martes, 21 de mayo de 2013

No estás




Despierto, pienso en ti, checo el celular y como hace tres días no hay noticias de ti.
Pasan las horas y en cada uno de sus segundos estás tu sin estarlo. Me siento fuerte, me siento débil y se que tanto amor duele y duele mucho, pero también se que no estás, que no quieres estar y que nunca has estado, me llena un vacío, me duele aun más.

No estás cuando quiero que estés, cuando quiero que me abraces, cuando me abruma el pensar que no me amas, que todo lo dicho no son más que palabras y no estás para demostrarme lo contrario.

María Fernanda Acevedo Olguín
@Fer_AcOl

Me moví en los cinco hemisferios de mi cama



Me moví en los cinco hemisferios de mi cama, en ninguno pude descansar porque hay tertulias que aún te veneran y brisas que saben tu nombre, silbidos desmelenando árboles y susurros en idiomas mundanos. Es así como se siente no sentir nada. Recuerdosque de viejas peripecias alimentan su brío. Depronto resurges y yo todavía olvidándote a pedazos.


Evelyn Robles
@lyntribute

Pretexto para querer.



No recuerdo bien porqué es que miro tanto sus fotos, si razones para quererlo encontré hace mucho y ni su boca, ni sus ojos, ni su barba son suficientes; es todo lo que le conforma, es usted lo que me hace quererle.

Permítame le explico esto: no hay nada más incomprensible que el cariño que le tengo pero sé que tiene que ver con esa esencia de niño que le veo por todos lados, aunque insista en creerse un amargado.

Y bueno, no importa qué tan lejos estemos -de kilómetros o del alma- aún algo de mí le pertenece: parte de mi paz, porque usted es la canción que disfruto y huele a café, ése olor casa y a fruta traída por mamá. ¡Usted es tanto de todo!

No sé bien porqué miro sus fotos, no todo lo suyo está ahí… Su alma se le escapa por los ojos y anida en sus ojeras, pero eso se le nota más cuando me habla. Cuando me habla y las grietas que vi de sus labios ya no se notan, es solo su voz. Perdóneme, pero déjeme seguir. Hablar de usted es un frenesí, es un sabor en su punto, es dispersar mi mente y hacer que converja en querer, es todo, es nada, es flotar en el aire creyendo sumergirme en el agua, correr en campos, saltar barandas, es sonreír. «Usted me raspa el alma aún cuando ya se ha quitado la barba» Y lo que falta decir que solo le siento, más allá de lo que los ojos ven.

No, no sé exactamente qué busco queriéndole, vi que tampoco encuentro motivos en imágenes suyas. Usted es razón sin razones y tengo que conformarme con eso. No entiendo mucho, pero cuando hablo de su nombre ya luego no puedo parar y voy a oscuras, tanteando el terreno en busca de su olor a paz. A veces no lo encuentro y cuando lo hago es confuso, puedo perderme, caerme y volverme a levantar, estando a su lado pero sin estar realmente. Y no, mejor ya no le busco excusas o conceptos a lo que representa aquí dentro, ya mejor voy a quererlo así hasta que me alcance para un par de tazas de café más y que para cuando su sensación no me acompañe, el recuerdo de que le tuve sí esté.

Y no sé, tal vez nunca se borre la marca de su café en mi memoria. Y tal vez nunca deje de mirar sus fotos y no encontrarle explicación sea mi pretexto. Tal vez usted sea solo mi pretexto para querer.

Isabel.
@Cafepicante.

Oda mía



Contigo pero sin ti,
sin ti para conmigo,
de no ser a ser visto,
me he visto sin haber sido.
Ciegos de inquietud,
ganas no me faltan,
ganas cuando pierdo,
todo y ¿cuánto?, no sé contar. 

Exploraré tus sueños,
despiertos si se puede;
realidades que se beben,
para embriagar la locura,
que despide la cordura,
sin decir adiós por ateos. 

Puede que puedas,
sin poder ya puedo,
cuando puedo sin ti,
soy yo quien puede,
y tú quien no intentas.

La oscuridad y el laberinto


La oscuridad y el laberinto

No tuvimos que decirnos mucho, el destino ya nos había escrito antes de sucedernos. Andábamos perdidos y con una extraña ansia de encontrarnos. La hoja huérfana no cuestiona al viento quién es, ni le importa a dónde la lleva, solo se deja arrastrar por él hasta elevarse y perderse en la mirada de lo que deja atrás. Nada le inquieta saberse frágil, entre sus brazos se sabe ave protegida. Tampoco piensa en la inevitable caída, ni en romperse en mil pedazos. En la intuición de su vientre basa la confianza de dejarse llevar por el impulso de volar girando de arriba a abajo en la impetuosidad de su abrazo, a veces caliente, a veces fresco, hasta aterrizar suavemente o estrellarse en algún lado al finalizar el idilio con el viento; quizá con raspones, pero sin una rasgadura de arrepentimiento.
—Me dijo —Qué haríamos, usted en pedazos y yo sin corazón.
Al escucharla, algo se me removió por dentro, sentí una gran piedra que se desprendía en lo alto de mi muralla y se despeñaba en cámara lenta hacia abajo, yo tenía los ojos a prueba de tentaciones, pero la vi con los ojos del alma y caí junto con aquel enorme pedazo de roca. Supe que ella era esa oscuridad en la que podíamos perdernos juntos. Ella era la tentación que estaba esperando el laberinto de mi mente para dejarla entrar sin el trámite del tropiezo.
Oscuridad y laberinto, reunidos por un dios aburrido de la misma historia de Amor, disfrazado de destino, empeñado en tirar los dados cargados de desarmados y desalmadas, sin números rotos ni sueños descosidos.
La oscuridad no puede perderse en el laberinto, lo intuye, lo inunda, le da sentido. La oscuridad se regocija de expandirse libremente por sus pasillos, de apropiarse de las paredes del laberinto y colgarles los cuadros de sus héroes, de pintar las frases de sus autores preferidos, de hallar sus libros favoritos en cualquier rincón y recostarse sobre el piso a disfrutar de leer sobre el pecho cómplice de su nuevo amante, lleno de caminos y ninguna salida sencilla, todas aquellas historias que le llenaron la cabeza de fantasías, de deseos secretos por un hombre, mitad demonio, mitad ángel, envolvente como el pecado y natural como el amor que ahora les brota entre la estocada de una mirada compartida y la carcajada de una broma que solo a ellos envuelve.
El laberinto no puede resistirse a la oscuridad, le ha puesto su nombre a todos sus precipicios y decide lanzarse a sus brazos de dama nocturna. Las grandes pasiones buscan laberintos de ojos bonitos, porque saben que hay amores que arden mejor en la oscuridad. La oscuridad y el laberinto se vuelven una sola pasión. Se reconocen en cada beso. Ella se estremece en su vientre al sentirlo cerca. Él se humedece los dedos para escribir sobre ella, y ella para leerlo, hace lo mismo en lo íntimo de su abrigo. Para el laberinto los ojos de ella fueron todos esos libros en que deambulaba imaginando historias con él de protagonista. La adopta como el sol a la luna que acepta calentar su piel en la distancia. A veces, se desean tanto que esa distancia se vuelve un camino en llamas. No existe laberinto sin oscuridad y la oscuridad solo adquiere sentido cuando puede perderse en lo insondable de alguien más.
Empezamos a recordarnos en las páginas del destino en cada frase pronunciada. Me aclaró que alguien le había robado el corazón equivocado, se había llevado su inocencia envuelta en lágrimas de sangre y había confundido la música que llevaba por dentro con sus latidos. El cobarde había huido creyendo que cargaba con su bomba incansable y en su prisa por alejarse había dejado inalteradas para mi suerte, las dos cosas que más me atraían de ella, su mente de Erato y aquella manera de latir sin corazón.
—El único corazón que puede robarme, es el que tengo entre las piernas —me dijo ella. —ese es el bueno y me late mucho por usted.
Yo no necesitaba más peligros, que la caída de sus ojos, de su ropa y de su boca para saberme tentado. Le propuse escondernos detrás de las letras, en el fondo de las canciones y en los finales de todas las historias de amores errabundos. Inventarnos un mundo nuevo donde podamos borrarnos cada noche y escribirnos al amanecer. Coincidiendo para desnudarnos, poco a poco, despacito, yo escribiendo y ella leyendo. Ella necesitaba un miedo como yo, que le estremeciera el vientre, lo pedía a gritos en la mirada, en las manos y hasta con sus silencios. Necesitaba mis manos para que la escribieran y también para desnudarla no sólo del cuerpo, sino de las partes de su alma que desconocía. Necesitaba mis ojos para que la supieran y mi corazón como guía para encontrar el suyo, perdido en su propia oscuridad de amar.

La sombra de dos desconocidos


La sombra de dos desconocidos

Pienso que me despertó el instinto su mente enferma, esa oscuridad en la sombra de su sombra que sacudía de una forma siniestra mis deseos más abyectos, unas ganas, hasta entonces desconocidas en mí, de lacerar su piel no solo con uñas y dientes, sino con todo tipo de instrumentos tal vez inofensivos en otras manos, pero no en las garras de una bestia que apenas despertaba en mi mente y que se afilaban con solo avistar una piel de vampira como la de ella. Nos encontramos por primera vez una tarde de marzo cuando escurría la luz de un jueves en los pasillos de la universidad donde ella estudiaba y yo impartía clases, nos miramos como se miran dos extraños que se reconocen de alguna otra vida, pero el recuerdo se les escabulle entre miradas furtivas y un escalofrío traicionero que se resbala por la cordillera del deseo. Debajo de mis cejas negras se quedó grabada su boca de luciérnaga sin nombre y entre sus pestañas se quedó impreso el filo imaginado de mi barba arrastrado por sus alas. Nos dijimos todo en un segundo y lo olvidamos de nuevo en el siguiente movimiento del reloj, ella siguió su rumbo desconocido y yo anduve partiéndome en pedazos de cama en cama las siguientes noches.
Pero el destino tiene abismos imposibles de sortear para los seres que se han quedado a deber de todo en otras vidas, una semana después nos encontramos de nuevo en el estacionamiento de la facultad, quise sonreírle y solo me salió una mueca hacia dentro, porque mi boca se quedó pasmada, quizá imaginando el roce tibio contra aquellos labios con promesas de placeres errantes y ella quiso no voltear a verme, pero se le hizo tarde a sus ojos para encontrar en donde perderse, nos sostuvimos la mirada uno al otro sin remedio y esta vez, se escuchó el bramido de nuestras almas al reconocerse de manera definitiva en esa manera legendaria que tienen un hombre y una mujer de comunicarse en silencio, cuando todo en ellos se sincroniza con solo miradas y palabras del cuerpo. Le quité las llaves del coche de su mano y ella se coló hacia el asiento del copiloto saltando por encima del asiento del conductor, fustigando mis ojos con la revelación de la parte trasera de unos muslos de un blanco asesino. Me acomodé al volante y arranqué sin decir nada, para dejarnos tragar por la noche y perdernos en los renglones enredados de nuestro sino. Mi mano alternaba el vuelo entre la palanca de velocidades y el canal que se abría cada vez que mis dedos separaban sus piernas, la tela de su vestido fue la última frontera para mis dedos desvergonzados y exploradores, mi vampira gustaba de volar sin redes ni protecciones de ningún tipo; entre semáforos y altos, me encontré muchas veces con el antónimo de seco, que empapó el viaje y abortó la llegada de cualquier silencio incomodo. Para cuando arribamos a nuestro incierto destino, ya conocía de ella todo lo que me resultaba realmente importante para el resto del camino con los pies descalzos.
Recuerdo que la habitación estaba en penumbras, un cuarto con un número cualquiera, en un hotel sin mayores lujos que la quietud y la complicidad de sus paredes marrones. Entramos sin prisas, como si fuera parte de nuestra rutina encontrarnos con desconocidos todas las noches o desencontrarnos para conocernos cada noche, dejamos las luces en la misma intensidad que estaban a nuestro arribo, ella se alejó hacia la ventana y yo fui en su busca, cazador y presa, intercambiando pasos sobre la alfombra callada. Llegué por detrás, a besarle la espalda entre suave e hiriente con mis labios cálidos y una barba de tres días, ella sintió mi aliento peinando los vellos de su nuca, yo acampé por completo en su cuello, clavando la tibieza de mi boca en esa tierra exquisita que comunica la garganta con la nuca, trazando un círculo imperfecto de jadeos y respiraciones entrecortadas. Sin voltear, ella inclinó la cabeza hacia atrás, como para provocar que mordiera su cuello, pero yo sin caer en su provocación, mojé con saliva hirviente su oreja izquierda, le susurré –vas a ser mía – entonces se la mordí fuerte y la chupé para que se lo confirmaran el borde de mis dientes, mientras mis manos le abrían las páginas del pecho para leerla en braille con mis dedos, las puntas sobre las puntas, la suavidad de unas contra la rugosidad de las otras. A partir de esos instantes, la temperatura en la habitación pegó un brinco mortal, la ciudad desapareció en el alfeizar de la ventana y mi vampira se prendió a mí, con el hambre feroz de 10 siglos, nos besamos con una necesidad insaciable de recorrernos por completo, empezando por el interior de nuestras bocas, a los besos reptantes y las dentelladas salvajes siguieron las caricias descaradas y urgentes, pero acompasadas.
En la habitación empezó a sonar una placentera y acelerada melodía ejecutada magistralmente a cuatro manos y dos bocas, en perfecta sincronía de caricias y recorridos sin límites ni escrúpulos, haciéndonos poquito daño como para cerciorarnos que estábamos por fuera del sueño, escribiendo con saliva y sangre la fantasía de encontrarnos frente a frente después de malvivir alejados tantas vidas. Nos besábamos donde sabíamos instintivamente que se escondía un gemido, nos mordíamos en el lugar exacto donde habitaba atrapado un grito de placer solo esperando ser liberado por la llegada de los dientes, mis dedos no titubeaban, si no que profanaban con el acero tibio de sus movimientos todos sus recovecos de mujer de la noche, calentando cada reducto de piel conquistado, dejándolos oscilando hasta el regreso de mis manos o mis besos. Mi vampira demostró que sus labios errantes sabían encontrar nuevas rutas para brindarme placeres intensos y despiadados, que solo un jalón oportuno en sus cabellos oscuros los interrumpían por agónicos segundos, antes que encontraran otras vetas donde escarbar sin misericordia hasta descubrir sonidos que ignoraban hasta mis propios oídos. Nos desvestimos contra la pared, matándonos uno al otro entre mordidas y caricias inagotables, haciéndonos pedazos con la boca y armándonos de nuevo con la lengua, a cada beso animal con menos ropa y menos calma, disparándonos de esos besos mezcla de amor y odio que solo se comparaban con las zanjas que dejaban sus uñas en mi espalda y las marcas que le imprimían mis dientes en la delicada piel que había estado escondida bajo el vestido.
Nos bebimos la noche en todos los lugares donde llueve el amor y más se encienden las grandes pasiones. Dos rivales extraños que por fin se infligían las heridas que la pasión exige y el cuerpo anhela, dos armas de fuego que jugaban a golpearse, ahorcarse, penetrarse y fundirse en un abrazo húmedo e hirviente, un duelo no mortal, sin otro ganador que el destino de dos amantes escritos uno para el otro. Mi vampira me enseñó al recibirme en su interior, que la frialdad de su piel era una mentira escondida en el color de la nieve y ella aprendió que en la negrura de mis cabellos se agazapaba un ser más oscuro y perverso que ellos, que se asomaba en las ráfagas veloces de unas manos marcadas una y otra vez sobre sus blancos montes tirando a tinto entre espasmos de placer y gritos secos. El juego se volvió una guerra, cada uno buscando el fin del otro, encontrando su propia muerte en un toma y daca del cañón y la bala que se repujan uno al otro hasta que es inevitable la explosión intensa, la dispersión del placer en pequeños disparos que se van sintiendo en todo el cuerpo, hasta llegar con toda su fuerza al alma, al núcleo secreto donde se multiplican todos los placeres físicos.
Agotados, con la misma chispa prendida en la mirada, pero sin haber cruzado una sola palabra, nos tapamos las heridas con la ropa encima, ella tomó sus llaves y abandonó la habitación, yo me quedé tendido en la cama, fumando un cigarro para atrapar en el humo el recuerdo de sus vuelos sobre mi cuello. Al filo de la madrugada, dejé el hotel y me fui en un taxi a recoger mi coche, en el parabrisas estaba un papel con una fecha, una hora y un número de habitación escritos con una letra que albergaba más amenazas que promesas. Firmaba: ”Tu vampira”.

martes, 7 de mayo de 2013

Eso es revolución

Cataratas de Iguazú, Argentina, 2013.

Volver a abrir la herida para sacarle inspiración.
Ser abismo por el puro placer de la caída.
Hacer de un "te quiero" una nota suicida.
Escribir un nombre que sea a la vez todas las cosas y todos los nombres.
Mirar por la ventana y ver hasta siempre.
Hacer de la cascada el río suicida que no acaba de morir.
Convertir lo ordinario en éxtasis extraordinario.
Eso es poesía. Eso es revolución.

Nadia Ochoa

Un error relator.

Cambié el resto de mi vida por un año en el que amé por todas mis vidas. Me quedé en un país donde encontré mi infinito por escasos meses. Pospuse un viaje para irme en unos ojos. El viento tira las palabras en mi cara e inevitablemente escribe sus bofetadas sin que pueda negar mis mejillas. Tomé el riesgo de la sed. Acudí a la boca de la cual sabía que no volvería. El silencio de las dos bocas de donde nacía aquel ahora, por ciertos instantes, en sus recodos, albergó a la imaginación que se valió de ese momento para desterrar al mundo. Derrumbe, crisis e insomnio aúnan sus lineamientos para imperar en mi humanidad: usan los más maravillosos acertijos; las veredas, los árboles, el sabor del imperceptible lunar al ras de su boca, las islas, los golpes de un cautivo entre el pecho que alimenta mi inquietud, su ombligo. Así es como las esquinas y las espinas se desprenden, como esquirlas regadas frente al espejo mental que las multiplica. Es clara su oscura intención de tensión, de azuzar al salto. La conclusión unió al fin y a lo tácito, entonces no fue la calma después de la tormenta, sino la calma de la tormenta. Ciertos aires de exageración al otro lado de la puerta incluyeron al olvido en el resultado de mi inventario. Ahí, luego de aquella silente obra, me convierto en el autor de este dictado, un cúmulo de crisis, derrumbe e insomnio entre bestias de lo esporádico.

Alexander Gómez.

Mañanas, tardes y mediodías


Otra mañana en la que después de rutinear cafés, saludos 2.0 y búsquedas infructuosas de trabajo, me enfrento a mi cuaderno: bolígrafo, hojas cuadriculadas y palabras en espiral.

Me siento en blanco, tan pálida como el reflejo del sol de invierno en mi piel, tan pálida cómo sólo yo sé sentirme. Tan invierno como este otoño en el que el viento no me trae ni su recuerdo ni las promesas que nunca cumplió. Tan otoño como tú, que dejas que mis letras caigan sobre tu piel como las hojas secas; tan otoño como yo que procuro negarme tu imagen para poder arrancarte de estas hojas, de estos ojos.

Otra mañana que se encamina hacia la tarde dejando que el viento la despeine sin preocuparse por ello, estas mañanas descafeinadas que me saben a antiguos despechos; mañanas nostálgicas de otoño, de mantas; de cafés en la terraza observando cómo el suelo del parque se va tiñendo con el ocre de las hojas secas de este cuaderno marchito… a veces amigo, a veces desafiante.

Mañanas que en un suspiro se convierten en mediodías, donde soles otoñales se reflejan en mis ojos para caer rendidos sobre la espiral de palabras que se dibuja en estas hojas.

Mañanas, mediodías y tardes, todos fríos; todos mantas y chocolates calientes que me sonrojan porque me recuerdan al sabor de sus besos en mi espalda, jugando con mi duende… y otra vez mis hadas me hacen cosquillas porque pienso en ti.

Mañanas que al desvanecerse, se vuelven pasado cercano; y tardes que traerán algún descafeinado más con sabor a muy posibles desengaños, a mariposas que no volarán hasta bien entrada la primavera.

Mañanas y tardes; mediodías que dejarán preguntas y mensajes sin responder porque sus letras caen como hojas secas en el olvido. Mañanas que te niegan y tardes que me afirman. Mediodías que cuestionan estas hojas… y estos ojos que se preguntan si estas palabras secas tendrán algún sentido.

Ester Marfer



No supe de vacíos

Aún no logro definir el vacío porque me acostumbre tanto a la abundancia que la palabra se extinguió o me quedó chica.
Tal vez, nunca fui hecha para tan breve espacio porque siempre supe que nací para abarcar mucho.
Tal vez, nunca fuiste poco por eso no me permitiste sentir que algo hiciera falta que me llenara.
Y al abarcar por completo tu mundo me sentí tan ancha, que la tierra comenzó a quedarme chica.
Yo, era un mundo rodante, lleno de sonidos desde todos los rincones de mis ecos.
Así fue como logré abrazarte con todo y mi escaso cuerpo, 
me sentí tan poderosa que ningún mundo externo lograría romperme de nuevo.
No supe de vacíos, tú no me dejaste verlo. 
Tampoco me dejaste sentir el frío que lleva todo miedo.
No supe de soledades porque siempre sentí tus pasos, 
esos que indicaban que ibas tomado todo el tiempo de mis manos. 
Nunca solo, confiando, como confía un ciego a la mano que lo lleva caminando.
Gracias por tomarme de mis sueños y hacerlos ecos de los tuyos.
Gracias por venir a pintar cielos nuevos y limpiar de todo dolor los viejos.
Por hacer de mi cuerpo tu casa, de mi pecho tu coraza,
de cada uno de mis pensamientos la fuerza para que yo jamás experimentara la derrota.
Gracias por permanecer inquebrantable a pesar de tanta piedra aplastante en el camino.
Por seguir con ello con más voluntad y firmeza sorteando junto conmigo toda la tormenta que llegaba.
Fuiste hecho de todo y de nada y te construiste como se construye un sueño que lucha por su propia existencia.
Te ganaste la tierra porque el cielo, ese siempre te ha pertenecido.
Mi corazón, y con ello mi voluntad enterara para no permitir que el infierno jamás te toque mientras yo me encuentre cerca.


Silvia Carbonell L.



Maletas Cargadas De Recuerdos




´Las maletas las dejas en la distancia pero los recuerdos los llevas a cuestas…
y en el alma´ -Javier Aguilar.

Allí estaba otra vez, con la espina del olvido enterrada en el recuerdo y la luz tenue que alumbraba la esperanza de poder olvidar resignado a vivir con el recuerdo que lo mataba por dentro, la soledad, la melancolía y el insomnio eran sus acompañantes noche a noche. Huyendo del martirio que le causaba aquel recuerdo decidió partir de aquel lugar donde había gozado y llorado. Desde tempranas horas salió a buscar quien lo llevara a su otro destino. Primero atravesó un bosque donde al caminar sobre las hojas del último otoño se quebraban así como su alma se moría al recordar aquella figura de una mujer que hoy quedaba como una desconocida. Al atravesar el bosque encontró a un campesino que manejaba un pequeño camión donde transportaba naranjas, el lo llevo a una parada de buses…llegando a la parada de buses el joven se bajo tan rápido que no le agradeció por haberlo llevado. Esperando el bus vio a dos niños brincar un charco de agua, y la muerte le dijo:-Velos jugar, la vida los tratara muy mal-decía la muerte al oído del joven. Subió al bus y pegado a la ventana del bus durante todo el camino…llego a la otra estación de buses al bajar del bus vio a una señora de aproximadamente 70 años sentada en una silla mal clavada y una mesa delante de ella donde leía la mano y el puro, la señora al ver al joven le dijo:-Joven, la muerte le acompaña y pronto usted se irá con ella. El joven sonrió al escuchar a la señora y respondió:-Señora, a la muerte la traigo tomada de la mano desde que la mujer que amo nunca más quiso tomar mi mano. Esperando el otro bus decidió a irse lejos y sin recuerdo boto las maletas al lado de un pordiosero que estaba protegiéndose del frio con unos cartones. Subió al otro bus y a la mitad del camino la muerte le dijo: ¿Por qué dejaste las maletas? ¿Que estas esperando tomando bus en bus? El joven respondió:-Espero a que decidas la hora en que tú me lleves.


¡¿Quién Sabe?!



Veo a la gente y no encuentro alguna,
todas la personas ya no soy ni cuando quieren,
ya nadie quiere querer por no salir queriendo,
todos se ven pero nadie se siente.

Todos respiran y nadie suspira,
el egoísmo de querer sólo lo suyo,
todo y cuanto es nuestro,
esas cosas que no tienen dueño,
el amor, los celos, también el miedo.

Yo tan narciso ya no me ahogo,
tú tan tirano ya no das miedo,
nosotros tan perdidos,
y nadie quiere buscarnos.

Sabes algo, ¡Te deseo!.

Sabes algo, Ya no cumplo. 

Te amo bipolar, porque te "Odio"


Yo te amé, cuando las razones para odiarte eran muchas, pensé que quizás si eras tu pero no el momento, pero hoy me paro miro el suelo y noto que se te cayeron todas tus oportunidades conmigo, descuida no necesito explicaciones, tus acciones hablaron por ti misma, no te preocupes por mi, sabes que me duele, pero tampoco lo goces ya me había ilusionado antes. Todas las ganas que tenia de quererte toda la vida, me las quitaste, sin embargo aun se me estremece el corazón cuando me hablan de ti, por eso si llegas a sentir que alguien te extraña, ten por seguro que seré yo quien lo hace, por si las dudas, para mi seguirás siendo tu, porque consiente estoy de que algo fuimos, no sé qué fue, pero me encantaba ser tu "algo".
Y la vida como da mil vueltas, algún día te volverá a traer a mi y espero que ese día todo sea diferente...

La lección



Saben, después de todo he aprendido que nada es lo que parece
y que para estar feliz muchas veces no necesitas lo que crees necesitar, cosas o personas;
tan solo la presencia; de un conocido, un amigo o incluso alguien que menos lo esperas puede consolar
y casi siempre es el silencio lo que más reconforta.
De palabras se vive, se engaña y se traiciona pero;
compartir un silencio sin que se vuelva incomodo, eso es único y verdadero;
es como un momento robado a la vida.
Al final del día tristes o alegres somos lo mismo,
un recipiente de sueños: rotos, vacíos, cumplidos y por realizar.


Camille

Mis ellas



Soy una mujer que viene de familias matriarcas, por consecuencia, las mujeres han venido a reinar mi vida y también mi cama.
La más grande de ellas es mi madre, mujer de justicia, inteligente hasta el encabronamiento, determinante y fuente como un roble, la amo.
Mi Fénix, esa mujer que ha aprendido a vivir al límite entre la vida y la muerte, jugando a la ruleta rusa mientras reparte sonrisas.
Una mujer callada que habla hasta por los codos, que ha compartido mis locuras por culpa de las letras, ella es escarlata, a veces tornasol.
Otra mujer de letras, que es capaz de crear estrellas con el verdor de sus ojos, también cómplice de locuras, letras, llantos y sonrisas.
La mujer de labios rojos y mirada profunda, que tiene la habilidad de entregar amor al por mayor, a la quien leo todos los días, mi mujer, mi amor, mi sostén.
La dama blanca, que se pierde como el sol, pero cuando me quiero recargar en un pecho, sabe siempre como llegar a ofrecerme el suyo.
A las mujeres de mi imaginación, que amo y me aman sin ni siquiera existir, pero que me han dado el placer de convertirlas en letras.
La mariposa que me enseñó a ser mujer, amante, esposa, amiga, enfermera, quien me enseñó el camino a la madurez.
Aquellas mujeres en mi vida que me han enseñado a ser hermana, que a pesas de las diferencias, siempre se debe estar, amar y respetar.
Las creadoras de estas mujeres, mis abuelas, robles llenos de besos y abrazos.
Las madres de mis amigos, que sin ellas y su determinación, no tendría hombres a quien amar y llamarles hermanos.
Las mujeres de mis amigos, que han tenido el valor de meterse con ellos, y volverlos locos, hacerlos sonreír y amar de por vida.
Todas estas mujeres de colores, letras, esfuerzo, música, abrazos y besos, las amo, admiro y respeto, son algunas de las mujeres de mi vida.

Helena Sibarita
@LaCkatrina 
http://lackatrina.wordpress.com/

martes, 23 de abril de 2013

Primavera




Ana R.

Chola, cholita, chola

Villazón, Bolivia, 2013.

Nadia Ochoa

Exilio

San Salvador de Jujuy, 2013.


De pronto sé que esta ciudad no es la mía, ni descansan mis muertos en el cementerio, ni me toparé con el querido profe de tercero de primaria doblando una esquina. No sé las calles ni sus porqués, ni me dice nada el banco de la plaza que a otros trae gratos recuerdos de primeros besos. Aquí no tengo amigas que conozcan a mi madre, que me manden saludos con mi prima o que me inviten a la reunión de la escuela, generación 97. Las calles están llenas de árboles cuya belleza no me dice más que novedades, y aún las viejas jacarandas sólo me recuerdan el tapete de flores violenta que adornaba mi camino cuando volvía a mi casa, cuando todavía tenía una casa en mi ciudad. Aquí nada es mío: ni los árboles, ni las aves, ni las fiestas, ni los ríos. Nada es mío, salvo la tristeza.

Nadia Ochoa

Apaga la luz




Apaga la luz que nuestros parpados contra nuestras pupilas nos prenderán el alma, usaremos las estrellas para esconderlas bajo la almohada y quedaremos con fuego por dentro.
Apaga la luz que haremos poesía debajo de las sabanas y la luz serán nuestros respiros, nuestros cuerpos serán la musa, tu piel será mi página en blanco y en ella escribiré versos que a mi lado vivirás.
Apaga la luz que te refugiaras entre mis brazos como hojarasca de otoño que permanece en el cálido suelo.
Apaga la luz que mis labios contaran tus pecas que son  estrellas plasmadas en tu cielo llamado piel, jugaremos con las letras para colocarlas en tus ojos.
Apaga la luz y déjame cobijarme en tu corazón.
Apaga la luz que hare sonreír a la noche.
Apaga la luz que platicare con la luna.
Apaga la luz, que la luz que mi corazón causa al amarte es más fuerte qué la que me despierta por las mañanas al recordarte.

Con olor a mandarinas



Era una mañana de esas que brillan en los árboles, que respira con fuerzas, una como cualquiera; o tal vez no. Ya desde hacía un tiempo ningún día pasaba desapercibido, tenían algo especial que merecía ser sacado a la luz. Es que me acompañaba una sensación diferente; y es que después de escuchar su respiración, no había muchos vacíos en los que yo pudiera habitar.
Después de compartir el mismo sueño, al tiempo, dormir tenía más sentido y aún después de escucharle agitarse un poco por mí, gemir tenía su cabida especial.  Sin hablar de lo mucho que me gusta ahora sonreír, porque a él le gusta que lo haga.
Pronto pude percibir una fragancia, venía de adentro, como lo que estaba sintiendo: era dulce y ácido. Ese agridulce sutil con momentos tan bonitos que parecían escritos por un poeta y otros; no tan lindos pero sí necesarios. Era un amor con olor a mandarinas que nos estaba alegrando los días, y a mí, me estaba haciendo un poquito más especial.
Por eso las mañanas, aunque fueran unas más, no lo eran; ni las noches, ni las tardes; ya nada es igual y me gusta. Ya nada es como antes y me gusta.



@Soycatarsis.
Adriana Julio.
http://soycatarsis.tumblr.com/

El viaje en tren


El tren se tambaleaba por la velocidad en el viaje de vuelta. Él, sentado en el último asiento del vagón, observaba las cabezas que sobresalían de las butacas. Un par de decenas de personas compartían aquel lugar móvil que los alejaba de una ciudad para acercarlos a otra. En la televisión, una oscarizada película de muy bella factura amenizaba el viaje: “por fin buen cine en el tren” – pensó.

Sus pensamientos comenzaron a llevarlo a otros lugares, como siempre solía ocurrir en estos casos. Comenzaba a pensar en qué pensarían (valga la redundancia) sus acompañantes. Volvía a filosofar sobre la vida mientras era mecido por aquella montaña de acero que surcaba la península a doscientos cincuenta kilómetros por hora. Gente que se había cruzado en su vida y que, probablemente, no volviera a ver jamás… o quizás si, quien sabe. Siete mil millones de personas en este mundo y coincide con veinte en ese lugar tan comparativamente pequeño. Sólo ve coronillas asomar y se distrae imaginando qué pensamientos, sueños, sensaciones y emociones, habrá dentro de cada una de ellas. La películas avanza, al igual que lo hace el tren. La noche ha invadido ya el paisaje manchego y sólo las luces artificiales de algún pequeño poblado dan a entender que la civilización sigue ahí fuera inmóvil, impertérrita, sin enterarse de lo que está sucediendo en ese motorizado vehículo. Allí fuera, también habrá gente, cientos, miles y millones de personas con historias que contar y con mucho que enseñar y, probablemente, jamás nadie las escuche. Él sigue avanzado y los deja atrás, vuelve a encerrarse en los pensamientos y en las reflexiones estúpidas que rondan su cabeza. Otro día ha pasado, pero de éste, al menos en cierta parte, quedará constancia.

Deja aquí, en estas líneas, testimonio de su tren y de sus acompañantes, todos anónimos, pero los que el destino quiso que sacasen un billete parecido al suyo y con ello entrar en la posteridad, cual actores secundarios de una obra de cuarta categoría. Pero algo es algo, no queramos ser todos Romero, Hamlet o Ulises; historias así no se ven ni todos los días ni en casi ninguna de las vidas, nosotros nos conformaremos con seguir viajando y seguir escribiendo

Antonino de Mora Taberner
www.losmomentosalpedo.com
@antoninomora

¿Para qué llorar?



¿Para qué llorar?, ¿Para qué sufrir? Podría incluso suicidarme y morirme por esta profunda soledad que llevo en el alma, la gente dice no busques el amor él solo llegara a tu vida, pero me he cansado de esperar y de buscar, ya no se que mas pensar, mucho menos que hacer, y es que tengo un corazón tan amable, una mente tan ingenua y el alma tan noble que sin querer se encariña tan rápido, se enamora y lo quiere dar todo, aunque no tenga nada, no es posible que sea así, como va a ser eso? Los humanos tienden a divertirse y a esta edad tener tantas parejas emocionales, yo nunca he querido eso, siempre busco algo serio una persona a quien querer y que me quiera, sé que soy joven, y la vida sigue, y yo debo de seguir caminando por ella, debo seguir luchando y tal vez si llegue esa persona tan especial que me ame, mientras tanto con la cabeza en alto caminare enseñando una sonrisa que tal vez sea falsa, pero igual y sea lo correcto en este maldito mundo de apariencias y si no, está bien igual...

BJ

Un “nosotros” sin los dos



No sé en donde te encontrarás ahora,
en qué mundo te decidiste quedar,
si la locura te alcanzó o se sentó a esperar.
Si estás tranquila, lo mereces, aunque sea sin mí,
probablemente el tiempo te ayude a olvidar,
aunque las canciones y palabras insistan en volver.
Olvidarte es pensarte y volverte a ver
esas cosas que ves de lejos, que ya no puedes sentir y tener.
Ahora que eres feliz, que compartes tu sonrisa,
supondré más y fingiré que fui excusa o brisa,
sólo para que pudieras sentir.
Ahora que sientes, siéntete sin mí,
porque no será igual que ayer.
Discúlpame si me perdí o te perdí en el intento
ahora mis palabra ya no las aguanta el viento.
Recuerdo cuando decíamos ser eternos
o por lo menos lo sentíamos los dos
era cuestión de dos almas, la mía y la de vos.
Ahora recuerdo y te perdono,
por no estar ahora cuando lo hubieses prometido,
por ese futuro en deuda que aún no hemos vivido,
por los miedos que me debes y que pensaba quitarte,
ahora soy un simple mortal con las ganas de amarte.
Te perdono por los errores que no quisimos cometer,
¿me perdonas por huir y por dejar de suceder?


Alexander Ureña
http://alexanderlex.wordpress.com/

Todavía, hay mucho mundo que salvar




Veces en que las mejores cosas, están escondidas…en tu interior…
Un cielo que se pinta de los más elocuentes colores para animar el día, nubes que se enredan entre sí para apoyarse unas a otras, y el sol bostezando con sus parpados pesados queriendo hacer un poco más larga su siesta, pero aun así no pierde la oportunidad de adueñarse del cielo; el tiempo sonriendo danza junto al travieso viento a su veloz ritmo, es una de esas tardes que adormecen los cuerpos, como para sólo sentarse, dejar la ventana abierta y ver el día pasar y perderse en el horizonte.
A pesar de los rayos del sol reflejados en la copa de los árboles, la brisa era fría, de esas que erizan la piel y juguetea con los cabellos de las personas que pasean en medio de la ciudad; una ciudad llena de sombras y luces confundiéndose en el atardecer; dentro de tanta gente que aviva el centro de la ciudad se encontraba aquella joven, un ser de pasos tan libres como el viento, de esas personas que disfruta dibujar cada paso, que no va por la vida corriendo porque conoce que el destino se encuentra en sus adentros…muchas veces cambia su camino y otras veces el camino la cambia a ella, bajo el sol, su sombra le ruega que jamás la deje sola, le encanta el alma vibrante que aguarda su ser; la mirada de la joven se posaba en ningún lugar, sus pies le aclaraban las ideas, ella caminaba sin tener algún rumbo fijo. Luego de unas horas, sin saber cuántas,  se encontraba frente a una inmensa casa vieja, tendría unos tres pisos, de ladrillos tristes y en una de las esquinas una montaña de escombros, su mano sin querer empujó suavemente la reja que daba apertura a la casa, desde el ancla de la rejilla hasta su piel el chirrido que produjo se convirtió en escalofríos, su alma afloraba su parte más valiente, algo tenía aquella casa que tanto le atraía y que pasaba desapercibida por tantos ojos que empañan la realidad de una ciudad…no sabía cuál ruido era más fuerte, su corazón desbocado o el silencio tan estrépito del lugar, sus pasos eran firmes, echó un vistazo a su alrededor, flores de distintos colores con sus pétalos bien despiertos, arbustos que se perdían entre las nubes, pajarillos cantando o tal vez avisándole lo que le esperaba dentro…no necesitó tocar o llamar a la puerta, ésta estaba entreabierta abrazada a la oscuridad del interior, del otro lado lo que captaron sus ojos la dejó  sin aliento…y no porque faltara el aire, porque de eso y mucho más era lo que sobraba en aquel lugar. Maravillada, la sonrisa era permanente en su rostro, adentro se hospedaba todo lo que le hacía falta al mundo, las paredes eran colores que respiraban, el sol más radiante y la luna poetiza se divertían en un juego de ajedrez, la fe que se había perdido en alguna montaña estaba allí, sentadita con un café entre las manos admirando su aroma, el tiempo refunfuñando escuchaba a la esperanza justificarse del porque a veces llegaba tan tarde haciendo que muchas personas ya no creyera en ella, y ella pidiéndole al tiempo que acortara la velocidad de sus alas, los árboles en rueda contando su anécdotas más bonitas al ver parte de su familia convertida en algún buen libro, al menos eso los hacía sentir de alguna forma inmortales; en uno de los rincones estaban los reflejos, las sonrisas, las ganas de vivir jugando al pin pon improvisado en una pequeña mesa, la generosidad y el egoísmo en una pelea de boxeo con unos guantes flojos que no quiere hacer apuestas, y el amor y el odio en plena confesión de ser esenciales en la vida; por otra parte ninguno se había percatado de la presencia de la joven; el cielo que era el esplendor de toda la casa anuncio su llegada, y el asombro se hizo unánime; los sentimientos en concierto pararon de cantar para no ser descorteces con la visita, los instantes mágicos, que por cierto eran pocos, le tomaron de la mano para darle a conocer a todo su equipo, las paredes vestidas de poesía le recitaron ansiosas algunos versos, y los sueños se dibujaban en el aire esperando que uno de ellos pertenecieran a la joven; sentada con sus piernas cruzadas les preguntó porque tanta belleza estaba escondida en esa vieja casona que engañaba con su horrible apariencia externa, el discurso lo comenzaron las sombras opacadas por tanta luz del alma de la joven, les contaron que cada vez ellas reinaban el interior de las almas pero viajaban a la casa para darle un descanso a muchos pensamientos malévolos, el milagro dice haberse perdido porque nadie creía en él, y todo existe porque son pedazos de algún recuerdo, las creencias, los valores y principios se sentían ofendidos porque la maldad les había tomado ventaja, el amor ya no sentía la calidez de unos ojos sinceros, y así cada uno expreso sus inquietudes…la joven optimista se defendía, les explicó el laberinto de abismos que son los humanos, son un intento de vida, aunque sean humanos, les hizo saber la necesidad de cada uno de ellos fuera de la casa, las sombras a pesar de ser sombras eran necesarias para aplacar un intenso sol, o para ser compañía en la soledad, el sol, el cielo, la luna, las pintorescas estrellas, hacían del mundo el paraíso, el tiempo es el que le da vida a un reloj y esboza cada paso plasmado en historias, la fe es esa chispa de luz que abre el alma, hasta el odio en su minoría debería existir pero frente a las injusticias y otras destrucciones al alma del mundo, los sueños son esa dimensión en la cual nunca debemos despertar, y que decir del amor, aunque no se encuentre su definición en el diccionario es el que mueve al mundo y le da el toque de sentido a su giro, dejo en claro que los humanos se construyen a  base de sonrisas, de sueños, de trazos, de almas, se construyen con ganas, con tiempo…con vida, son todo ese lugar donde todo puede pasar. Fue tanta su vibra que cada personaje se animó a dar un paseo y festejar regalando un poquito de cada uno en las calles, las personas se llenaron de nuevos suspiros y cada quien capturo un poco de cada elemento, la ciudad se llenó de tantas alas, de tanto vuelo, de un completo cielo; un universo que es una pausa del espíritu, la joven con lágrimas que nublaban sus ojos nunca olvidará sonreír para divertir a las piedras que se encontraría en su camino, deshojar lo mejor de sí es escribirle al viento…hace mucho que todo comienza y termina dentro de la ciudad que cada alma habita…todavía hay mucho mundo que salvar.

Solanger Mendoza.


Bitácora de vuelo



Algún día, en algún lugar, solo sé que es de mañana.

Llegaste a mi mente siendo una imagen implantada en sueños de verdades, en ansias, ganas y
remedos de lo que una vez fui. Te implantas como raíces de roble en tierra fértil, te implantas
como capricho en niño de meses, naciste en mi mente, creciste en mi pecho y te reproduces en
hojas blancas que alguna vez escribí.

En una noche cualquiera mientras reviso el itinerario de letras.

Apareció un nombre de raras letras. Desconocido para mis ojos pero hicieron eco en mi pecho
y en mi cabeza, nunca las he olvidado desde aquél primer avistamiento, incluso hoy no han
desaparecido.

Momento de emprender el vuelo.

He decidido soltar la idea de aquella mujer de sueño, he decidido dejar de esperar, he decidido
emprender el vuelo y seguir el camino, desconocido pero al final de cuentas voy sin miedo.

Después de unas horas de vuelo, otras aves hacen su aparición, nos acompañamos en los aires, en
las aguas y en los caminos de tierra, solo para hacer ameno el recorrido. Fuimos un conjunto de
soliloquios haciendo caminos.

Reaparece el nombre, ese que no olvido, se integra al vuelo.

Relatos de turbulencia en la luna.

El vuelo se mantiene tranquilo de noche, hay nubes que acongojan las estrellas, gotas de lluvia
que arrullan al viento hasta el momento en que salió el sol.

Nadie me recordó que soy alérgica al sol, así que cuando me acarició, me lastimó, me quemó y las
caricias de sus rayos quedaron tatuadas en mi piel sin tinta, se han caído alguna de mis plumas, ha
puesto a temblar mi corazón, se agita mi respiración.

Creo que me he enamorado.

Mantengo el vuelo con una sonrisa, estoy empezando a amar al sol, extraño la luna pero me
mantiene a oscuras mientras en esta ocasión, por primera vez todo a mi vista es claro.

He decidido mantener el bronceado.

El suceso inesperado.

Los astros han colisionado, se han formado las estrellas en un eclipse de sol, es un suceso
inesperado, no lo veía venir, pareciera una aurora boreal, pareciera el fin del mundo, pareciera
que se me escapa el alma.

Debo dejar de volar, el bronceado a deshecho mi piel.

El aterrizaje

Lo planeaste bien Sol, el vuelo se realizó conforme a lo esperado, he estado a punto de chocar
pero pude recuperar altura, me he golpeado las alas contra la maleza y me han sacado alergia
pero fue la determinación la que me hizo volver a emprender el viaje, a otro destino, sola o
acompañada, sin embargo recuerdo que soy ave no cohete, que no puedo volar al sol sin ser fénix,
que no me puedo dejar quemar por las caricias del astro, pues aunque soy ave y vuelo, soy ave de
mar no de desierto, soy mujer de humedad no de salinas, dunas, o morenas rocas.

Me encontré en la costera y sonreí.

He aterrizado, me han abrazado y yo… yo te he perdonado.


Helena Sibarita
@LaCkatrina 
http://lackatrina.wordpress.com/

Trincheras

Trincheras

La distancia pesa, 
pero tengo tus manos,
que reconfortan mi espalda.

El tiempo es agresivo,
pero tengo tu boca,
que en un beso me defiende.

El frío cala las noches,
pero tengo tu cuerpo,
que me abraza y me abrasa.

El silencio no es ecuánime,
pero tengo tu voz,
que canta nuestras canciones.

Los kilómetros nos separan,
pero tienes mis labios,
que no dejan de acariciarte.


Rogelio Carballo
@parammo
http://parammo.tumblr.com

Surrealismo



Manuel perdió la cabeza. Fue un proceso paulatino, imperceptible al principio.  Aún más si se toma en cuenta que siempre estuvo solo. Comenzó con pequeñas cosas, escuchando moscas volando cerca de su cabeza cuando se acostaba.  Al principio era solo una y él la ignoraba, ni siquiera encendía la luz para encontrarla. Pasaron varios días antes de que se levantara y la buscara en los rincones más altos de su cuarto. La noche que decidió acabar con la mosca,  pasó dos horas intentando encontrar el origen de aquel seseo que pasaba cerca de sus oídos y después se alejaba. La segunda noche, desesperado, comenzó a escribir una especie de bitácora.

Día  A.
Llevo varios días durmiendo con una mosca en el cuarto. Al principio la ignoré pensando que sería cuestión de tiempo para que encontrara otro sitio o a alguien más a quién molestar. Pero cada noche que me acuesto la escucho rondándome. Ayer me levanté a buscarla y nada; como si la luz la hubiera ahuyentado. Apagué la luz de nuevo y ahí estaba.; de  regreso con su vuelo inconstante y su aleteo apresurado.

Hoy me acuesto expectante. Todo está en silencio. La estoy esperando. Estoy esperando, que venga a robarme el sueño. Que llegue a sobrevolar mi cama ; como el ave de carroña que es. Todo está en silencio. Creo que hoy no vendrá. Tal vez por fin encontró la salida y me dejará tranquilo. Intentaré dormir.

La volví a escuchar. Brevemente. Tal vez estaba soñando. Ta vez sigue aquí y sólo descubrió los beneficios de la tortura psicológica (demanda mucho menos trabajo físico).

Día B.
Hoy la escuché en el estudio. Estaba trabajando. Dejé de teclear por dos segundos y la sentí pasar sobre mi cabeza. Muy cerca, demasiado cerca. Ansioso, busqué en cada rincón de la habitación. Mis ojos recorrieron cada centímetro en busca un punto oscuro sobre la pared beige o en el techo. Me percaté de la suciedad acumulada en la pared. Sólo viendo este tipo de cosas de cerca, analizándolas, uno cae en cuenta de lo mucho que hace falta una mujer en la casa…y en mi vida. No por que sea la limpieza algo implícito de su género, sino por su naturaleza  meticulosa, ordenada y limpia que les permite ver lo que nuestros torpes ojos pasan por alto. En las paredes y en el alma.

Un punto sobre el piso de madera captó mi atención. Me abalancé sobre el. Lo pisé enérgicamente y sentí como la fuerza ejercida por mi zapato lo hacía explotar. Aplastado entre el piso café y mi suela nagra. Reducido a nada, modificado en todas sus dimensiones para convertirse en una plasta amorfa y sin sentido.  Me senté tranquilo en mi silla de nuevo. Con el sabor de la victoria aún en los labios. Me disponía a retomar el trabajo donde lo había dejado cuando la escuche de nuevo.  Torturándome…astuta y escurridiza, jugando con mi mente… dentro de ella, dentro de mi. Asustado me incorporé de inmediato para analizar la mancha amorfa el suelo. Había quedado irreconocible. Sin más herramientas para comprobar mi esperanzada hipótesis y asegurarme de que no estaba perdiendo lo cabeza, pasé mi dedo índice por la mancha oscura sobre el piso claro y me lo lleve a la boca...una pasa, o una mosca muy dulce. Me sentí estúpido y avergonzado y reí con mucha fuerza tirado en el piso del departamento mientras el zumbido del infierno inundaba mis oídos y se metía entre las circunvoluciones y cisuras de mi cerebro.

Día C
Creo que son dos, estoy seguro que están confabuladas. Me he puesto a leer más sobre moscas. Llevo toda la mañana leyendo unos libros de entomología que encontré en el closet. Las trajeron hace 2 meses y según me dijeron pertenecieron a mi padre. Espero que por lo menos sus libros sean útiles. Llevo apenas dos capítulos y nada. No puedo trabajar. A penas me siento frente a la computadora comienzan a zumbarme los oídos. Tal vez  alguien no quiere que escriba más y mandó dos moscas a robarme la inspiración, el sueño, las ganas, la razón.

Leí un capítulo entero sobre las moscas de la fruta.  “Drosophila melanogaster”. Los libros son viejos y la información está desactualizada.  Estaba apunto de cerrar el libro y abandonar mi investigación cuando un par de renglones escritos con letras muy negras saltaron a mis ojos, viajaron por mi nervio óptico y llegaron a la poción trasera de mi cerebro y me hicieron retorcerme en la silla con un escalofrío que casi me tira al piso. “Estas moscas son utilizadas en laboratorios para estudios  genéticos”. Naturalmente busqué información más actualizada en el internet. Aparentemente, esta mosca tiene una serie de características muy especiales, que son de gran interés para los hombres de ciencia. Este pequeño espécimen cuenta con un muy reducido número de cromosomas, lo cual, la convierte en el insecto ideal para la experimentación genética. ¿Será acaso que estas moscas, las mías, han sido modificadas?. ¡Qué tontería!. ¿Quién se tomaría la molestia de alterar genéticamente a dos moscas sólo para joderme? . Dejaré de invertir mi tiempo en tonterías, intentaré ignorarlas y  retomaré el trabajo dónde lo dejé.

Día D
Estoy convencido de que estas moscas han sido alteradas genéticamente. No hay otra explicación. Hoy por la mañana inundé mi departamento con solución mata insectos, y nada. Las malditas siguen aquí, con su suciedad y sus ojos fragmentados y su insoportable bzzzzzzz. Estoy perdiendo la cabeza. Estoy considerando seriamente vender este departamento y cambiarme de código postal si es necesario. ¿Y si no funciona? ¿ Y si me siguen a dónde vaya? ¿Qué clase de castigo es este? ¿ A qué deidad ofendí para que esta plaga de moscas alteradas del genoma haya caído sobre mí?.

Ahí están. Las dos. Son fuertes, creo que hoy son más grandes. Su vuelo se oye más decidido, mas firme. Dios mío. Dios mío.



Día E.
Me he encerrado en el closet. Ahora son más. No estoy seguro cuantas.  Creo que se han reproducido por la noche. Yo apenas dormí una hora. Estaba atento, vigilante. Supongo que esperaron mi momento de vulnerabilidad para reproducirse y aumentar de tamaño. Ahora son más rápidas. La velocidad que alcanzan durante el vuelo es alarmante. Es imposible verlas, es imposible combatirlas.

 Han tomado el control de mi departamento y de mi vida. Estoy aquí; encerrado con mi cuaderno,  mi pluma y un pedazo de pan que rescaté de la cocina. Sólo entra una franja de luz por el espacio que queda entre la puerta y el suelo. Dios mío, ¿qué está pasando?. Me pregunto si esto sólo me está pasando a mi o es una catástrofe mundial. Quisiera saber si todo el mundo está encerrado en sus closets escondiéndose de las gigantescas moscas invisibles que ahora roen los cables y se alimentan de miedo y algodón. Me pregunto si el presidente y su familia están encerrados en un solo closet, y si  los científicos estúpidos que decidieron alterar el genoma de una mosca ahora están encerrados en sus sótanos buscando una solución.  Pronto se meterá el sol y todo aquí adentro será oscuridad. Espero que mañana pueda salir. Algo se me ocurrirá.

Día F.
Hay algo grande allá afuera. Por lo menos del tamaño de un gato. Me asomo por la ranura, que es mi único contacto con el exterior y veo patas pasar corriendo… de pronto se paran frente a la puerta y casi puedo ver los pelos gigantescos de sus patas acariciando la madera, y sus bocas succionadoras lamiéndola.  Las imagino lamiendo mis sábanas y mis almohadas y a mi. 

Recuerdo haber leído que las hembras ponían cerca de 8,000 huevos. ¡Ocho mil huevos! desde aquí veo mi refrigerador y mi techo invadido, infestado de huevos gigantescos, y veo también las larvas pegajosas y hambrientas tiradas en toda mi alfombra, alimentándose de ella y de mi propia carne muerta. Espero que nunca me encuentren, espero que no devoren mi cuerpo, espero que con haber roto mi espíritu tengan suficiente estas viles criaturas infernales.

Día E
El pan que tenía se terminó. Tengo más hambre que nunca. No tengo más remedio que salir de aquí y enfrentar a esos terribles insectos del infierno. Hoy se ven más grandes; se les escucha más veloces y hambrientos. Quizá pueda llegar a la puerta del departamento,  huir y nunca mirar atrás. Quizá muera devorado por larvas gigantes. 

Que inconcebible, que estúpido que increíblemente irreal es estar aquí encerrado. No tengo  más que decir. Dentro de poco abriré la puerta que me separa de los demonios, de los míos, los miraré a la cara, y me veré reflejado un millón de veces en sus ojos de infinitos hexágonos y lo que pase después quizá nunca será escrito.

Carlos Ferráez Servín de la Mora

Empaqué

Empaqué todas tus chingaderas y las envié con tus recuerdos.
¿Te llegaron? Qué bueno,
así mucho que quedó de lo tuyo ya no permanece estorbando.

Y por cierto, ya a mano...
No me dejes tus ojos, no los quiero rondando.
Te empaqué los alardes,
de esos me dejaste, una lista densa e interminable.

Las excusas, disculpa,
se cayeron de mis manos cuando las estaba empacando.
Si gustas, te las pago,
pero excusas te sobran o eso es lo que me han informado.
Me avisas, por si tengo que mandarte algún cheque pos-fechado.

Los recuerdos felices van muy bien empacados,
ten cuidado, son frágiles, de tan solo tomarlos se me han desarmado.
Aún así te los mando,
para que tú los repares cuando andes tristeando.

Las mentiras las tiré en el lavabo,
ni caso tenía el haberlas limpiado.
Tanta mugre empacada, no tenía ni caso.

Te regreso tus planes, separé cada uno por sus prioridades.
Me quedé con los míos, y disculpa si en ellos ya te había incluido.
Ya no importa, he seguido, por mi parte los míos ya se han reconstruido.

Y si algo consideras que olvidara empacarte
solo te pido que ni se te ocurra volver a llamarme
mejor reconstruye tu vida con un nuevo menaje
porque lo más seguro es que nadie conteste
porque me encuentre de viaje.

Silvia Carbonell L.





Tú, en un día de abril

Todo este silencio que te contiene se desborda,
hace ríos en la piel mientras la eriza llenándola con tu nombre,
y mis ojos, se encienden, te delatan y te escriben 
en  este paisaje vestido de hojas.

Mientras la tarde cae, tú la recoges en tus brazos y la apañas,
la haces nube, versos y hamaca.
La haces viento mientras bebes sus colores 
y me dejas un cielo plagado de estrellas y de noche.

Mientras, te susurro todos los cuentos de luna.
Donde los faroles se encienden para escuchar mientras alumbran,
así tus ojos atentos, parecen encender también los míos
mientras un interminable día más se nos apaga.

Dentro, tu mundo girando hacia mi centro,
mientras los latidos lo mantienen caminando.
Tú, jugando...
Con los dedos de los pies y de la las manos.
Yo, callando, mientras cierro los ojos y te abrazo.

El día despierta buscando tus sonidos
para comenzar a pintar el sol con tus rubores.
Yo, te llamo, suavemente por tu nombre para irte despertando.
Tú, pateando, un nuevo día que levantas y sostienes con tus manos.


Silvia Carbonell L.



Nostalgia

Siento nostalgia, así nomas, de la pura, de la vacía que lo llena todo, de esa que acompaña en el camino casi siempre hacia ninguna parte porque en realidad lo único que quiero es volver con todo el dolor que me cueste, pero no, ya no es posible, no importa que el camino lo pueda andar a ciegas, simplemente no puedo volver.

Me duele el ayer que no puede ser presente y el camino que cada vez sea hace más ancho.Me repito a cada momento que es lo mejor que debo llevarme lejos todo lo que traigo y al mismo tiempo dejar lo que ya no llevo, me lo repito tantas veces que casi se vuelve mi mantra y sin embargo no importa porque el hoy me duele y me llena de infortunio que siempre será hoy.