Música: "Cielo", Benny Ibarra.
Texto: "La insoportable levedad del ser", Milan Kundera; tuits de @nadiamente y @OtroRuben
Producción: Nadia L. Orozco
Para Rubén, naturalmente.
He imaginado mil veces un encuentro contigo. Esa sensación extraña en el estómago poco antes de verte; las manos sudan, el corazón se sale. Nos veremos, quizá, en un parque al aire libre; árboles, caminar, viento frío. Quiero que tengas mil pretextos para tomarme de la mano. De qué platicaremos? No importa. Seguro temblará mi voz. Debo controlar la expresión en mi rostro al verte por fin; lo ansiaba tanto. Quizá sea mejor dejar que los ojos hablen, y las manos. Que la piel se conozca, se impregne. Ya hemos dicho demasiado con las letras. Espero el momento en que se dé un abrazo. Lo imagino largo, trémulo, queriendo disimular que me embriaga tu aroma, que moría de ganas. Y el beso. Acercarnos lento, nerviosos, mirándonos a los labios. Sintiendo tu aliento cerca, cerrar los ojos, esperarte. Dejarme ir. Lo imagino con ternura, pero intenso, así como tú. Tu sabor dulcísimo, tu boca suave. Los sonidos apagados. Solo tú y yo y ese momento. Besarse con la pasión del que presiente que el primero ha de ser el último beso. Tatuarse uno al otro cada segundo compartido, llenos de sensaciones, de olores. Que te recuerde cada vello que se eriza al contacto.Quiero remembrar cada cielo, cada nube, el pájaro que pase al vuelo. Quizá un tren se deje oír.Así es esto del que ama de lejos. Todo se va en atesorar instantes.
La imagen que surge es entonces la de Paul (Marlon Brando) y Jeanne (Maria Schneider), desnudos, abrazados sobre un colchón en mitad de un departamento vacío pero lleno de luz, jugando a hablarse a gruñidos. Es una desnudez total: no sólo el cuerpo está expuesto al escrutinio de otra piel, sino el propio ser se ha quedado descubierto, ya no hay palabras contundentes que lo vistan, no hay frases rimbombantes que lo arropen, no hay nada de por medio. Sólo así, el ser ha vuelto a ser.
Paul, en cambio, sufre en las murallas del hotelito que administró por cinco años junto a su esposa suicida. Murallas levantadas a fuerza de mentiras, a fuerza de vivir más como decimos y menos como somos. Y el sufrimiento vive, además, en el reclamo a un matrimonio con alguien que él nunca pudo entender. "Para safarte sólo requeriste una navaja de 10 centavos y una tina de agua", le grita él a un cadáver al que, como en vida, sus palabras no acaban de hacer sentido.
Es la realización de una bonita fantasía.Soltar el cuerpo en los brazos del otro, como en el tango. Dejarse llevar por los ritmos arrebatados, las pausas abruptas, los movimientos sugerentes. Permitir a los pies moverse libremente en un compás de tres cuartos, sublimando un deseo sexual que es compartido y, a fin de cuentas, es lo que le da sentido a nuestro ser. Sin nombres, sin edades, sin pasado. Estos, con frecuencia, acaban sobrando.