro.



Ester Sinatxe


Noctívago

Pude observar cómo entró por la puerta del Club, arrogante. Caminaba alzado por la soberbia y la impertinencia se enredaba en sus pestañas; tan vanidosa presencia desencajaba con su poca elegancia al vestir: vaqueros caídos y camiseta descolorida; cabellos revueltos que seguramente no se habría molestado en peinar al salir de la ducha.

Ojos enormes, tan claros, tan grises, tan transparentes… tan irreales.

Intentaba seguir el hilo de las conversaciones de quienes me rodeaban, bailar al ritmo de la música, disfrutar de mi cigarro, mi copa… respirar. Pero estaba absorta. Le vi encaminarse lentamente a la barra, sonreír a los que encontraba a su paso; tenía unos labios perfectos, carnosos, sabrosos, tan colorados que resaltaban en su blanco rostro.

Estaba segura de que sabía que le miraba, que sentía mis pensamientos desabrochando su cinturón. Sujetaba su Scotch Ale y se la llevaba a la boca tal y como yo quería que él me tomara a mí. Noté cómo sus ojos se colaban por debajo de mi falda, haciéndome estremecer las entrañas.

Como en una nimia y estúpida comedia romántica desapareció el resto del mundo, la música resonó lejana y sólo quedamos él y yo en aquel taciturno y apagado lugar. Sin explicación coherente, sin motivos tangibles, me dirigía a su encuentro. Me esperaba acodado en la barra, con una sonrisa torcida, casi malévola, como si ya pudiese recordar todo lo que acabaríamos haciendo esa madrugada.

Sobraba cualquier palabra, pues ya había penetrado cada poro de mi piel. Fui yo quien le besó, quien agarró su nuca con fuerza para que no pudiese desenredar mi lengua de la suya. Fui yo quien se terminó su cerveza roja para salir del Club lo antes posible. Fue él quien conducía el descapotable, riendo, aumentando la velocidad rápidamente; la velocidad y mis pulsaciones.

No le quitaba ojo, asustada, excitada. Tenía tanto de arcaico en sus modales, de caballero del siglo XIX, algo que se apreciaba en cualquiera de sus ligeros gestos. Tenía la piel tan fría como pálida. Agarraba el volante con la mano izquierda, mientras que con la otra acariciaba mi pelo, mi nuca, mi cuello, mi nuca, mi cuello… mi cuello.

Hipnotizada, inconsciente, tan irreverente. Yo no hablaba y él sólo arrojaba carcajadas, estruendosas risas que parecían saltar al son de mis pensamientos. Sudaba empapada; se me licuaban hasta los huesos. Estaba desesperada por llegar a… ¿A dónde nos dirigíamos por aquella oscura carretera? ¿Qué confusos propósitos dirigían mi juicio? ¿Por qué me sentía relajada en tan extraña compañía? Mi voluntad estaba siendo manipulada, controlada y me gustaba.

Disminuyó la velocidad de golpe, tuve que apoyarme en el salpicadero pues la inercia dominó mi cuerpo entero; condujo el automóvil por el más tortuoso camino, sin luz, entre árboles con caras sobrecogedoras y ramas amenazantes. Detuvo el coche justo donde nadie podría oírme gritar, donde ni siquiera la luna podría iluminar mi cuerpo desnudo.

Mi deseo se abalanzó sobre aquella insolente bestia que adivinaba con antelación cada uno de mis movimientos. Me apresó con sus garras, me elevó, me besó el cuello… ¿Me elevó? ¿Volaba de verdad o era mi libido la que subía? Me elevó, me mordió el cuello, mi cuello… Sentí mi torso tan húmedo como mis muslos, sentí como volaba. Sentí como dejaba de sentir.

Ester Sinatxe


martes, 27 de agosto de 2013

Palabréame esta.


Palabréame esta
  • Azotada por mi léxico.
  • Esposada a tu semántica.
  • Enredada en mi significado.
  • Perdida en la métrica de tus versos.
  • Volteada por mi rima.
  • Ensimismada con tus diptongos, alterada por tus hiatos.
  • Tildada de salida en mis puntos y aparte.
  • Hambrienta de tu domino de la lengua. (Te miro, te admiro. Sedienta y hambrienta. Viva la lengua española, viva la lengua hambrienta.)
  • Salivan tus letras por alcanzar el sabor de mis silencios.
  • Me escondo tras tus vocales que arden por mis consonantes; tú y yo, asonantes.
  • Sudan mis sílabas al amarrase a tus encabalgamientos.
  • Yo descanso a las sombra de Tu T y tú te columpias en los arcos de Mi m.
  • Soy letra condenada a no tocar tu lengua.
  • Somos palabras que se llevó el aire, un viento de otoño que nos despeinó las tildes.
  • Muérdeme hasta que no haya más silencio.
  • Cállame los versos, grítame los besos.
  • Habla con mis silencios, no quieren decir tu nombre.
  • Mi nombre se deletrea con tus suspiros, se escribe con tu sangre.
  • Mi nombre es tu lengua buscando el lugar en mi cuerpo.
  • Somos lenguaje corporal escrito sobre sábanas blancas. Nuestro sudor, nuestra tinta.
  • Que nunca sea tu lengua muerta.
  • Que nos pasemos la noche punto y seguido, punto y seguido, punto y...
  • Hasta que el punto se ruborice de ver nuestro final.
  • Ese punto se escribirá con tinta roja.
  • Escríbeme con saliva, la tinta qué.
  • Sea nuestra piel lienzo, sean nuestros dedos pincel. Seamos la ilustración de este cuento sin final.
  • Escuece lo no dicho. Se hunden las palabras que son herida. Se agrieta el silencio. Tú. Yo. Solo un hueco sin significado.
  • Y se abren las heridas y sangra nuestra musa, que arrinconada maldice nuestras plumas que ya no se dejarán escribir.
  • Déjate escribir, no tengas miedo.
  • Tengo miedo a perder las letras, que me dejes muda de versos. Que me robes las estrofas en las que me refugio.
  • Mis letras y tu desnudez. Tu lengua y mi significado.
  • Nos conjugamos en presente perfecto, y futuro incierto. Tu verbo, tu sexo, es imperativo.
  • Mi piel sigue erizada por la historia que escribiste en ella.
  • Mis dedos se enredan en tu pelo, y trenzan los versos que me cuentas en silencio.
  • Haz que tu cuerpo se convierta en todos los significados que no llegamos a entender. Que gima, que grite, se retuerce de placer. En cada letra un nuevo cielo que tocas.
  • Y llenaremos el vacío de nuestros folios en blanco con las promesas de nuevas letras entrelazadas, de nuevos cuerpos unidos formando nuevas palabras. Inventemos un nuevo lenguaje con nuestras lenguas anudadas.
  • Y hacernos palabra, hacernos silencio que gime en nuestra nuca para recordarnos que no somos, no existimos. Somos uno, somos orgasmo. Grita mi nombre hasta que se quiebren tus labios. Ganas que nos devoran en el desierto. Tu piel arena. Tu mirada la cueva. Desemboco.
  • Nos callamos por no molestar a los libros que nos leen desde la estantería, dibujando en sus hojas la pasión de nuestros ojos. Te toco otra vez, me tocas de nuevo, para leer el braille de nuestros poros.
  • Te toco. Desemboco. Como lo hiciste con nuestra historia, regaste las páginas muertas de nuestro árbol con insidiosas mentiras que se burlaron de todos los suspiros derramados. Tras la ventana te ríes viendo llegar el fin. Ninguno de los dos se atreve a pasar de página, y nos ahogamos porque lloramos por lo que tenemos y no sabemos contener. Somos fin sin haber comenzado. Y ríes entre lágrimas mientras el sol destroza mi piel.
Julio Muñoz y Ester Sinatxe

Revuelta



Sufro una crisis de infertilidad, y ya no sé como llamarle a este letargo-mascota. Salir, para poder volver a entrar y me he vuelto a dejar las llaves en una cerradura ajena.

Esta salida está empapda y se resbalan las manos directas a escribirte "rómpeme el corazón desde las piernas" en tu muro, desde el otro lado de la webcam.

Para variar subo a mi espiral, esa que gira desde tu epicentro hacia mis terremotos; me saben a poco todas tus ganas y me encierro entre las palabras que nunca te susurraré. Desde las yemas de mis dedos se escapa otro suspiro que acaba roto y húmedo, tendido sobre unas sábanas que nunca se deshacen.

Espero que este otoño venga cargado de espíritus que nos dejen sus cadenas en algún altar y podamos venerar estas deshoras que nos cuidan el insomnio.

Ester Sinatxe

martes, 13 de agosto de 2013

De cadencia y otras faltas de ritmo.


Dejó que el tiempo pasara como quien deja correr el agua una mañana de resaca.
Dejó que la resaca no le dejase despertar.
Se dejó el móvil en otro bar cuyo nombre no quería recordar.
Se dejó llevar de nuevo a la cama junto a "Sunombre Nopuedorecordar".

Érase una vez una habitación y movimientos de cadencia marcada.
Sin más orgasmo que el fingido, tan descafeinado como el beso anónimo.

Y comprendió que de poética, esta prosa, solo tiene el ritmo de los frenazos en los atascos. 


Ester Sinatxe

Caminos marchitos



Mirar al suelo y morderme las ganas de retenerte; desafiar a la realidad mintiéndome sobre crisis pasajeras y descuidos del olvido.

Pisar fuerte sobre mis gafas y convertirte en un borrón. Dejar que el orgullo gane esta partida, altivo.

No hay freno en esta carrera hacia el mañana y hemos adelantado hace tiempo al futuro que dibujé para nosotros. Otro borrón.

Bifurcaciones, encrucijadas y otros destinos de la soledad. Recojo y te vas.

martes, 30 de julio de 2013

Esperar...



Abrí el baúl de los recuerdos, mi propia caja de Pandora; se escaparon todos los otoños que guardaba celosamente junto a un corazón remendado; roto y decadente.

El viento de los suspiros escondidos me despeinó la memoria mezclando sombras y arcoíris. Me senté el la alfombra del parque, me subí en los columpios de mi infancia; rotos y decadentes.

La foto de aquella pequeña con esperanzas de convertirse en una mujer, sigue esperando de algún modo, que caiga una oportunidad del cielo. Se siente descolorida: rota y decadente.

Un niña que miraba al futuro tal y como yo miro al camino recorrido, preguntándome si me encontraré algún día. Ahora soy una sombra más en este parque. Un juguete roto y decadente.


Ester Sinatxe.

martes, 16 de julio de 2013

En solo una noche



La primera vez que la miró a los ojos supo que se casaría con ella; no era la mujer más guapa que había besado ni la más inteligente a la que había escuchado, pero puede que fuera una de las más divertidas.

Pasó toda la noche pendiente de sus convrsaciones, de los gestos de sus manos. Se le dibujaba una sonrisa cada vez que oía el excéntrico timbre de su risa.

Ella, tan vanidosa, sabía que era observada y jugaba con su pelo. A veces le dedicaba algún vistazo de reojo, tan descarado como efímero y subía la voz en todos sus comentarios picantes para asegurarse de que era oída.

Se volvió loco por la reina de la fiesta en menos de dos horas. Memorizaba cada detalle. Sabía que se llamaba Adriana, que tenía 24 años y que había terminado historia; se moría por viajar y conocer mundo; le gustaba el negro para vestir en fiestas y el morado, naranja, verde y demás para su día a día. No era ni la mitad de experta que él en literatura pero conocía de memoria los diálogos de Regreso al Futuro, tenía una sensualidad de lo más cómica… Esta chica era diferente.

Por fin consiguió entablar conversación directa, estaban los dos solos, contándose anecdotas de adolescencia, bebiendo vino. Él se imaginó el resto de su vida a su lado de esa manera. Ella se preguntaba si sus manos sabrían agarrar su cintura como deseaba, como necesitaba.

Sí, había química, él era todo menos aburrido y se sentía cómoda; Pablo hablaba de su viaje en moto por Italia, de la vida, obra y milagros de Woody Allen y de como los ojos de Adriana le habían hechizado.

Cuando despertaron ella también se había enamorado de sus palabras, de su arrogancia, de su experiencia… No estaba acostumbrada a la madurez, a la estabilidad que un hombre así le podía brindar. Él preparó el desayuno y la acercó a su casa donde dió mil vueltas sobre si misma, se sentía invencible, irresistible.

Un par de semanas después descubrió su único defecto: estaba bebiendo vino en otra fiesta, hablaba de viajes en moto, de Woody y de como los ojos de Zoe lo habían hechizado.

Ester Sinatxe.

No nos quedará un ahora



Habrá días en los que me recuerdes tal y como estoy, otros sobre tu hombro y otros ni sepas mi nombre; habrá un tiempo para callar y otro para correr en mi búsqueda. Habrá, seguro, un tiempo en el que llueva sobre mis huellas.

Serás tú quien escriba en un diario sobre mi ausencia y las tardes que pasé dormida en tu regazo, serás tú quien descuelgue mis fotos de la pared. Serás tú quien reniegue de haberme conocido.

Seremos un anhelo en las noches de borrachera, noches en las que brindarás en silencio por lo que te hice sentir y nunca te atreviste a escribirme. Seremos una oportunidad que dejaste ir con la corriente del río en el que nos bañamos. Seremos lo que nunca quisiste que fuéramos.

Seré tu memoria malgastada y tu insomnio. Seré quien te despierte con el frío de mis besos perdidos. Seré fantasma que te ata cadenas y sábanas.

Habremos terminado lo que nunca quisiste empezar.

Ester Sinatxe.

martes, 2 de julio de 2013

Un día más


Se despertó a mediodía y saltó por encima de la ropa sucia que había dispersa por el suelo. Los cacharros sin limpiar se amontonaban en la cocina; encendió un cigarrillo junto a la cafetera.

Los dos gatos que solían visitar su ventana, reclamaban su atención, tan escuálidos comos sus propios brazos. Buscó en el armario de las conservas, pero no había ido a la compra en una semana… no tenía nada que compartir.

Tras ahogar sus pensamientos vacíos en aquella taza de café, decidió que era el miércoles perfecto para tirar por la borda toda la esperanza ¿O era quizás el jueves perfecto? Tampoco importaba.

Ester Sinatxe

martes, 21 de mayo de 2013

Sin un ayer que olvidar


Antes de olvidar el nombre de ella lo escribió profundo en la corteza de un árbol, por cada letra, una lágrima que reflejaba su rostro.

El viento hacía crujir las ramas, al compás de su maltratado corazón, deshojándolas sobre su abatido ser.

Algún día dejará de ser, olvidará todo lo que le hizo estremecer, algún día será silencio, el vaivén de la hoja que no llega a caer.

No albergará nombres es sus ojos y dejará de acariciar imposibles; será incógnitas en un futuro sin presente.

Un presente sin ayer, un lugar sin posición, una lágrima sin sentido, un dolor sin razón, una vida olvidada en la corteza de un árbol.

Y llegarán los otoños, disfrazados de tormentas y vendavales, a despojarlo de hojas y ropas. Llegarán en un adiós eterno, sin vida.

Julio Muñoz y Ester Sinatxe.

Ni lo sé, ni me importa


¿Qué hacer con una papelera repleta de cuentos rotos?
¿Y con los pedazos de ese mito caído?
¿Qué hacemos con lo que nunca hemos tenido?
¿Quién fue primero la prisa o la falta de educación?

- Ni cortés, ni valiente: cosmpolita.

¿Dónde dejaré caer estas palabras?
¿Las escribiré a lápiz o a golpe de teclado?
¿Dejaré pasar otro otoño por estas páginas en blanco?
¿Cambiaré estos inútiles hábitos?

- Ni monje, ni yonkie: rutina.

A la espera de más dudosas conclusiones y preguntas que nunca me interesaron, se despide hasta el año que viene,

Ester Sinaxte.

martes, 7 de mayo de 2013

Mañanas, tardes y mediodías


Otra mañana en la que después de rutinear cafés, saludos 2.0 y búsquedas infructuosas de trabajo, me enfrento a mi cuaderno: bolígrafo, hojas cuadriculadas y palabras en espiral.

Me siento en blanco, tan pálida como el reflejo del sol de invierno en mi piel, tan pálida cómo sólo yo sé sentirme. Tan invierno como este otoño en el que el viento no me trae ni su recuerdo ni las promesas que nunca cumplió. Tan otoño como tú, que dejas que mis letras caigan sobre tu piel como las hojas secas; tan otoño como yo que procuro negarme tu imagen para poder arrancarte de estas hojas, de estos ojos.

Otra mañana que se encamina hacia la tarde dejando que el viento la despeine sin preocuparse por ello, estas mañanas descafeinadas que me saben a antiguos despechos; mañanas nostálgicas de otoño, de mantas; de cafés en la terraza observando cómo el suelo del parque se va tiñendo con el ocre de las hojas secas de este cuaderno marchito… a veces amigo, a veces desafiante.

Mañanas que en un suspiro se convierten en mediodías, donde soles otoñales se reflejan en mis ojos para caer rendidos sobre la espiral de palabras que se dibuja en estas hojas.

Mañanas, mediodías y tardes, todos fríos; todos mantas y chocolates calientes que me sonrojan porque me recuerdan al sabor de sus besos en mi espalda, jugando con mi duende… y otra vez mis hadas me hacen cosquillas porque pienso en ti.

Mañanas que al desvanecerse, se vuelven pasado cercano; y tardes que traerán algún descafeinado más con sabor a muy posibles desengaños, a mariposas que no volarán hasta bien entrada la primavera.

Mañanas y tardes; mediodías que dejarán preguntas y mensajes sin responder porque sus letras caen como hojas secas en el olvido. Mañanas que te niegan y tardes que me afirman. Mediodías que cuestionan estas hojas… y estos ojos que se preguntan si estas palabras secas tendrán algún sentido.

Ester Marfer



martes, 26 de febrero de 2013

¿Me recuerdas?

Imagen encontrada en este Tumblr. Si sabes quien es el autor contacta con nosotros. Gracias. 


Me recuerdas a alguien, tu imagen ya ha se ha colado más veces por esta memoria. Nos hemos persguido anteriormente, ¿verdad?

Sí, eres tú, tan príncipe como sapo.

Ester Marfer.



martes, 12 de febrero de 2013

Viento sin memorias.



Aún sigo sentada, esperando que me traigan mi pasado; esas horas que imaginé nunca echar a perder. Sigo dibujando con los pies descalzos, en la arena del parque, una canción que me abrace.


Hay cielos, mares e interminables kilómetros sustentando este banco, que me sustenta a mí, que sustento un presente sin respuestas. Hay una vida que rueda junto a las piedras desorientadas, al golpe de mis patadas.


Y mis manos vacías, sin destinos en sus líneas, buscan un futuro infinito en la madera del banco. Cae la eternidad de mi otoño junto a la noche y retumba en el eco de todos mis pensamientos.




No soy lo que quise ser, ni seré lo que pretendo; no soy ese seremos que anhelo. Tan vacía de pasado que mi presente suspira por un futuro.




Este tiempo efímero, este viento de otoño deshoja mis diarios en blanco, y yo, y yo... yo ya no espero. Yo, me enredo en el viento.

Ester Marfer.


martes, 4 de diciembre de 2012

Sed de ser.


Sed de saciarme,
Sed de ser
Sé de nosotros.
Hay manos que te recorren y lenguas que nos hablan al oído de la piel. Hay. Somos.
Vaciar de besos estas manos y revolver, entre las piernas, la respiración.
Sed de todo.
Sé de nada.
Derrámate, Derr..ámame.
Al son, al sincronizar los latidos. Y embestirnos y desvestirnos. Y seguir siendo bucle una y otra vez.
Sed de ti.
Sé de ti. Sé mío.

Ester Marfer.