martes, 3 de diciembre de 2013

Entrevista a Bonnie Parker

Entrevista a Bonnie Parker

Era la mañana de 23 de mayo de 1934, me citaron en un motel de paso en la carretera de Louisiana, las paredes del hotel eran un recordatorio constante de su baja calidad. En el amplio estacionamiento, sólo se encontraban tres coches, denotando la falta de clientela en el lugar. Por un momento pensé que la mujer que había accedido a darme la entrevista era simplemente una estafadora que me había hecho caer en un laberinto sin salida, pero no me podía dar por vencida después de todo el trabajo que me había costado acercarme a los hechos, y en el breve momento donde estos pensamientos cruzaban mi cabeza, mis nudillos golpearon varias veces contra la puerta del motel que llevaba el número 7.
Abrió una mujer pequeña, de 1 metro 50 aproximadamente, con una figura esbelta y una cara contradictoriamente bella, pues reflejaba la delicadeza de una dama y al mismo tiempo la rudeza de una mujer a la que no quieres ver enojada. Fue ese momento de inspección visual mutua, cuando me di cuenta de que tenía en frente de mí a Bonnie Parker.
Bonnie tenía acento sureño y hablaba con rudeza, además de que se asomaba constantemente por la ventana mirando con expectación, como si esperara a su amante, Clyde, o peor; a la policía.
Lo primero que dijo al recibirme fue “hagamos esto rápido, porque no hay mucho tiempo” y a pesar de que su afirmación despertó cierta curiosidad en mí, supe al instante que era el tipo de afirmación que siempre lleva un trasfondo pero nunca una explicación. 
Al paso de unos minutos empezamos a sentirnos más cómodas pero también sentíamos la insoportable y constante presión del tiempo que caía sobre nosotras, así que decidí adentrarme con la entrevista.
Estar sentada frente a una de las criminales más famosas y buscadas de la década te hace pensar qué tipo de preguntas pueden ser prudentes por tu seguridad, pero como la joven y ansiosa periodista que era en esos tiempos, mi curiosidad tenía mucho más peso que mi prudencia.
Las primeras preguntas y respuestas fueron banales, hablábamos de su infancia de la que declaró, no tuvo nada fuera de lo común excepto la pérdida de su papá seguida por una depresión económica que hizo que ella, su madre y sus dos hermanos vivieran en extrema pobreza.
“Y a pesar de no tener grandes posibilidades económicas, mi madre trabajó para que mis hermanos y yo fuéramos a la escuela, quería darnos la oportunidad de ser grandes personas cuando creciéramos.” dijo mientras soltaba una pequeña carcajada llena de ironía, como si al hablar del futuro que su madre quería para ella se diera cuenta de que había recorrido un camino completamente diferente al que se imaginaba en su infancia.
Bonnie encendió un cigarrillo y comenzó a decir:
–Supongo que los “cuando sea grande” que dices en la niñez nunca los cumples en la edad adulta, pero tampoco me podría haber imaginado jamás que de grande terminaría casada con un delincuente y después conocería otro que haría que yo también fuera una. – dijo, soltando una risa forzada, como si hubiera escuchado un chiste de mal gusto.
–Pero no lo has hecho por obligación, ¿o sí? Debe haber algo que te haya forzado a estar en donde estás.– dije con la voz cortada y tambaleante, por los nervios que me provocaba poner mi seguridad en más riesgo haciendo este tipo de preguntas.
–No, no soy el tipo de mujer que hace algo por obedecer o complacer a alguien más. –dijo con un tono grave y algo feroz, como si la hubiera ofendido mi afirmación. –Más pienso que las situaciones son las que te hacen, porque la vida no es un menú, no podemos escoger lo que nos parece agradable o adecuado, simplemente llegan las cosas, como un desastre natural.–.
–Ya que lo pones así, me gustaría que me contaras las situaciones que te trajeron hasta aquí. –dije con cierta duda en la voz, pero mucho más segura que antes.
Bonnie quedó pensativa unos instantes, me preguntaba si era porque no quería contarme cómo llego hasta el punto de ser una de las criminales más famosas en Estados Unidos o porque estaba tratando de recordarlo, un pequeño tosido interrumpió mis pensamientos y fue ahí cuando retomó el hilo de nuestra conversación diciendo:
–En mi adolescencia disfrutaba mucho escribir, escribí muchos poemas y algunos cuentos cortos, pero entré a esa edad donde la hormona da más que la neurona y conocí a Roy, el apuesto y amable Roy, yo sé que casarse con tu highschool sweetheart es un cliché pero él llego a mi vida como el hombre que buscaba tan desesperadamente en mis libros de literatura. ¿Has oído que a las mujeres se les enamora con palabras? – dijo mirándome con expectativa.
Sonreí y asentí.
–Pues es cierto. Yo había oído cosas bastante malas de él pero no me importó, para mí era el típico hombre malo que todas las mujeres quieren cambiar y salté a esa relación sin pensar en nada ni nadie más. Supongo que siempre he sido así. En fin, a mis 16 años ya estaba casada con el que pensé que sería el hombre de mi vida. Pero como en la literatura y en la vida; plot thickens (las cosas se vuelven más complicadas o interesantes). Un año después de casarnos, lo atrapó la policía por estar involucrado en varios robos, entró y salió de la cárcel una varias veces, además desaparecía por periodos de dos semanas y yo estaba tan estúpidamente enamorada que lo único que hacía todo el tiempo era esperarlo. Pero la tercera vez que lo atraparon, en diciembre de 1927 me dije a mi misma que ésta tenía que ser la última, mi vida no podía depender tanto de mi hombre, el delincuente. ¡JA! –rió. –Qué ingenua era.
Bonnie se paró y entró al baño del cuarto del motel, sentí el impulso de revisar sus cosas, pero en realidad no había mucho que revisar. Había un par de maletas con la ropa a medio meter, revuelta y desdoblada por encima, la cama estaba deshecha y revisar los cajones haría ruido, cosa a la que no me podía arriesgar. En ese momento Bonnie salió del baño, se sentó frente a mí, justo donde estaba momentos antes y me miró con la rudeza que caracterizaba su mirada y dijo:
–¿En dónde estaba?
–No aceptarías a Roy de regreso–Contesté con timidez.
–Cierto. Pues hice todo lo que hacen las mujeres solas, engañadas y con el corazón roto: fumé mucho, tomé mucho y llame a una de mis amigas más cercanas, con la que decidí escapar una semana después.
Bonnie calló unos instantes y aproveché la oportunidad silenciosa para resolver la duda que comenzó a molestarme desde que declaró que había decidido escapar una semana después:
–¿Pero por qué escapar? ¿Sufrías algún tipo de violencia por parte de Roy?. – Bonnie me miró con una furia sagaz que me orillo a pensar que mi ansiosa curiosidad había despertado recuerdos tormentosos en ella, pero mi intuición estaba equivocada.
–¡Jamás me golpeó, si eso es lo que quieres decir! – anunció con sorpresa e ira en su voz al mismo tiempo. Los seis segundos que tardó en retomar el hilo de nuestra entrevista me hicieron pensar que era el final de ésta, incluso me exalté un poco cuando volvió a hablar.
–Una no huye de las peleas y problemas maritales, incluso de los problemas en general. Una huye de una misma. La persona que yo era cuando tenía frente a mí al hombre de mis sueños no me gustaba, jamás hubiera tenido el valor necesario para dejarlo de tenerlo ahí en frente, una mirada bastaba para convencerme de que sus brazos y su tumultuoso mundo era el lugar donde yo quería estar. Por eso huí. Para convencerme a mí misma de que merecía algo mejor, de que NECESITABA –enfatizó– algo mejor.
En ese momento su ira se había desvanecido y regresaba la fría, calmada y pensativa Bonnie. De pronto hablo rápido y golpeado, atropellando sus palabras diciendo:
–Por unos minutos olvidé que tenemos poco tiempo, y el primer amor nunca ha hecho famosa a nadie– sonrió – así que al grano, vayamos a lo que todos quieren saber; mi vida con Clyde. –
–Supongo que tendrás muchas cosas que hacer, pero en lo personal puedo decir que encuentro tu vida entera fascinante, incluso las partes donde no está Clyde. –dije con una voz chillona, nada digna de periodista, pensé, más como de aduladora, pero aunque las palabras no salieron como quería, sí sentía todo lo que dije en ese momento.
Bonnie sonrió forzadamente ante mi comentario y dijo:
–No es que a mi no me parezca fascinante, pero supongo que “Bonnie deja a Roy” nunca va a atraer la misma atención que “Bonnie y Clyde, los criminales del siglo”. – Rió y la acompañé con más risas.
Momentos después paramos de reír y Bonnie continuó con su relato:
–Para no alargar esto más de lo necesario, te digo que planeé mi fuga, huí con Rose Mary y planeé nunca más voltear atrás. El año de 1927 había terminado y con el, mi historia con Roy. Pasó todo el año y aunque salí con más hombres, mi mente estaba enfocada en que nunca más encontraría el amor y a finales de ese mismo año Roy me encontró a mí.
‘–A pesar de que hice mi mejor poker face y le deje claro que lo nuestro era historia vieja y no volvería a suceder, esa fracción de minutos en los que lo vi, destruyó todo lo que yo llevaba un año construyendo; mi fortaleza interna. –dudó unos instantes y prosiguió– Aunque ahora que lo pienso, no me destruyó por completo porque no volví a él. El punto es que después de esto, tenía que llenar cada segundo libre de mi tiempo, pues si me daba tantito tiempo para darme cuenta de mi obvia soledad, regresaría corriendo a los brazos de Roy. –
Se escuchó el ruido de un coche estacionándose en el motel y Bonnie saltó hacia la ventana para asomarse. No sé quién creería que sería pero al ver que no era quien ella esperaba retomó su asiento con tranquilidad y sin decir nada al respecto, continuó:
–En fin, comencé a trabajar de mesera en un restaurante de hamburguesas en la carretera y ahí conocí a Mary Baker, la gerente de lugar y dentro de poco tiempo, mi amiga. Los días eran monótonos en ese cenadero de mala muerte, pero al menos me mantenían ocupada y con la poca entrada de dinero pagaba mis gastos. Pero eso sí, pagar los gastos no es lo mismo que pagar los gustos –sonrió fríamente mientras giraba el anillo que llevaba en el dedo anular de la mano derecha– y yo sabía que eventualmente tendría que salir de ahí.  
Le pedí un momento para cambiar la cinta de mi magnetofón y moví las manos nerviosamente, sintiendo la presión del tiempo y su mirada mientras la cambiaba. Cuando terminé sólo dije:
–Disculpa la inconveniencia, continua, por favor.
Y ella siguió hablando como si mi interrupción nunca hubiera sucedido:
–Recuerdo a la perfección la tarde fría de enero en 1930 en la que Mary resbaló con un pequeño charco de café que había en el suelo del restaurante –rió– fue un movimiento tan torpe que en ese momento no pude contener la risa, pero segundos después vi que estaba realmente lastimada y 2 horas después, el doctor en turno del hospital de la carretera confirmó mis sospechas diciéndome que Mary tenía el brazo roto. La pobre no podría hacer nada durante dos semanas, así que avisé que me tomaría el día siguiente del trabajo para estar con ella. Dormí en su casa y cociné para ella. A la mañana del día siguiente empezó a recibir tantas visitas que parecía que se fuera a morir. Para la tarde de ese día yo ya estaba malhumorada y exhausta de ser la anfitriona pero no podía dejar a los invitados afuera, así que al oír el timbre corrí a abrir y fue ahí la primera vez que lo vi. –
Desde el momento que entre al sucio y desordenado cuarto del hotel, no había visto que la calidez de la sonrisa de Bonnie alcanzara a su mirada, y fue hasta el momento que empezó a hablar de Clyde, cuando me di cuenta de que toda esa dureza era un caparazón, ya que si de amor se trataba, Bonnie era tan sólo una mujer más.
–Clyde me miró y por unos segundos quede completamente paralizada, pero baje los pies a la tierra de inmediato y seguí siendo la anfitriona como si nada. Bueno, no como si nada, porque de vez en cuando Clyde y yo intercambiábamos miradas de flirteo, llenas de intención. “Ahí hay algo” pensé, y cuánta razón tenía. –dijo irónicamente– Al final de la velada, Clyde me llevó a la cocina y me besó, y desde ese momento supe que este hombre era mi salvación y destrucción.
Bonnie se levantó y sacó del refrigerador miniatura un agua embotellada, empezó a tomársela intranquila, como si hablar de Clyde fuera un ejercicio agotador y me miró de reojo. Volvió a sentarse y prosiguió:
–Como puedes entender, Clyde y yo estábamos destinados a estar juntos, después de nuestro primer encuentro nos veíamos con mucha frecuencia y cada vez era más difícil separarnos. Teníamos tanto en común; nuestro amor por las armas de fuego, nuestra afición por los coches rápidos y le encantaba leer mis escritos. Todo apuntaba a una exitosa relación. Claro que las cosas simples en algún punto se vuelven complicadas, y en cuanto llegó la depresión económica yo perdí mi trabajo y Clyde el suyo,  volviendo la búsqueda de trabajos un callejón sin salida.
‘–Ya cuando nuestros recursos se estaban acabando, se me ocurrió “La idea”, estábamos recostados sin lograr quedarnos dormidos y le dije: “Los dos amamos las armas de fuego, poseemos un par y nos gusta la adrenalina de los coches rápidos” Clyde me miró extrañado, como si lo que acababa de decir sólo fuera un recordatorio de lo mucho que teníamos en común, así que le tuve que explicar: “Clyde, piénsalo, porqué tenemos que sufrir nosotros los recortes económicos y el gobierno se puede seguir dando una vida de lujo, el pueblo ha perdido dinero, los bancos no. Eso es lo que necesitamos, asaltar un banco.” Concluí dudosa porque él me miraba extrañado, pero al paso de unos segundos su semblante cambió y dijo “Es un gran riesgo Bonnie, podríamos perderlo todo, podría perderte a ti” y a pesar de que la simple idea de estar sin él me destrozaba por completo, si moríamos de hambre tampoco podríamos estar juntos y una vez que me enterco con una idea es imposible sacarla de mi cabeza. –enfatizó mientras ponía su botella de agua encima de la cama destendida– Claro que convencerlo me tomó un par de días, no le hablaba de otra cosa y le enseñaba planos e ideas de cómo lo haríamos, hasta que finalmente accedió diciendo con la cara más sería que su amable rostro podía hacer: “Está bien Bonnie, lo haremos. Pero no creas que empezaremos en las grandes ligas, primero asaltaremos una tienda y una gasolinera, dependiendo de cómo salga eso pasamos a los bancos”. –
Bonnie se quedó callada durante un minuto entero, me daba la impresión de que sentía estar leyendo su diario desnuda en un auditorio, pues me estaba contando su vida entera, tal vez su cuerpo estaba tapado con su larga falda negra y su blusa con cuello de tortuga, pero su alma y mente estaban al desnudo frente a una completa desconocida, y ésta desconocida iba a publicar sus memorias e historias. Así que deje que tuviera su minuto de duda con la esperanza de que mi entrevista no acabara ahí. De pronto, casi como si Bonnie leyera mis pensamientos, continuó:
–Es tonto contarte cada uno de nuestros crímenes a lujo de detalle porque todos han salido en el periódico. En una ocasión incluso metieron a Clyde a la cárcel, pero lo bueno de tener la cara que tengo es que casi siempre me puedo salir con la mía, y metí en mis braguetas 2 pistolas el día que lo fui a visitar. Sólo bastó que el oficial se distrajera tres segundos y ¡Pum! Ya estábamos afuera. –dudó un instante sobre lo que iba a decir pero decidió sí decirlo– Lo más probable es que en el cuaderno que traes con las preguntas que me harías, venga algo sobre los 10 hombres que asesinamos, y me adelanto a contestarte: ¿me pesa en la conciencia? No, no eran personas que conocía y seguirían vivos si no se hubieran puesto en nuestra vía de escape, y eso sí, mi seguridad y mi vida junto a Clyde, van antes que cualquier persona, me pesaría si le hubiera disparado a mi hermano, pero si él era el que se interponía entre mi salida y yo, lo hubiera hecho de todos modos. Y aunque nos vean como los enemigos de Estados Unidos por hacer lo que hicimos, pienso que cualquier persona lo haría si tuviera el valor que Clyde y yo compartimos, pero pocas personas se atreven a admitirlo.
Me miró como si esperara ver en mi rostro alguna emoción de miedo, enojo o tristeza pero mi sonrisa fue inamovible, no porque no tuviera opiniones sobre lo que acababa de decir, sino porque darlas me hubiera costado el resto de la información.
–Algunas personas piensan que es tu amor hacia Clyde lo que hace que cometas los crímenes que has cometido ¿Qué dirías a eso? – pregunté.
–¡Ja! –rió Bonnie– no niego que el amor te orilla a hacer cosas estúpidas pero en este caso, la idea fue mía, y la ejecutamos juntos.
–¿Y han pensado en parar de hacerlo? Quiero decir –balbuceé nerviosamente– ¿se fijaron un límite de robos o planean hacerlo de por vida?
Bonnie me miró pensativa unos segundos, como si fuera a revelar un gran secreto, y mirándome fijamente a los ojos dijo:
–Esta no era una “carrera” de mi elección, y cuando Clyde estuvo en la cárcel le pedí que ese robo fuera nuestro último, una parte de mí sí quería esa vida normal, esa vida que implica salidas naturales, donde no te tengas que esconder,  –explicó– una vida con niños, una vida donde pueda visitar constantemente a mis hermanos y a mis sobrinos, pero una semana después de enviarle la carta le dictaron una sentencia de diez años. Yo no iba a vivir diez años sin él. Mi corazón y mi cuerpo no lo aguantarían. Siempre supe que ese hombre era mi salvación y mi destrucción.
Su ojo derecho derramó una lágrima que delataba el dolor reprimido que sentía esa mujer tan multifacética. Y a pesar de que había dicho lo contrario, su expresión decía que sí se arrepintió de la vida que escogió. Se limpio la lágrima de la forma más discreta que pudo hacerlo y continuó:
–Después de planear la fuga, no había más. Éramos los criminales más buscados de Estados Unidos, nuestra vida es el robo y la huida constante o no tenemos vida, no nos podemos perder el uno al otro, nos necesitamos y más que eso, nos complementamos.
Nuevamente se escuchó un auto estacionándose en el motel, Bonnie volvió a saltar a la ventana, miró hacia fuera unos instantes y volteó completamente apanicada a decirme:
–¡Es Clyde, tienes que irte!
Mi cuerpo y mente se entumieron durante un largo momento y no sabía cómo reaccionar. Ella insistió:
–¿Qué no me escuchas? ¡VETE! Tenemos una cita en menos de media hora y si se entera de que pasé mi día dando una entrevista sobre nuestra vida íntima, nos matará a las dos. Sal rápido de aquí y finge que sales de otro cuarto, yo me encargo del resto. ¡Ahora vete!
Metí mis cosas a mi enorme bolso y salí sin poderle agradecer a Bonnie la entrevista, sintiendo varias gotas de sudor rodando por mi frente, corrí al cuarto número 5 mientras de reojo observaba que Clyde se perdía dentro del techo de las escaleras. Todo paso tan rápido que me es imposible recordar en qué momento subí a mi coche y volví a Texas.
Ese día, la tarde del 23 de mayo de 1934, Bonnie y Clyde fueron traicionados por uno de sus cercanos y encontrados por la policía. Pero como el par de humanos tercos que eran, huyeron de los oficiales, lo cual ocasionó una persecución de hora y media hasta que la policía comenzó a disparar en el FordV8 que llevaban.
Imagen tomada de Wikipedia
Se encontraron 167 agujeros de bala en el coche, cosa que ocasionó la muerte de nuestro Romeo y Julieta contemporáneos. Más tarde el Doctor White, reveló que la autopsia demostraba que Clyde murió instantáneamente por un balazo en la cabeza y Bonnie no sólo tuvo que ver a su amante morir, sino pasó por el lento proceso de desangrarse por una bala en el estómago.
Cuánta razón tuvo Bonnie al decir que Clyde era su salvación y su destrucción.


Daniela Nicolini



Amor a primer golpe



Amor a primer golpe, a primer miedo; lo digo como si existiera otro tipo.


Porque existe gente que llora. Hay gente a la que le brotan las lágrimas y gente que brota de entre las lágrimas. Porque hay sombras que parecen tener vida, y vidas que son sombras por sí solas. Hay hogares rotos, y rotos con forma de hogar, en las que vivir.


Cuando la indiferencia se hizo algo más que un "bah", para ser un "¡Carajo, quiéreme!", en silencio, con los dedos cruzados, entre líneas.


Cuando alguien te encuentra por accidente, pero sin serlo y se vuelve un maldito truco del destino. Porque hay ámbares que parecen verdes, que te engañan diciéndote "Entra", cuando en realidad quieren decir: "PRECAUCIÓN", vistos desde los ojos de un extraño.


Podemos cruzar los dedos y mentir juntos o como quieras, pero juntos. Porque, sobre nosotros, tendría que escribir el miedo.

martes, 19 de noviembre de 2013

Cartas desde mi próximo verano



Querido compañero y amante:

Sigo mi viaje, y voy encontrándome en cada paso; siempre que me cruzo con un espejo, mi imagen va tomando más forma, ya no soy sólo un borrón.

Tu figura, tu olor y tus palabras, siempre tan bien formadas, tan presentes como el aire, se van desvaneciendo; parece que ya sólo cobran vida cuando te escribo estas cartas y me pregunto si no va siendo hora de romper esta promesa.

Eres pasado, eres experiencias vividas y eres parte de lo que hoy me hace ser yo misma. Pero siempre serás pasado, historias que ya me he leído, cuentos para no dormir.

Yo soy presente que dibuja esperanzas y crea mundos nuevos aún por explorar. Soy mi propio destino y tú ya no estás en aquí. YO NO TE QUIERO EN AQUÍ.

Eternamente tan desesperada como despertada,

Tus lazos desatados.



La llegada del Sol

Nunca vi ojos tan profundos como los suyos. Me sentí abrazada inmediatamente desde la primera vez que su luz entró a los míos. Era como si cada pieza cayera en su lugar y ese mal rayo que había caído justo en mi pecho y siguiera doliendo, se esfumara de ese espacio que inmediatamente se llenó de su voz.

Había caminado tiempos desiertos llenos de una sed de entregar toda la acumulación de la ausencia que quemaba el aire que me tocaba. Había terminado bruscamente la sequía y envolvió la abundancia.

Un derroche de sonrisas enteras aun sin estrenar hacían fila en mi rostro; ¿y saben qué? no tuvieron que reprimirse porque luchaban por salir.

No había conocido una luz tan radiante como la suya y toda sombra abandono el espacio donde tocaba su color. Entonces lo supe. Todo pregunta del para qué estaba a la vista de mi rostro y flotaba, sonriéndo mientras su voz penetraba profundamente mis oídos y se acunaba con la mía en los brazos que ansiosos le esperaban desesperados por tocarle.
Tanto tiempo lo esperé real que al saberlo como tal y palpar cómo latía cada centímetro de esa diminuta piel, se me hizo agua el alma y me comencé a derramar. 

Todo dolor cerró de inmediato, mientras abrazaba mi esperanza y la fe se vestía de mí. Nunca se atrevió a abandonarme; sin embargo, a veces coqueteaba con la duda y me dejaba esperándola vestida de un día más que habríamos de caminar. A ratos sola, a ratos llena de futuro con sol y sí. siempre con sol para no dejar paso a las dudas que se amontonaban por salir y hacer de la sombra mi color. Todo tuvo sentido. Hasta cada estúpido paisaje que amenazaba con estallar en mi ventana. Todo cobraba fuerza, porque la fuerza venía con rostro de ángel y un corazón tan radiante y cálido como un sol. Como el sol, que él mismo bautizó, el día que por primera vez lo iluminó.


Silvia Carbonell L.



Yo no soy el escritor, lo eres tú al leer

La soledad desborda el caudal de la memoria

Es una frase como otra cualquiera, una frase más, pero parémonos a analizarla según la persona que la lea. 

Marta, mexicana de 42 años. Sentada en su sofá, tras una jornada dura de trabajo. Todo el día lloviendo, sus manos se cuartean por el incipiente invierno que azota con dureza las calles. Pega un sorbo de café y enciende el ordenador, abre tuiter y lee la primera frase que aparece: "La soledad desborda el caudal de la memoria" y rompe a llorar. Esa frase describe totalmente su situación, ella entiende que las circunstancias que le han llevado a su gigantesca soledad son tan duras que no puede borrarlas de la cabeza y ese hecho hace que se sienta aún más sola. 

Juan, venezolano de 19 años. Martes, seis de la tarde, enciende el móvil y achina los ojos para poder ver el pálido brillo de su smartphone. El sol azota con fuerza su espalda y lee: "La soledad desborda el caudal de la memoria", piensa: "¿Qué?" y abre Whatsapp para hablar con Laura. 

Laura, venezolana de 19 años. Martes, seis de la tarde, enciende el móvil y abre tuiter para leer: "La soledad desborda el caudal de la memoria", piensa que es una de las frases más bonitas y tristes que ha leído y da FAV al tuit, quisiera mencionar al tuitero que lo ha escrito pero le da vergüenza, además la llamada de su novio hace que lo olvide. 

Jose, español de 29 años. Abre tuiter en una tarde aburrida y fría y lee: "La soledad desborda el caudal de la memoria" y piensa: "Joder, es lo podría haber escrito yo". 

Mercedes, española de 32 años. Se encuentra tumbada en la cama del hospital tras haber sido operada de una rodilla. Aburrida de la conversación de su familia abre tuiter y lee: "La soledad desborda el caudal de la memoria" y piensa que es una de las mayores cursiladas de la historia de la literatura, que no le dice nada. 


Lo que vengo a decir es que la literatura no es de quien la escribe, es de quien la lee. 

¿Y tú que lees?


Julio Muñoz
@Xulious



SOMOS


No soy como tú

No soy como tú. Yo no inspiro a nadie, ni a los escritores ni a los enamorados, tampoco a los que duermen ni a los insomnes.
Es cierto que solo salgo de noche y que la luz que puedo desprender no es mía, me la reflejan otros.
Y no soy tan bella.
Será que no estoy al alcance de ninguna mirada. Si alguien mira al cielo no podrá verme. Puede que yo sea más misteriosa, pero en mi habitación solo puedo inspirar a la chica del espejo. La única que me mira.
Por todo eso no soy como tú.

No soy como vosotros

No soy como vosotros. Yo no tengo alas, no puedo ver el mundo bajo mis pies. No puedo enamorar a nadie con la belleza del libre aleteo.
Es cierto que siempre estoy en las nubes y soy muy curiosa.
Pero no soy tan bella.
Será que no tengo colores que enseñar ni un canto capaz de enamorar. Puede que tenga más ganas de volar que vosotros pero mi vuelo es corto, no es libre, y solo puedo enamorar a la chica del reflejo. La única que me mira.
Por todo eso no soy como vosotros.

No somos como tú

No somos como tú. Nosotros inspiramos y enamoramos pero nadie se preocupa por nosotros. ¿Crees que somos felices?
Es cierto que somos admirados, que tenemos luces y colores y sin esfuerzo conquistamos y evocamos.
No podemos oler las flores, correr, saltar, ni enamorarnos; Será que no somos tan libres. Que somos esclavos del mirón, ya que sin su mirada no existimos.
Puede que desde las alturas podemos admirar el lado más bonito del mundo, pero no podemos tocarlo. Y no tenemos espejo donde reflejarnos.
Por todo eso, nosotros solo somos el reflejo de tu mirada, de tu espejo.

Jose Mompo     


Y sí, es reclamo


¡Yo te adoraba! Y sí, es reclamo… yo te adoraba con el alma, las manos, la piel, la tinta y el papel. Yo te adoraba como adoran las caricias los ciegos, como los soles al amanecer aman al mar. Yo te adoraba con todas y cada una de mis sonrisas, con todos los sueños que platicamos y nunca vieron la luz al nacer.
Sí, es reclamo.
Reclamo mi derecho a sacarte de mi cabeza,  que abandones esta añoranza de ti, a quererte a gritos o silencios, sin las manos o a ciegas, reclamo mi derecho de morir por ti.
Pero te fuiste y me dejaste aquí, sin ti.
Reclamo tu partida, que me hayas dejado con las manos llenas de teamos, que me hayas dejado con las charlas y las ganas de caminar de tu mano, te reclamo que te hayas ido sin preguntarte qué sería de mí, sin mirar hacia atrás, sin siquiera preguntar si yo te amaba o si te llegaría a amar.
Te reclamo con la furia de los infiernos el que te haya ganado el miedo, el coraje o la indecisión, te reclamo el que no estés y que a pesar de eso te terminas de ir, que sea yo la que sufre tu ausencia, la tonta que decidió quedarse con el amor a medio servir.
¡Yo te adoraba y tú lo sabías y aún  así decidiste partir!
¡Soy yo la que se queda con tu nombre en el pensamiento cuando beso sus labios, o cuando sin querer en una charla se me sale tu acento, soy yo la que te ve en cada café negro o cuando escucho una de esas canciones que hiciste para mí!
¡Te reclamo conmigo o te reclamo completamente fuera de mí!

Casi un abrazo

Hace frío y tú no me abrazas
no abasteces estos brazos
dices "ausencia" 
y yo que me hago el sordo

amor
no dueles tanto
pero dueles

hace frío y quema
quema pero no calienta
sigue siendo frío

amor ya no recuerdas
que esa boca ya no es tuya
es nuestra
es del olvido

¡amor!
ya no te veo
dejé la ceguera
igual 
no te veo
¡amor te digo!
¡te digo que dueles!
Un poco
¡dueles!
acá en la nada
acá en el vacío

estamos a un paso
Casi un abrazo
casi...

A un salto


Fijó sus pies en el borde del edificio, como si fueran también del mismo cemento que soportaba su propio peso. Se tomó la mano derecha con la izquierda y pensó en lo que me hubiese gustado comer aquella mañana. Cuando me lance, ¿sentiré la brisa en mi cara como pequeños golpes o como una caricia? Pensó también en lo harto que le resultó subir veintidós pisos por un ascensor dañado. ¿Podré ver el trayecto de la caída o me desmayaré durante en la caída? Aquella mañana la empezó con la total convicción de querer morir o, como lo escuchó alguna vez en una película «querer dejar de permitirse vivir». ¿Me parecerá más largo el tiempo de la caída de lo que en realidad será?Supo en todo momento que no haría el camino de regreso y arrepentimiento hacia la vida que temía y tenía. ¿Sentiré el impacto con dolor prolongado o será fulminante? Respiró tan profundo que sus pulmones enfermos se lo permitieron, y trató de tan siquiera mentalmente los diez nombres más relevantes de su vida, pero sólo pudo llegar hasta el séptimo.

Un minuto antes de lanzarse al vacío de aquella Ciudad, sintió como la preguntaba le martillaba la cabeza, en silencio.¿Y si vuelo? Cerró los ojos, subió ligeramente el pie derecho, abrió sus brazos como sólo las aves lo saben hacer, y tomó una bocanada de aire. ¿Y si despierto? 


Si tan solo quisieras...


Si tan solo quisieras…
Esta noche, callada y serena,
Con rosas y claveles,
Son seda y miel,
Con besos de luz y caricias de plata.
Invitarte a mi cama,
con tan solo una noche,
haremos explotar las galaxias,
y crearemos nuevos universos para ti...
Se me hacen nubarrones las sabanas,
esperando que me lluevas,



Y es que te soy sincero, Anoche,
alcance unos sueños y son de ti.

Pues aquí te los dejo,
Postrados a tus pies,
has de ellos
lo que se te antoje.
y si es que se te antoja.
Invítame a un sueño,
donde sea yo el dueño,
de lo que en el sueñas,
o por el contrario,
pinta mi sueño,
del color que prefieras.
Y sigo escribiendo,
Pues el escribir me hace azul para tu cielo. 


Algún día seré yo
esa llama
que te llama a tu cama.
Y al cerrar la puerta,
como si fuéramos enemigos.
Hagamos una tregua en la cama. 
  


Contigo, o conmigo
me da lo mismo
en un castillo o
en cualquier rincón. 


Y tengo mi cama al nivel de tu mar,
Y mis deseos son pequeños náufragos,
en el torrente infinito de tus labios...

  
 Pero tengo que ser realista.
Tal vez tu nunca me quieras.
Pero es que si tan solo quisieras...

Ahora solo me queda
cerrar los ojos
y sueñar que son
tus manos,
que son tus labios,
que es tu alma la que me hace el amor.




martes, 5 de noviembre de 2013

Olor a sangre en la habitación

OLOR A SANGRE EN LA HABITACIÓN


Cerró los ojos y los abrió, cerró los ojos y los abrió, cerró los ojos y todo empezó; lo que había vivido era un ensayo, su imaginación. Abrió los ojos y todo era de otro color, de otro olor, de otro sabor, otra tradición. Lo desconocido se hacía conocido, la fantasía se hacía realidad, los ecos regresaban a su lugar y las risas empezaron a sonar.

Todo llevaba nuevo color, color a rosas de tradición olor a sangre en la habitación, respiros cerca de su mentón. Ventanas negras, negro color, color a noche con su panteón. Aullidos cerca de su paisaje, aullidos muertos de un cadáver.

El olor era parecido a algo anterior, pero era una nueva sensación. Olor a tierra mojada pero marrón, repleta de sangre por montón. Lo más curioso era la sensación, hacía frío en ese lugar, con un foco inmenso redondo brillante, la casa estaba sin techo y espeluznante.

Crujía el piso al caminar y sin embargo en ese lugar, el joven hombre paralizado estaba. Y sus temblores no dejan mentir, que una sombra que no es la suya se encontraba ahí. En sus adentros se repetía: "No es una sombra, es cosa mía, todo difunto jamás se mueve, bajo la tierra que lo sostiene."

El viento rompe todo silencio, el frío intenso se viene dentro, y mientras sus rostro desesperado busca una puerta, no le responden las piernas mientras se acerca, aquella sombra fría y obscura que le sofoca hasta la locura.

Su mente quería deshacerse de ella, pero su alma no lo dejaba más que pensar en esa, en esa sombra que era ajena, que lo seducía con su silueta. Sus piernas temblorosas subieron las escaleras, llegó de nuevo a la roja habitación, y ese olor a tierra mojada lo provocó, un olor a celo con sangre lo conquistó.

Entre las ganas y su temor, todo su rostro se deshacía, entre la lucha que se libraba, no había en su mente peor batalla.

Entre su miedo por escapar, ahogó su grito de soledad, y aunque ya nadie lo escuchaba, solo la sombra le susurraba, era su miedo y la pasión que despertaba en la habitación, olor a sangre con ropa vieja y una sábana con cadenas.

Los aullidos eran más fuertes, era su lucha y su excitación, llegó el clímax y el hombre al orgasmo llegó. Todo era silencio después de ese último aullido, sólo estaban presentes el viento y el frío. Cerró los ojos y los abrió, cerró los ojos y los abrió, cerró los ojos y las puertas se abrieron de par en par.

La muerte misma en ese lugar, venía por el joven desaliñado, en su lujuria quedó atrapado, por una parca que lo esperaba, después de amar a la condenada. Un alma en pena él se folló en aquella obscura habitación, un alma negra con gran violencia, que descarnaba al que lo tocaba. En su desdicha no se fijó, qué sentencia de muerte él le formó, porque a la hora de fornicar, la muerte misma tomó lugar.

Ya no hacía frío, ni calor, ya no sentía ese dolor o excitación, sólo arrepentimiento sentía por acostarse con la muerte, que rápidamente acabó con su suerte. El único consuelo que encontró es que se encontró con viejos conocidos.

Pobre ignorante murió de frío, en su premura del acostón, olvidó lamentos en la habitación, así escuchándose cada noche, esos gemidos de escalofrío y de dolor.






Por Silvia Carbonell y Pepe Aguilar Alcántara
@ShivisC y @PepeAA


La danza de la muerte

Hay lugares donde no amanece.
Porque la muerte es reina de la noche.
¡Y es tiempo de bailar, bailar, bailar!
Deja que la danza de la muerte te abrace y te acaricie.
Déjate girar en espiral infinito hasta el centro de la tierra.
Deja que la muerte te bese en las manos y la frente.
Llévatela a la vida. Deja que te monte y que te mate.
Sube a la espiral sin fin que te lleva y te ata.
Sube a la nube y deja que te coma y te digiera. Déjate ser lluvia.
Vuélvete el charco de las penas sin lágrimas ni sueños.
Humedece la semilla seca. Da vida.
Vuelve al hambre de la tierra. Se muerte.


Verde húmedo


De tu agonía no se regresa vivo



Bajo tu cielo y encima de tu infierno aprendí a morir. Me enseñaste que la vida se lleva en las yemas de los dedos y al filo de los dientes.

Aprendí que de nada sirve una vida sin esos instantes de agonía en los que se está al borde del precipicio en los labios de quien se ama. Que las sonrisas de amor si son robadas son mejores y que los momentos de ausencia si tienen un nombre propio también están bautizados con la esperanza de un regreso.

Me enseñaste que la vida se disfruta lento, al compás de un oleaje en una playa y al ritmo de tus manos. Que el amor se susurra al oído para que entre despacito acariciando el alma. Descubrí que hasta los latidos cambian su ritmo si brotan al ritmo del amor, que los míos sonaban mejor cuando estabas conmigo y que ahora pasan hambre de ilusiones al recordarte.

Los amaneceres pesan en los ojos nublado las sonrisas. Me faltas en la piel, en la sangre palpitando en las mejillas, en los minutos y a cada segundo.

Aquí las noches no son eternas, la piedad del sueño vence a la inclemencia del insomnio y aunque mis ojos estén cerrados, mi mente sigue enredada en tus brazos, y mi piel se adhiere al aliento invisible de tu recuerdo. Ya no estás, pero cada noche te siento acomodarte al lado mío y descanso en el consuelo de la fantasía.

Que manera tan lenta de morir agonizando en la hiel de tu ausencia. Y es que amor, tú solamente me enseñaste a morir de una manera, delirando tu nombre a gemidos, inundando la piel de impaciente deseo.

Quiero volver a sentir tu fuego centellando en mis venas, con todo mi cuerpo a la espera de la simple posibilidad de tus dientes entrando en mi piel, que mi boca se pliegue a tus deseos perversos y tu espalda se distienda una vez más en glorioso éxtasis.


Ana y Renko


Para verle volver.


Para verle volver.
Se fue.
Se fue y no hay qué para detenerlo.
Se está yendo poco a poco, ensimismado con la brisa, con el velo de la ira, con el cansancio entre las manos. Se me está escapando de los ojos, de los labios, de la vida. Y por más que quiero atarlo a mi cintura con un fuerte rizo plano, me quedo para verlo marchar.
Le despejo el camino. Intercambio de lugar. Y ahora que soy piedra en vez de zapato, le he pedido a la vida que me arroje muy fuerte al mar y me vea rebotar.
Me quedo aquí para verlo volar.
Y desearía que, también, para verle volver.

Caída de Otoño

Del otro lado






Esa tarde de lluvia ella caminaba sola y sin prisa por callejones obscuros, sin rumbo fijo; veía a la gente caminar de prisa bajo sus paraguas. Ella, tan cándida y transparente dejaba ver todos sus sentimientos aunque nadie los notaba. Caminando, como quien supiera por donde, ella buscaba su reflejo.

Veía a la gente pasar, nadie reparaba en ella. Buscaba en las miradas, todas eran ajenas y absortas. Miró a la acera de enfrente, algo llamó su atención. Fue otra figura, muy parecida a ella. Un joven de aspecto taciturno, elegante, melancólico, pero con una sonrisa bien marcada. Fue en esos ojos donde encontró su reflejo. Esa sonrisa le era familiar pero no lograba ubicar a ese hombre que la miraba. No recordaba nada.

El hombre, al otro lado del camino, hacia ella caminaba. Levantó la vista, la miró de frente un tanto indiferente al mundo y esbozó una sonrisa. Al parecer, ese extraño la conocía. Se miraron lo que pareció toda una vida. Él la tomó de la mano y al instante un golpe de recuerdos que parecieron un sueño de otro tiempo la invadió.

La gente seguía pasando. Ellos suspendidos en un momento, bajo la sombra de un árbol, mientras todos huían de la lluvia, solos se quedaban. Todo a su alrededor desaparecía. Eran él y ella tomados de las manos. Recordando lo que fueron, reconociendo lo que siempre serán.

El tiempo detenido es ahora testigo de dos que se hacen uno escondidos bajo la lluvia, diciéndose todo y nada en la eternidad. Sonríen recordando que los últimos en irse siempre han sido los fantasmas.



Ana        y         Lex
@SerenaTempestad           @Lex_J_Dean

Para mi pedazo de cielo.



Llegaste justo en el momento en el que no esperaba nada, ni a ti, ni a nadie, ni nada en especial, llegaste justo cuando decidí dejar las piedras rodar por mi camino y llegaste siendo el río que atraviesa mi bosque, siendo la sonrisa que no esperaba volver a portar.
Y precisamente fue tu sonrisa una de las cosas que hizo nacer una nueva sonrisa en mi rostro, esa sonrisa que no nace nada más desde la boca, sino que hace sonreír los ojos, las manos, las ansias, las ganas de ser la portadora de tus caricias.
Fueron tus labios ese espacio exacto para los míos, tu cintura que parece que fue hecha a mi medida, tu estatura que es igual a la mía, el sonido de tu carcajada que hace que la luna brille más bonito y que parezca que junto contigo y conmigo el sol también sonríe y nos acaricia.
A ti y a las personas que me pudieran llegar a leer, quiero contarles que desde tu llegada mi amor por la vida se sintió de nuevo, que la cama ya no se siente vacía y que no importa que el tiempo deje de correr, sí, no importa que el tiempo corra porque eso significa que cada hora, cada día, cada semana o cada mes que pasa, son momentos nuevos para estar a tu lado.
Que te agradezco que me hayas elegido como la piedra que decidiste levantar en tu camino para caminar con ella, que te prometo que todas las sonrisas entregadas serán correspondidas y cada te quiero o cada te amo será respondido y los sueños compartidos.
Pero sobre todo y, como tú dijiste, que estemos compartiendo los días que tengamos que vivir, no los suficientes, porque ser suficiente es conformarse simplemente con lo que hay y yo no quiero darte nada más lo que tengo, quiero crecer como persona, como profesional, como amiga, compañera y confidente; porque quiero ser alguien mejor para ti, que sea digno de compartir un pedacito de eternidad contigo.
Gracias, corazón mío, mi pedazo de cielo, gracias por dejarme ser una nube más en tu mirada, una nube de esas que siempre ves y que no te hace llorar.
Te quiero.
Helena.