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martes, 27 de agosto de 2013

Palabréame esta.


Palabréame esta
  • Azotada por mi léxico.
  • Esposada a tu semántica.
  • Enredada en mi significado.
  • Perdida en la métrica de tus versos.
  • Volteada por mi rima.
  • Ensimismada con tus diptongos, alterada por tus hiatos.
  • Tildada de salida en mis puntos y aparte.
  • Hambrienta de tu domino de la lengua. (Te miro, te admiro. Sedienta y hambrienta. Viva la lengua española, viva la lengua hambrienta.)
  • Salivan tus letras por alcanzar el sabor de mis silencios.
  • Me escondo tras tus vocales que arden por mis consonantes; tú y yo, asonantes.
  • Sudan mis sílabas al amarrase a tus encabalgamientos.
  • Yo descanso a las sombra de Tu T y tú te columpias en los arcos de Mi m.
  • Soy letra condenada a no tocar tu lengua.
  • Somos palabras que se llevó el aire, un viento de otoño que nos despeinó las tildes.
  • Muérdeme hasta que no haya más silencio.
  • Cállame los versos, grítame los besos.
  • Habla con mis silencios, no quieren decir tu nombre.
  • Mi nombre se deletrea con tus suspiros, se escribe con tu sangre.
  • Mi nombre es tu lengua buscando el lugar en mi cuerpo.
  • Somos lenguaje corporal escrito sobre sábanas blancas. Nuestro sudor, nuestra tinta.
  • Que nunca sea tu lengua muerta.
  • Que nos pasemos la noche punto y seguido, punto y seguido, punto y...
  • Hasta que el punto se ruborice de ver nuestro final.
  • Ese punto se escribirá con tinta roja.
  • Escríbeme con saliva, la tinta qué.
  • Sea nuestra piel lienzo, sean nuestros dedos pincel. Seamos la ilustración de este cuento sin final.
  • Escuece lo no dicho. Se hunden las palabras que son herida. Se agrieta el silencio. Tú. Yo. Solo un hueco sin significado.
  • Y se abren las heridas y sangra nuestra musa, que arrinconada maldice nuestras plumas que ya no se dejarán escribir.
  • Déjate escribir, no tengas miedo.
  • Tengo miedo a perder las letras, que me dejes muda de versos. Que me robes las estrofas en las que me refugio.
  • Mis letras y tu desnudez. Tu lengua y mi significado.
  • Nos conjugamos en presente perfecto, y futuro incierto. Tu verbo, tu sexo, es imperativo.
  • Mi piel sigue erizada por la historia que escribiste en ella.
  • Mis dedos se enredan en tu pelo, y trenzan los versos que me cuentas en silencio.
  • Haz que tu cuerpo se convierta en todos los significados que no llegamos a entender. Que gima, que grite, se retuerce de placer. En cada letra un nuevo cielo que tocas.
  • Y llenaremos el vacío de nuestros folios en blanco con las promesas de nuevas letras entrelazadas, de nuevos cuerpos unidos formando nuevas palabras. Inventemos un nuevo lenguaje con nuestras lenguas anudadas.
  • Y hacernos palabra, hacernos silencio que gime en nuestra nuca para recordarnos que no somos, no existimos. Somos uno, somos orgasmo. Grita mi nombre hasta que se quiebren tus labios. Ganas que nos devoran en el desierto. Tu piel arena. Tu mirada la cueva. Desemboco.
  • Nos callamos por no molestar a los libros que nos leen desde la estantería, dibujando en sus hojas la pasión de nuestros ojos. Te toco otra vez, me tocas de nuevo, para leer el braille de nuestros poros.
  • Te toco. Desemboco. Como lo hiciste con nuestra historia, regaste las páginas muertas de nuestro árbol con insidiosas mentiras que se burlaron de todos los suspiros derramados. Tras la ventana te ríes viendo llegar el fin. Ninguno de los dos se atreve a pasar de página, y nos ahogamos porque lloramos por lo que tenemos y no sabemos contener. Somos fin sin haber comenzado. Y ríes entre lágrimas mientras el sol destroza mi piel.
Julio Muñoz y Ester Sinatxe

martes, 21 de mayo de 2013

Sin un ayer que olvidar


Antes de olvidar el nombre de ella lo escribió profundo en la corteza de un árbol, por cada letra, una lágrima que reflejaba su rostro.

El viento hacía crujir las ramas, al compás de su maltratado corazón, deshojándolas sobre su abatido ser.

Algún día dejará de ser, olvidará todo lo que le hizo estremecer, algún día será silencio, el vaivén de la hoja que no llega a caer.

No albergará nombres es sus ojos y dejará de acariciar imposibles; será incógnitas en un futuro sin presente.

Un presente sin ayer, un lugar sin posición, una lágrima sin sentido, un dolor sin razón, una vida olvidada en la corteza de un árbol.

Y llegarán los otoños, disfrazados de tormentas y vendavales, a despojarlo de hojas y ropas. Llegarán en un adiós eterno, sin vida.

Julio Muñoz y Ester Sinatxe.

martes, 24 de abril de 2012

Adiós

— ¿Y así se acaba todo? ¿Dónde irá a parar todo el tiempo que nos hemos robado, todo los besos que aún no nos hemos dado?

— Nada se acaba, ni empieza. Todo se destruye... los besos y el tiempo. Solo nos queda robarle vida a la muerte. ¿Por qué pides explicaciones?

— Ayer fuimos el mejor de los futuros y hoy nos hemos convertido en un ayer condenado a olvidar. ¿Y la piel, cómo obligar a mi piel a necesitarte?

— Deja de dar vueltas, que ni contestas ni oyes tus preguntas. Aún así te diré que piel siempre tienes más de la que necesitas. ¿Ya lo has olvidado?

— La que olvida eres tú, desde siempre fuiste experta, saltas de cama en cama dejando lágrimas enredadas en la sábanas.

— De enredadas nada, de olvidadas todas las camas. Y con las lágrimas friego los platos y los errores.

— Tan fría como siempre, no debería sorprenderme. Te gusta regodearte en el dolor ajeno, así te conocí y así te recuerdo. Te dejas querer hasta convertirnos en rutina para luego huir.

— Querer es poder, poder hacer lo que quiera, y no, no me voy a quedar a ver como transformas todas las preguntas en acusaciones. Llámalo huir, yo lo llamo libertad.


— Preguntas es lo único que me dejas, preguntas y un vacío que llenaré con tu recuerdo, tu mirada y tu desprecio.

— Si te dejo un vacío, es porque ya estabas hueco antes de que yo llegara. No soy yo quien descosió tu roto.


— Tú eres la que de mí solo ha dejado trozos, antes yo era, ahora soy por ti, de ti, de todos tus silencios.

— No confundas ayer y presente. Siempre fuiste lo que hoy reflejas: un deseo para mañana. Nada más que eso.

— Entonces solo nos queda decirnos adiós como quien no sabe que en esta despedida dejo casi toda mi vida.

— A mí se me cayó el adiós en tu primera pregunta, solo tenías que recogerlo... No era tan difícil, ¿Verdad?

Ester Marfer & Julio Muñoz









Te regalamos



Te regalo el verde de los campos, el rocío resbalando sobre las hojas y el lento susurrar del viento. 

Te regalo un océano que desemboque en tus brazos, que le de color a tu cielo.
Te regalo las palabras que hagan temblar tu cuerpo.
Te regalo un sueño que te arrope y te arrulle.
Te pintaré el mundo solo con sonrisas mientras miramos la gente pasar. 
Te regalo la clave que reinicia el sol cada amanecer.

Te regalo una vida dentro de una caja de música.
Te regalo cada letra de este verso.
Te regalo cada beso de estas ganas.
Ten, quédate con lo que quieras. Quédate con lo que te queremos.

De Ester Marfer & Julio Muñoz para Julianix Figueroa


martes, 27 de marzo de 2012

Contra el cristal


Contra el cristal



Contra el cristal su respiración dibujaba la línea del deseo. Sus pechos aplastados eran dos nubes a punto estallar en una tormenta.

Cada empujón la aplastaba más, cada golpe le recordaba el placer del dolor. Dolor... sentía que estaba viva. Gritaba, y sin casi poder moverse, abrazaba la libertad.

Él se sentía poderoso dentro de ella y alargaba el placer abriéndose paso entre su fuego mientras las gotas caían sin descanso por su espalda. 

Ni nombres, ni pasados y mucho menos futuros. Eran tan solo un ahora mojado de sudor, saliva y semen. Tan del uno para el otro, que sobraba el amor.

Dos cuerpos que se funden, uno con el otro, otro con uno y la electricidad al sentir sus dientes en el cuello y el fuego en el vientre.

Ella explota y se empapa y le empapa, y se recuesta rendida sobre el cristal, pero él sigue moviéndose y en segundos vuelve a despertar su voracidad.

Y gime desenfrenada, cada embestida la penetra más dentro, al centro, y ella se eleva, escapa, vuela.

Él deja que todo su instinto animal se apodere de esos últimos segundos, y gruñe y aúlla y clava sus garras y deja de controlar su fuerza

Poderoso siente que su erección sujeta el universo, con un gruñido gutural se derrama dentro. Los ojos cerrados, el cuerpo abierto.

Y ella vuelve a sentir como se encharca su cuerpo y se derrite. Se separan y el mundo real empieza a levantarse de nuevo a su alrededor.


Ester Marfer & Julio Muñoz

martes, 17 de enero de 2012

Enamorados

Salen del cine con el rubor de la oscuridad aún en sus mejillas. Solo se han tocado ligeramente el brazo, ni se han mirado. Hoy algo ha estallado.

Pasan las horas volando de una mirada a un gesto, de una caricia disimulada a una torpe respuesta. Se acerca el beso y lo buscan.

¿Cuántas tardes escuchándose entre canciones, mirándose entre deseos, siempre caminando juntos? Un beso que abre las puertas del te quiero. 

Son dos, son presente. Con sus vidas y sus sueños haciéndose uno; mirando al futuro desafiantes. Pendientes de un hilo que se va haciendo lazo.

Enredados. Soñados. Enamorados.

Discuten y se reconcilian y vuelven a discutir. Y hablan de sus familias, de anillos... de bebés. Y vuelven a discutir y hay otra reconciliación.

Y sigue la tarde enredando su vida, y siguen sus lenguas contando historias que no han vivido pero ya sienten. Son ayer, son ahora. 

Caen rendidos en abrazos cada madrugada y despiertan con cafés en la cama. Cada día una aventura nueva, cada día igual que el anterior.

Y siguen mirándose, escondiéndose del mundo real entre sus miradas. Se tocan, se besan, se quieren y hacen que la vida gima. 

Se aman hasta que duele, hasta que sangran y tienen que parar a curarse las heridas. 

Heridas que se lamen bajo el calor de su soledad; su hogar son sus manos, sus ojos, su caminar. Y caminan sin soltarse. 

Y se alejan del presente dejándonos a todos atrás, admirando sus huellas deshacerse en el horizonte. Sin rumbo pero siempre juntos.


¿Sería diferente amor si los protagonistas se llamaran Sandra y María o Roberto y David?


Julio Muñoz & Ester Marfer





martes, 3 de enero de 2012

Cita con el recuerdo.


Mira por la ventana sin saber que el que está lejos es él. Hoy es el día de su cumpleaños y solo puede acordarse de lo que no tiene.

Repasa fracasos y dibuja en las nubes las apuestas perdidas; como si pudiera soplarlas y apagarlas en el horizonte. Ni velas ya le quedan.

Entre las páginas del libro que sujeta se ahoga olvidada aquella carta. Heridas de tinta borradas por lágrimas secas de otros tiempos.

Otro año más y el mismo vacío. El espacio abierto que inunda el paisaje más allá de la ventana le ahoga. El reloj no perdona, suenan las 3.

Se dirigió a la ducha, todos los años era igual, un ritual. Con su nombre en las lágrimas dejó que el agua limpiara las caricias no dadas.

Al salir a la calle dejó los recuerdos colgados del segundero al otro lado de la puerta. Colcándose la máscara de las celebraciones, sonrió.

Es el viento el que guía sus pasos; el cementerio está lejos, igual que sus besos. Y camina sin llorar. Y camina sin hablar.

No queda nada de él, ni del futuro que construyó. Cada huella es una interrogación; autómata sigue el rumbo que tantas veces le marcaron.

Aquí se detiene como los últimos años, frente a la tumba de alguien a quién no conoció, frente a la vida que nadie vivió.

Respira.

Llegan las lágrimas y el recuerdo de un bebé que ahora yace muerto entre los brazos de su desconsolada madre.

Es tan viva la imagen que puede tocar su fría piel. Tan fría como su eterna ausencia.


Julio Muñoz y Ester Marfer