martes, 25 de septiembre de 2012

Vértigo



Que camine descalza por la orilla del tiempo,
que amanezca sobre una piel húmeda de brisa,
que muerda al sol, intentando uno nuevo.
Que el aire se detenga en la espiral de tu ombligo,
que incendie el mar de mi cuerpo por un instante, aquí y ahora.

Que nacer solo sea una pausa llena de segundos viejos, 
que pueda sacar mil veranos del fondo del bolsillo, 
que la depredación sea una promesa en mi lengua. 

Que la distancia solo sea un lugar entre tu boca y la mía. 
Que pensarte obscenamente sea incontenible.

Que el espejo me afile las uñas.
Que seas plenitud aún en las noches vacías.
Que seas la piedra, la astilla, el dolor mirando desde adentro. 
Que ardas sin pausas;  como el vértigo más delicioso.



Alma E. Palma



Decálogo del gato de escritor


1- Tener el sol en los ojos, el verano en el pelaje y el amor en la lengua.

2- Decir muchos verbos en cada maullido; el escritor escucha sugerencias.

3- Quebrar un objeto de vidrio al menos una vez cada dos cuentos (ayuda a la cosecha del drama)

4- Arañar la telita trasera del mueble de la sala, ronroneando en diferentes colores.

5- Dormir de día, joder de noche.

6- Pasear por los techos vecinos y contar lo visto con un rasguño en el antebrazo del escritor, de manera que pueda leerlo con facilidad.

7- Lamer la mano del escritor para darle las palabras encontradas en el patio.

8- Tomar algunas veces forma de adjetivo y sentarse junto a la mano del escritor.

9- Otras veces meterse dentro lo escrito y tener la astucia de salir antes de que se cierre.

10- Irse lejos para producir tristeza.

Qué hay




¿Qué hay de ti que no te encuentro?
¿Qué hay de nosotros que no nos sabemos?
¿Qué  hay de este  infierno que se enfría?
¿Qué hay de ese cielo que se quema?
¿Qué hay de los besos que no se repiten?
¿Qué hay de esta angustia que no es angustia?
¿Qué hay de los sueños que nos prometimos?
¿Qué hay en el pensamiento después de nosotros?
¿Qué hay de mí que no te busco!

El último verano

¿Recuerdas nuestro último verano? Fue el primero, también. Recuerdo que comimos un helado y nos sentamos. Hacía fresco esa noche a un costado del camino, y debajo de los árboles mirábamos las luces de la ciudad, que poco a poco se encendían. ¿Recuerdas de qué hablamos? Yo tampoco. Sólo acude a mi mente el recuerdo de nuestras risas y las luces citadinas que nos iluminaban de forma desigual. Recuerdo que te despediste y miré cómo te alejabas. La luz jugaba con las sombras y recortaba tu espalda, mientras yo te miraba alejarte. Recuerdo tu silueta, como te recordaré siempre: alejándote. Así es esto de irse y no poder quedarse. Tú comenzaste a alejarte justo ese día de verano en el que yo apenas me acercaba. De esa noche no quedan lágrimas ni luces. Es una noche a la que ya no le queda nada, ni siquiera ese verano para recordar.

Verano

Hagamos algo como para sentir; un breve toque en el ser: diáfano y lejano; cuyo sentimiento, se prolongue en sí mismo.

Que jale del hilo que une tu alma con la mía, tan estruendoso como el silencio de un beso y tan callado como la explosión de tu piel.

Que sucumba el infierno bajo mis pies, que arda y devore las cicatrices, y la realidad se parta en puentes al cruzar la mirada.

Y que las raíces crezcan y hagan grietas al otro lado del tiempo.

Que sea tu verano abriendo grietas en mi cielo abierto. Que sea tu sol sobre los campos de trigo de mi cuerpo.

Y que esta pasión lejana, amanezada por la extesión, se complazca con el deseo, con el fuego, con el dolor, con lo que quema y con lo que nos queda...

Soltemos amarras y enfrentemos la tormenta sin otra vela que la piel que cubre este fuego, con la luna en los ojos y el sol entre labios.

Como aquella vez que el viento susurraba nuestros nombres y el mar rociaba nuestras ganas. Y el amor cabía en un gemido.

Y vivamos dentro de lo eterno para ser la única canción en la boca del mundo.

Sin más mundo que esa música de sol y de tormenta, de ruido y de silencio, de cielo y de infierno.

Ni menos culpa que nos agobie, ante todo esto: peligroso y necesario.
Desnudos y atados. Que de furia, que de piel, que de manos, que de nosotros...

Solo gritos y asfixia de piel, borremos la culpa y escribamos al placer, embistamos al amanecer y ahoguemos las sábanas con tu mar y mi sal.

Y atardecer con el sol en la mirada, con lenguas húmedas sisear al viento, su olor, su sabor. Y abrasar.

Y que en la punta de la vida haya oleadas de nosotros, siendo paisajes gritando.

Y luego que quede nada, ni tú, ni yo, ni tormenta, ni sol, ni verano aciago.

Omer Alfcorbar

El instante de sucumbir ha llegado.

He olvidado arrancarme las ganas de tachar los nombres de los sin nombre, de despedazar sus cuerpos, de incinerar sus mentes, de torturar sus sobras, tragármelas y vomitar a este ser que somos.

He olvidado a los insulsos que me habitan, a los desquiciados, a los egoístas, a los malditos intelectuales, a los despreciables idiotas que se sienten superiores, a los imbéciles que se dejan minimizar, a los malditos estúpidos, a los que hicieron de la vida un vil negocio, a los que escupen en las veredas de las ciudades abandonadas, a los que cercenan las ansias de levantarse del que nunca descansa, a los que se mueren de risa mientras matan de hambre.

He olvidado a esos bastardos, a los que creen en el estado, en la democracia, en el liberalismo, en el socialismo, en la anarquía, en la política, al ser miserable que nos puso límites, al que cree en subsistir sin ayuda de nadie, al que cierra los ojos para mentirse, al que se niega a extender la mano, al que te arranca los brazos, al que grita, al que deja que le griten, al que observa silencioso, al que lucha incansablemente por toda causa, al que despotrica contra el sistema, al religioso, al ateo, al teísta, al agnóstico, al parásito que lo devora todo, a este horrible ser que somos.

El instante de sucumbir ha llegado.

He olvidado.

Color atardecer





Ana R.

Treinta y tantos otoños.



Hoy se sienta, altiva, en el mismo banco en el que tartamudeaba con 15 años. Mira de frente a su niñez, al recuerdo de sus muñecas en la estantería, y ríe con una risa que es crujido.

En septiembre siempre celebra su año nuevo. Han recorrido vendavales sus venas, y ha sido tormenta cada octubre de sus años vividos. Y sus noviembres llueven arrastrándola en torrente hasta que diciembre se deshace en sus manos.

Tiene raíces fuertes y piel de corteza, que tatuó con un corazón flechado por cada hombre que se enredó en sus verdes ramas.

Hoy ya no tiembla cuando el viento la desnuda y cubre de recuerdos sus piernas. Mira sin miedo al frío, desafiante, empuñando un termo de café. Saca de su bolso un regalo de cumpleaños en forma de libro y deja que se marchiten las hojas en blanco.


Ester Marfer.

Hay algo de otoño en el adiós.


El adiós, esa estación de lo que parte. Aparte. El adiós es quien se queda, se queda en ese movimiento pendular e inverso que marca el ahora en que nos desprendemos, un marca-libros que recuerda la ausencia de la hoja, de lo extinguido entre las llamas del recordar.

El paisaje y sus fauces celestiales alfombradas con los sinuosos bailes de la hojarasca fueron tragando su silueta, mientras un extraño y lento mundo se balanceaba trazando un leve arco, marcando la sutil curva invisible en el dolor del instante, una nostálgica palma que hondea  y es mano y es cuerpo que se aleja hacia adentro, hacia las calles azuladas de la nostalgia, esa ciudad de seda punzante. 

Es adiós que hoy es de bolsillo y también es libertad, porque la libertad también duele y es en el dolor donde se logra percibir sus barrotes. Barro las hojas secas y las guardo en la herida. Aguardo en el secreto entre la herida del filo. En las lagunas otoñales de la mente. En el viento que la hojarasca se llevó. En el fino hilo infinito que va bordando la distancia, que va desbordando el vacío.

Así es como nunca, siempre. Así es como me olvido para recordarte en un intento de ser el testigo de mi  propia ausencia. Sí, desterrarte del recuerdo porque soy olvido. Así me deshojo en el adiós, como el árbol de viento que se lleva las hojas, como este otoño que es el adiós en que nunca te vas.


Alexander Gnomo.

Las cuatro estaciones del otoño


Ya es tarde para quejarse, no hay nada más qué hacer.
Me han hecho aparte y no consigo retomar mi ser.
Estoy tatuado de por vida, si así lo quieren ver.

Hoy vengo a disfrutar este atardecer.
Y aunque no lo crean, mis hermanos parecían enloquecer.
No entienden que los humanos me usan para aprender.
Pero a veces yo tampoco lo consigo comprender.

Fui hoja, fui raíz.
Fui tallo y así siempre fui feliz.
Me transformaron, pero ya estoy de vuelta aquí.
Soy ese árbol de otoño, con las hojas sin fin.

Al caer


Abrió los ojos de un crujido y se encontró con su niña interior rompiendo todas las hojas en blanco.
Aún transitando entre su estado hipnagógico, las boronas de sueño sobre los párpados se confundían entre los sinuosos retazos de papel ante el despertar.

Entre sueños vio a sus recuerdos, queriendo pintar cobrizos atardeceres sobre los trozos en blanco que caían. Viendo cómo danzaban los colores, se creía un rompecabezas de su propia vida.
Se marchitaba en el intento de no sentirse perdida.
Había acometido una aventura, se dejaba a sí misma dormida, atrapada. La niña había despertado y bajo sus pies una hoja en blanco.

El viento le despeinó los ojos, susurrando que llegaba el frío. Y la niña se bañó en la lluvia que la desnudaba, que la convertía en mujer.
Así caía, se desprendía, se vestía de la desnudez trazada por los nuevos vientos, por los viejos recuerdos que alfombraban sus nuevos pasos.

Remolinos de su otoño enredaban su melena. Leía historias marrones en las marcas de su piel olivo. Historias marchitas que el viento se había llevado hace tiempo.
Con cuerpo de siluetas abstractas, por la falta de identidad. Ya no sabe si proviene de un árbol o le debe su vida al tiempo, que la enseñó a amar.
Se desprende de sus cabellos una tempestad, y la carga del pasado aletarga su paso, abandona el cansancio en cada palabra. Ella es la hoja que cae.

Cae y se hace nostalgia, cae al otro lado de la ventana, resbalándose entre el dibujo de las gotas de lluvia. Atrapada por una manta y un café.
Hondeaba y se precipitaba. Llovizna de verde. La savia desprendida de una palabra enraizada, así se lleva, como el viento y la noticia que nace en la hojarasca.
Se desprende de sus raíces. Danza, danza esa niña con el viento. Se va con sus sueños a teñir de recuerdos los pasos de aquel caminante distraído.

Dice adiós, sabiendo que es un hasta luego. Se va deseando que su niña interior sea más que sólo un recuerdo.
Descubre la ventana a la mujer que sueña, que vive, descubre el frío del alma de quien sonríe. El amanecer despierta, con el otoño en sus labios.



Team Otoño, por: Ester Marfer, Alexander Gnomo, Ana Rojas, Fernando Ruiz y Ronald Dávila.

in-vierno

estornudo a varios sentimientos bajo cero
(oh, the winter, the winter)
se me caen las hojas secas
como huyendo

me alegra el ave
que se posasobremisramasdesnudas
el viento sonríe en sus esquinas
anuncia
-con un susurro breve-
que el sol viene

adiós, invierno.

Invierno



Cayó el invierno en tus ojos y entonces se llenó la calle de los recuerdos de un frío que congeló la última 
imagen de un suspiro aún latente, aún caliente en el pecho.
Era tu beso, el último que recuerdo. El que se abrazó a la vida negándose a soltarla. El que se quedó viviendo entre los labios y el sabor de nuestras noches largas.
El que caía en el cuerpo como ángel sin alas.
El que movía al mundo cuando nos quedamos quietos.
El que se negó a morirse aunque nosotros nos fingimos muertos.
El que se congeló en el tiempo y nos convirtió de hielo.

Silvia Carbonell L.

Dicen que soy invierno



Dicen que soy invierno,
dicen que duelo.
Juran que soy tan fría
que ya no siento.
Piensan que no me atrevo
a latir a fuego.
Creen que mi tormenta
te apaga el cielo.


Nunca me ven el llanto
cuando lo lluevo.
Nadie quita la nieve
de mis recuerdos.
Yo que busco tu abrazo
a través del viento,
veo como se oculta
mi sol y tiemblo.


Dicen que soy invierno,
y dicen: no quiero.
Juran que soy tan dura
que ya no temo.
Piensan que habré gastado
todos mis sueños.
Creen que estoy tan triste
que ya no vuelo.


Nunca me ven la savia
que bulle adentro.
Nadie besa las ramas
de mi árbol seco.
Yo que busco tu risa
detrás del hielo,
veo como te alejas
de mí y me muero.

Neva


Neva

Yo sé, no renaces, sea,  
ya lo evade, lo supe.

Será, musa allá va, la caletre nieve.
La cité, no falle aroma,
eco no callar, ámala.

Neva, ya di nevar,
allá hay reno, polos.

Raro llama amor,
ahora mal se asoma.
Frío seré.

No renaces de sal,
Allá cielo leí, hielo leí,
calla la sed seca, nerón eres.

Oír, famosa es la mar.
¡Oh!  Aroma  ama llorar solo.

Poner ya, hallar avenida,
ya ven a la mar, allá conoce amor a ella,
fonética le ve.

Inerte la cala, valla a su mar ese puso,
le da, ve ola ya, es seca, nerón.

Eso, ya ven.





Por Pepe Aguilar Alcántara
@PepeAA

Mirándote en el espejo, invierno



 Entonces veo a mis ojos, mirándome en silencio:


          el   en el espejo   yo soy
    invierno   en el espejo   tú eres
          es   en el espejo   él es
          la   en el espejo   ella es
      sombra   en el espejo   usted es
reflejándose   en el espejo   nosotros somos
 eternamente   en el espejo   vosotros sois
          en   en el espejo   ellos son
          el   en el espejo   ellas son
      espejo   en el espejo   ustedes son


 Esto pensó otro Rubén
                        mirándose en el espejo.


Un cadáver muerto de frío

De lo poco que queda rescato las cenizas. Porque las cenizas son invierno, y el invierno siempre se queda.
Cenizas que son paisajes grises llenos de risas en forma de eco, un eco frío llamado invierno.
Sé de mis ramas secas y mis tormentas, pero poco sé del calor del fuego, tal vez porque no se queda.
Y mientras se marcha me lleva, y es mi alma desnuda quien se queda, fría, inerte y poco a poco indiferente del paisaje que la rodea.


No he sabido acoplarme a esto que llaman realidad. Porque quién sabe, podría haber primavera, pájaros y yo tengo copitos de nieve en el menú cada día. Quién sabe...

¿Para qué pensar en lo que pudo ser pero que sólo quedó en quimera? ¿Cómo pensar en lo que es si sólo es desierto en esencia?
Esencia de un desierto blanco, frío, triste, solo, pero al final de cuentas, húmedo. Humedad que le sirve para recapitular, recalcular, renacer y florecer a través de la experiencia.
Tal vez me apago y me duermo, pero no sólo despierto tormentas, también me abrazo a tu hogar si sabes encender mi fuego.
En medio de tanto invierno, aún soy capaz de cubrir tu fuego, de pintar de hielo tus labios secos. Soy capaz de vestir de blanco el paisaje entero, de abrazar tu cuerpo y cubrir de lleno con calor lo que parece muerto.
Y ahora, a orillas de este piano triste, me siento a esperar algo que no conozco, pero que resuma esperanzas.

Porque después del invierno viene lo nuevo, primavera le dicen, idea efímera. Flores muriendo en un florero.
Flores cubiertas de hielo, muriéndose por dentro, para resucitar de nuevo. Flores cubiertas de hielo, cargadas de calor interno, para volver a ser invierno.

Yo soy invierno de hielo. Invierno con sabor a eterno. Yo duro porque soy duro. Siembro sólo por dentro.
Si soy invierno, ¿qué sos vos?
- “Primavera”, dijo el viento, canto anidando color.
Alma libre que surge del frío y del miedo. Alma nueva que nace del río y del siento, alma cálida que entrega en tu mano el calor.

Entonces cerré los ojos en medio de la noche y me dormí al calor de mis recuerdos más antiguos: una bicicleta, una moneda, unos abrazos. Esas cosas que ayudan.

Por Rubén Ochoa,
Pepe Aguilar Alcántara,
Mariana Aran,
Silvia Carbonell L. y
Dennis Romero.

martes, 18 de septiembre de 2012

En la bruma


Ana R.

Desde el otro lado de la cama



Como aquella vez en que la muerte enredó sus
dedos entre mis sábanas. 
Estoy aquí, ahora cobijándola  entre mis capas
más oscuras.

Abraso el sueño con la duda flotando sutil, 
como asomándose al precipio; 
ese donde se respiran todas las sospechas.

Esa misma que me mira desconcertada, 
tratando de arrancarme el miedo que
sólo a mí me pertenece.

De este lado soy  un bramido de algo que
todavía no muere, 
un instante dentro de un universo que colapsa
con el destino; el mío.

De este lado nada viene y nada va, aquí soy un 
par de ojos llenos de un vacío pusilánime,
la sombra silenciosa que duele y que olvida marcharse.

De este lado soy sólo una ilusión óptica. 


Alma E. Palma



Cualquier cosa (IV)

Fue el día más largo. Al fin dormían los niños después del pastel de cumpleaños. Al fin se sacó los tacones, y estaba de pie, descalza, mirando el reloj sobre la chimenea. Le gustaba sentir la alfombra entre los dedos, escuchar el tic tac implacable que parecía recordarle cada cana cuidadosamente teñida y peinada, cada arruga disimulada bajo el impecable maquillaje. Desde la cocina, escucha la voz de la mujer que narra las noticias como un eco distante. La gente se mata a tiros todo el tiempo. No sólo es rápido: es definitivo. Pero es impúdico. Sabe que no puede ni alzarle la voz a su marido en público. No podría darle una muerte que quede a la vista de todos. Además, no tiene un arma, ni modo de conseguirla. La gente se mata a tiros todo el tiempo, pero así no va a matar a su marido. Así no.

(continuará...)

Profundo


Profundo



Profundo es el mar,
El mar es azul,
Azul es el cielo,
El cielo es infinito,
Infinito es un número,
Un número es entero,
Entero es un adjetivo,
 Un adjetivo es un complemento,
Un complemento es un accesorio,
Un accesorio es secundario,
Secundario es relativo,
Relativo es el tiempo,
El tiempo es oro,
El oro es un mineral,
Un mineral es natural,
Natural es lo nuestro,
Lo nuestro es profundo,
Por lo tanto, tú eres mi mar.


Por Pepe Aguilar Alcántara
@PepeAA

Azulado

La luz que inunda los espacios al anochecer siempre me ha provocado la sensación de paz. Será que la calma siempre esta ausente a causa de los recuerdos, son muchos pero el mas recurrente es aquel que preserva la imagen intacta que tengo de ella.

Cada día salía al alba, sublime imagen que enmarcaba su acostumbrado gesto de alzar la ceja al cruzar por mi acera. No sé si me juzgaba a mí, a la casa o a la horrible cortina de la cocina, tal vez era un reflejo involuntario que escondía algún deseo hacia mi; de todas las opciones siempre preferí esa. Recreaba su psique, daba las interpretaciones que me apetecían, las saboreaba con el café y salía al trabajo todavía con la sobremesa de sus miradas; siempre la misma secuencia de ojeadas y el mismo alzar de su ceja poblada.

Los fines de semana no tenia la oportunidad de desayunar con sus vistazos, así que dedicaba la mañana a leer la novela en turno y hacerla protagonista de la historia. Sin duda, cualquiera de las descripciones podía ser la de ella, así que disfrutaba inventándola a mi antojo.

Lo que desbordo mi ansiedad fue lo ocurrido el sábado. Yo, café en mano, la vi correr desesperada. Me levante de un salto, derrame el café sin importarme el desastre causado ni la taza rota; tan escrupuloso que soy. Salí corriendo de la casa pero su figura desesperada ya se había desvanecido. ¿Qué habría pasado? ¿Quién era ella en realidad? Comencé a crear mil dramas y explicaciones, uno siempre termina por imaginar lo peor de una situación como esa, así que me tranquilice con la pastilla de siempre y opte por no seguir el hilo de la historia, lo único real es que ella no era parte de mi vida, solo era mi entretenimiento en el desayuno.

Espere varios días y no apareció, el desayuno se convirtió en la parte mas angustiante del día. Empecé a sentirme culpable, pude haberla alcanzado, me rondaba la idea de caminar por la calle y tal vez encontrarla por ahí, solo para verla y tranquilizarme. Días después, siguiendo mi acostumbrada rutina y sin esperarlo, la vi acercarse de nuevo pero esta vez su mirada era de nostalgia, caminaba mas lento. Tome una bolsa de basura a medio llenar y salí. Deposite la bolsa en el basurero tratando de parecer espontáneo y fue ahí cuando sus ojos me miraron directamente. Me recorrió un escalofrió indescifrable que jamás había sentido; no era una persona común, me di cuenta de aquello al estar cerca, al sentir su olor y su pálida piel. Me intimido y decidí entrar en casa, tome la pastilla y me hundí en el sofá. Las instantáneas aparecían en desorden en mi cabeza. Ella gritaba horrorizada, corría por el apartamento y de repente, un lago azulado por la oscuridad la enmarcaba. Desperté en medio de una crisis de pánico al día siguiente. Me ahogaba, así que tome otra pastilla y salí a tomar aire. El periódico me esperaba, le di una rápida ojeada para calmar los nervios y de repente surgió aquella foto blanco y negro de ella en medio de aquel liquido grisáceo, y al costado de su hermosa pierna izquierda, el cuchillo para carne que yo había perdido desde hace días.

Nilza Vargas
@Plavalagunazul

Aquí te espero

¿De qué sirve dar si al fin y al cabo terminaremos de dar?

Ojalá que fuera siempre, ojalá que nunca acabase de dar. Ojalá que mi vida siempre este llena y completa, tanto que siempre que dé, quiera yo más y más más que dar.

Para cuando reciba no exista yo más. Menos que nada espero tener.

Mucho que todo lo que exprese mi ser. Agradecer lo que se da, es mejor que esperar recibir.
Recibir tu ira, recibir enojo, da más espacio al alma que da. No lo confundáis. Esas humillaciones, esas lástimas, esos maltratos son espacios que dan fuerza para dar. Para mejorar, para olvidar a quien nos propino la vergüenza de no haber hecho bien el trabajo.

Pues bien, hoy tengo ESPACIO, HOY HAY VACÍO EN MI SER.

Sólo te espero a ti, mi elegido, mi amor, ¿existes?, por Dios que me busca más que yo a él.

¡Qué me añora más que yo a él!
¡QUÉ MÁS VACÍO QUE YO SE ENCUENTRA!
Sólo que Dios espera a que expire la cuenta.
La cuenta de días que esperan que estemos juntos, que nos demos y nos amemos.
¿Cuánto más habremos que esperar?
¿Cuánto más debemos de quitar?
Aquí intacta estoy entera, estoy feliz.
Aquí te espero,
La Pirata…

Pirata Justiciera (Anxelina Eskobar)
@La_Pirataaa
http://amorjusticiero.wordpress.com

Tuyas son mis ganas

Digo tuyas aunque en realidad son mías porque las conozco, me pertenecen, yo las inventé en este vago y banal mundo, el mundo de mis ideas. Estas ganas que no conocen límite ni saciedad de ti, de tu cuerpo, que cuando estas dentro te sienten tan mio, así, donde tu sexo se entrega y el mio responde tal y como si hubiera esperado por el desde siempre.

Hacemos de la mirada un espejo, tu mirada excitada y febril se cruza con el café de mis ojos, que te anuncian que mi labios aun hambrientos de ti están, los minutos pasan volando, es tanta la conexión que por un momento creo que los que volamos somos nosotros prendido uno del otro y no el tiempo, podría tenerte dentro toda la noche húmedamente y sin rechazar el instante en el que se aproxima el mejor de los finales, dónde llegar es alcanzar, subir poquito a poco hasta conquistar y descargar la emoción guardada de un orgasmo, donde nuestros cuerpos extinguidos revelan el placer sucumbido y el alma anuncia que somos dos hechos uno solo.

Yadira Silva
@yadizdasilva

Una noche de verano

A pesar de los años pasados
no puedo evitar el recuerdo
de una cálida noche de verano.
en la que nuestro amor confesamos.
Sobre la arena sentados, unidas
nuestros manos, rebuscábamos
entre ella un especial y único grano
en el que dejar nuestro amor guardado.
Compartíamos el común miedo
de que los vientos nocturnos
arrastrara con ellos nuestro
joven y tierno amor allí encontrado
No fue mucho el tiempo que fuimos
dueños de él, se nos fue, aún no sé
cómo, si arrastrado por la mar, o,
escapándosenos de las manos.
Sólo sé que cada vez que paso
por aquel rincón de la playa olvidado
me pregunto qué es lo que hizo
que perdiéramos el tesoro allí encontrado.


Daria
@Madrecelta
http://cosasdannu-madrecelta.blogspot.com.es/
http://cosasdannu.blogspot.com.es/

Haces de sombra

Me pregunto si las sombras mueren también
o si son la prueba de la existencia del alba.
Son un pedazo de noche en pos del subsuelo
o nuestro espejo natural.
Las sombras fueron el primer espejo del hombre...
y ¿Qué es de ti, sombra, por las noches?
¿En dónde aguardas al día?¿Te vuelves todo?
¿Te vas con todas las sombras de todos y todas las cosas y te haces llamar noche?
Déjame auscultarte el alma, sombra, que si de algo estoy seguro es de tu presencia; como en esta mano que escribe, tú escribes tan bien.

Esteban A. Díaz.
@Estertor__

A veces doy uno o dos pasos


A veces doy uno o dos pasos.
No importa si son hacia adelante,
hacia atrás o hacia el costado.
La cuestión es que dejo
los pies bien plantados,
cierro los ojos,
cruzo los brazos,
y me alejo silbando.
Es que a veces necesito
quedarme callado
para escuchar al silencio
que tiñe mis manos.
Y entonces mirarme a los ojos
con los ojos cerrados,
preguntarme cómo estoy,
qué me está pasando,
que por qué grito,
que por qué tan desesperado.
Y contestarme guiñando un ojo
casi como murmurando,
que nada, que todo, que no importa tanto.
Y mandarme a dar una vuelta
por los tejados,
hasta que se me pase la locura
o hasta que encuentre al gato.

       Rubén Ochoa

Iglesia atormentada


La belleza dura, lo que duran tus palabras inmortales

Hay huecos que busco en tus palabras 
para cubrirme los ojos y arroparme. 
Para esconderme entre el espacio que me quema,
de lo que nunca dices pero arde.

Hay noches que encuentro entre el silencio, 
las sombras de un incendio que se cae,
Las dudas de unos ojos que me miran 
y me duelen hasta el punto de marcharme.

Hay huecos que yo miro sin voltearme 
y lloran en silencio sin juzgarme.
Hay dudas en los sueños que se marchan 
y no hacen el intento de quedarse.

Hay huecos en el aire que respiro, 
vacíos que no acaban de llenarme.
Hay lunas sin sus noches que despiden, 
al sol cuando está a punto de olvidarle.

Hoy busco en las cenizas del silencio,
el sabor de una boca que no arde, 
el calor de un cuerpo que agoniza 
y amenaza con perderse y olvidarme.

Hay manos que se secan de esperarte, 
hay nubes que se olvidan de nombrarte.
Si repiten entre truenos tu apellido, 
la tierra termina por ahogarse.

Una piedra dice más que mil palabras,
una piedra que camina y que se arrastra.
Que deja en el camino cada huella, 
cada herida y cada mano que sostiene,
lo que dice con dolor de mil maneras.

Un silencio dice más que mil murmullos, 
de voces que no miden lo que hacen.
No escondes la piedra que se arroja,
ni escondes las heridas que tus manos,
aún son capaz de realizarme.

La sombra de un silencio que no duda, 
palabras que se parten mientras nacen.
El callo de una herida que se arrastra 
y el callo que camina sin quejarse.

Las manos que no sirven sin tocarse, 
los ojos que no escriben sin mirarse.
Los riesgos que se toman sin medirse, 
los vasos que terminan por ahogarse.

La duda se columpia con un hilo, 
de voz que se asoma hasta matarse. 
El eco del silencio que se viste, 
de los ojos que miran sin mirarse.

La veda que se guarda entre los huecos, 
carencia que se guarda hasta más tarde.
El rostro que se quema entre mis manos, 
las manos que se incendian sin tocarse.

La piel que repara los incendios, 
los cuerpos que se queman por tocarse.
El cielo que se abre en agonía, 
en busca de un sol donde posarse. 

La gota que derrama la osadía, 
de ser mar con destino reprobable.
Los labios que se muerden con un grito, 
y mueren sin destino de explorarse.

La lengua que se quema en el martirio 
de ser lumbre que apaga los manjares.
La boca que incendia lo que toca, 
palabras u otros labios reprochables. 

Las ganas que se mojan sin tocarse,
insultos que no acaban de matarte.
La sombra que se presta a su martirio, 
de esconder la luz con la que arde.

Los ojos que se queman por un cuerpo 
que a toda vista parece inalcanzable.
La llaga que camina y no se queja, 
porque el dolor lo lleva entre sus mares.

Salada es la duda que le queda, 
y salado el dolor con el que arde.
Con todo nos quedamos y sin nada, 
que parece un destino despreciable.

Con todo lo que arde y lo que quema, 
que se apaga sin la oportunidad de acostumbrarse.
La nada se consume en el incendio, 
y el vacío parece inagotable.

El rostro de tus manos es lo que queda, 
el rostro de mis manos sin tocarte.
La tinta que se arraiga y que no queda, 
que viaja entre el cuaderno y tus mares.

La pluma se levanta y no se queja, 
la tinta hoy parece acompañarle. 
Tu rostro entre mis manos es lo mío 
y el eco de tu voz entre los aires.

Mi rostro hoy te observa y no se quema, 
se quema la piel sin olvidarte. 
Se queman los labios hoy resecos, 
de agonía de ser sol inalcanzable.


Silvia Carbonell L.





martes, 11 de septiembre de 2012

Concurso #ConFábula


Aquí están los ganadores del "Sigue la historia", un concurso #ConFábula.

Aquí una selección de tuits participantes: Storify. 


En tercer lugar, Alix Bauer. @Alixbauer por:  



En segundo lugar, Maribel, @Carretordardita por: 
 

Y en primer lugar, el tuit ganador de "Sigue la historia" es Mars, @Mars_Galaxy por: 


Gracias por participar, estén atentos a la madriguera a futuros concursos. 



crepitar


a veces
el vinilo suena
a fogata

la música
crepita
delicioso

o-l-a-s

la música venía
e iba
como un
océano.

entonces ella se quedaba absorta
la música se quedaba
absorta
al escucharnos navegando
en olas
de silencio.

Novia Fugitiva

Sé la nota


“SÉ LA NOTA”

Dueto no es,
la “fa” tonalidad es.
Es, ama ídolos.

Ama, eso dele.
Ud. es atonal,
raro llama, lo sé solo.

Nací bueno, palpar.
Pop sea, ícono conocí, súmese.

¿Asumes?
Ud. es atonal,
ese Sol ralo va.

Ya la obedecí,
toca ese sisallo, ¿sí?
Sí, medioeval, casual, Eva.

Ya, véame opaco,
pesada nota es, ámala.

Mal Ud., no es atonal ella.
Con esa música nací, súmase,
no calle la nota, se ondula mal.

Amase a tonadas.
Época, poema, Eva.
Ya, vela, usa.

Clave oí de mi, si, sol, la, si.
Sé, sea, cotice.

Debo ala ya volar, lo sé.
Sé la nota,
sed usé, musa.

Ese músico no conocía, es pop, rap.
“La” pone, ubica, ¿no? Lo sé.
“Sol” ama llorar, la nota sé, duele.
“Do” se ama solo, día más ese da.

Dila, nota falseó, note Ud., atonal es.

Imagen tomada de freepik.com

Cualquier cosa (III)

Sentada frente a la ventana abierta, deja que la brisa le refresque la piel. Le quedan un par de horas antes de que los niños vuelvan de la escuela. Tiene que hacer el pastel, darse una ducha y decidir. Decidir cómo matar a su marido. Tantas cosas han quedado fuera de su control. Piensa en decisiones que ahora tomaría de otra manera. No es que dude: está donde quiere estar. No es correcto que una señora como ella tenga dudas tontas. Pero podría haber tomado otras decisiones. Podría estar en otra parte, haciendo otra cosa, ser una persona distinta. Recuerda la mala impresión que le dio el cadáver del gato de la vecina, tirado frente a su puerta. Las patas rígidas, el gesto de dolor, los ojos vidriosos del animal. Tampoco envenenaría a su marido. No soportaría que la mirase con los ojos como vidrios helados por toda la eternidad.

(continuará...)

Alucinando sobre lo que quiere una mujer

Alucinando sobre lo que quiere una mujer

Alucinando sobre lo que quiere una mujer…
Cierta vez, no hace mucho, una amiga me comentó con un reflexivo dejo de nostalgia que echaba de menos los tiempos en los que salía a reventarse con los amigos o quien fuera su pareja, cuando las cosas eran espontáneas y a la vez divertidas; cuando no sabía que iban a hacer y tan solo importaban el aquí y el ahora; cuando imperaban menos la madurez y el compromiso; cuando el descontrol y la búsqueda de satisfacción de los sentidos eran la constante. Y decía que en la actualidad, a la par que echaba todo eso de menos, había una parte de si misma que en ocasiones solo deseaba una velada romántica, buen vino, una larga conversación sobre libros, películas, de horas de charla existencial o de profundizar en algún tema digno de tal actividad.
Se daba cuenta, en efecto, que ahora poseía crecimiento espiritual, armonía y madurez, que se alegraba que en sus relaciones ya no eran lo mas importante el sexo y la atracción física, y sin embargo, aun así echaba en falta la espontaneidad y diversión en su vida, esa alegría que brota de hacer cosas sin planes previos y que éstas resulten para bien o para mal, memorables. Tomaba conciencia que deseaba mayor variedad en el menú de actividades, y no resignarse a unos cuantos platillos, dependientes del compañero o de sus actuales circunstancias y rutina.
Le expresé que soy de la opinión, acertada o no, que entre más joven o inmadura es una mujer es más fácil que se deje llevar por aquellas características que todas las mujeres encuentran atractivas en el sexo opuesto, que son:
1. Riqueza (Dinero, casa, coches, posesiones, etc.)
2. Poder (Empresarial, político, liderazgo, seguridad)
3. Fama (Artística, deportiva, local, popularidad de cualquier tipo)
4. Atractivo (Buena apariencia física)
5. Exclusividad (accesibilidad, casado o con otro compromiso)
6. Personalidad (Sentido del humor, seguridad en si mismo, inteligencia, misterio, clase, alegría, pasión por vivir, espontaneidad, cultura, ingenio, sensualidad, imaginación, etc.)
Que conforme una mujer va madurando -como sea que madure una mujer- y como ser humano en general, sumando experiencia en amores y desamores, sus gustos se van depurando, tornándose mas selectivos, identificando mejor lo que desea en la casa y en la cama, en la calle y de fiesta; esa agudeza para determinar sus deseos la vuelven mas exigente, hasta caer en cuenta, conciente o inconscientemente que ya no le interesan tanto como antaño los primeros 5 puntos en la selección de pareja, si no que el último punto toma la delantera. El pero (¿será que en todo siempre hay uno?) estriba que es tan raro para un hombre encontrarse una mujer extraordinariamente sexy e inteligente, como lo es para una mujer encontrarse un hombre con gran personalidad, excepcional e interesante.
Llegados a este punto, le dije que me parece que un gran número de mujeres (tal vez incluso sin importar su propia edad o madurez) quisieran para si, un hombre con el que pudieran platicar sin aburrirse, pero que a la vez fuera capaz de sorprenderlas con la espontaneidad de hacer cosas distintas y atrevidas, que lo mismo pudieran disfrutar a su lado de una noche de baile, alcohol y lo que engloba el concepto de diversión moderna, como disfrutar del romance y la seducción constante; Deleitarse con memorables veladas románticas donde solo existieran ellos dos; Alguien con imaginación y energía para la cama, pero también con pasión por vivir. Que fuera de temple fuerte, dueño de si mismo en todos los sentidos, en quien pudieran apoyarse y encontrar la seguridad cuando fuera necesario y sin embargo, que no careciera de sensibilidad y capacidad para expresar sus sentimientos y emociones.
Hasta que llega finalmente el momento, que la mayoría de las mujeres, las mismas de las que hablaba antes, que han adquirido cierto grado de madurez y experiencia, a través de una u otra reflexión o de alguna especial circunstancia se convencen que si existe un hombre con tales características, con todos los requisitos para ser su príncipe azul, éste seguramente no se encuentra disponible o a la vista siquiera, y es del conjunto de hombres que muestran algún interés en ellas de donde eligen al que mejor les parece. Regularmente se conforman con aquel que les ofrece seguridad para su futuro, las mas de las veces con el requisito casi obligado que haya algún lazo sentimental de por medio…