martes, 14 de febrero de 2012

Casualidad



Música: "Cielo", Benny Ibarra.
Texto: "La insoportable levedad del ser", Milan Kundera; tuits de @nadiamente y @OtroRuben
Producción: Nadia L. Orozco
Para Rubén, naturalmente.

Feliz Cumpleaños



Era la víspera de su cumpleaños; yo quería regalarle algo especial. Sabía que era difícil de complacer en tantas maneras, inclusive carnal.

Ella, tan coqueta como su naturaleza se lo permitía, seducía con la mirada a los más atractivos de mis amigos y a mí no me importaba. No desconfiaba de su fidelidad hacia mí. Incluso, en una manera machista y peculiar de pensar, sabía también que nadie la cogería como yo.

Llegada la noche de su fiesta, me encargué de las diligencias pertinentes para su sorpresa. Era un regalo muy singular.Entrada la noche pasé por ella. Verla en el umbral de su casa, bajo la tenue luz del bombillo me hizo excitar como un animal.

Su falda corta de cuero negro, tacones de aguja altos la catapultaban al cielo. Mallas de red forraban el contorno de sus piernas. Una blusa roja, con un lazo simulando un regalo, eran la cereza del pastel que esa noche pensaba devorar.

La conduje a un apartamento alquilado, con una oscuridad sepulcral. La suave luz de la luna se colaba fisgona por la ventana nada más. Nos serví un par de trago en la sala de estar, al calor de los besos me puse de pie y con un trozo de seda negra cubrí suavemente sus ojos; la puse de pie al centro del salón y mis labios comenzaron a redefinir su silueta de mujer. Suavemente estampé su piel con mis besos.

En total oscuridad, ciega de pasión, mis manos comenzaron a recorrer sus senos desdibujando en ellos lo que una vez fuese su blusa. Leían mis dedos el braile escrito en la areola y saboreaba mi lengua el dulce destilar de sus pezones. Lo que en un momento fuesen dos manos, súbitamente se convirtieron en cuatro. El objetivo del intruso fueron sus nalgas.

Las tallaba con sus dedos. Eran suaves, firmes, perfectamente redondeadas. Imponente final para la orgullosa espalda. Diez dedos más asaltaron sus piernas. Del talón hasta su sexo de ida y vuelta, como espíritus ambulantes, chocarreros de placer. El nerviosismo que causaron tantas manos sobre su cuerpo le hacían temblar en una mezcla de suspenso, osadía y de lujuria.

Desfallecía al tacto de aquellos invitados. Las falanges de sus dedos trazaban rastros incendiarios sobre la tierna y blanca tez. Cuando ya no pudo más, quitándose la venda, dio media vuelta y entre la oscuridad, un rayo de luz le mostró los integrantes de aquel grupo.

Dos de mis amigos, víctimas de su coquetería, se aliaron a mi fantasía y confabulándose conmigo morían por tocarle. Embriagada de alcohol y de lujuria, colocándose la venda, terminó cada cual de desvestirle en medio de aquel lugar; Una boca asaltó sus senos, otra más tomó posesión de sus nalgas y yo me encargué de ultrajar su sexo… Ríos de saliva bañando su cuerpo desbocando cada uno en el mar de su piel.

Súbitamente la cargamos hasta abrirnos paso hasta la mesa. Posicionándola perfectamente para el tiro de gracia.

La primera envestida le encorvó la espalda y un grito desgarrador emanó de entre sus labios. Blanca estela de saliva acompaño dicho acto; Fueron quince minutos de sexo duro mientras lo dedos clavados le inmovilizaban el culo. Luego de la primer corrida…silencio total.

Apenas recuperaba ella el aliento cuando, girándola sobre su cuero, abierta de piernas, una nueva clavija atravesaba su portal. Las piernas como bisagra, sostenidas por los tobillos a lo alto de su cuerpo como señalando el camino al cielo con los dedos de sus pies. Imbatible en la batalla, acabó con el contrincante quien vaciando genitales le volvió una alberca llena el perfecto ombligo en su vientre.

Dos de tres ya habían pasado. El último la tomó agotada y, como si fuera una muñeca de trapo, la tomó de su cabello y la guió hasta su pene. Atragantada con la carne firme de ese sexo, a oscuras tan delicioso, a oscuras desconocido, no dio tregua al mismo y se dispuso a la faena.

Vuelta de costado sintió le penetraba, y un viento frió le erizó la espina dorsal. Le tocaba todo el cuerpo, le gruñía en el oído y tiraba de sus carnes como un ente poseído; Ella, teñida del esperma extraño de 3 sexos, se bañaba la entrepierna con otra mezcla de sudor…No aguantando más el paroxismo y las ganas de besar a quien tan magníficamente la penetraba hasta el gozo, se despojó de un tirón la venda.

Sus ojos cansados, plenamente abiertos y brillantes se llevaron la sorpresa más inesperada de todas, Allí, en la penumbra, justo en la mesa enmedio del salón, ella, yo y la brisa suave que caracteriza la soledad.

-¿Has sido siempre tú?- me preguntó. Y yo le dije -Hace ya bastante rato que nos han dejado solos. No permitiría compartirte con otro hombre.
 in embargo, cada mano que te tocaba y cada boca que te besó, me he permitido dártelas como regalo de cumpleaños, y fantasía para mis amigos.
 Pero, si tres veces temblaste…si tres veces te corriste…esas tres veces te he complacido yo.

Mis amores



Son mi sombra, los que me acompañan todos los días, 
los que están ahí en mis fracasos y mis éxitos, 
en mi felicidad y en mi tristeza. 
Aunque no los tengo cerca, están siempre aquí conmigo.
Son mi sombra, son mi base, mi fortaleza, mis raíces.


Ana R.

Corazones



Ana R.

Háblenme de amor..

Háblenme de amor cuando, después de trece años de casados (con la misma persona), culquier día se despierte y te diga: ¡Que bueno que te casaste conmigo!

Háblenme de amor, cuando la persona más segura del mundo, mientras te abraza te diga: A veces, no puedo creer que estés conmigo.

Háblenme de amor, cuando, después de 16 años de convivencia, todavía quieres pasar cualquier momento, todos los momentos con él, cuando quieres compartirlo todo.


No es fácil, nunca es fácil, pero cuando hay amor, se hace más ligero.

Es fácil sentirse enamorado, cuando no se convive 24 horas al día, cuando se cede un poco los gustos, las dispociciones porque solo es por un momento. Cuando se enojan y cada quién parte por su lado hasta que el berrinche haya pasado. Es fácil, cuando cada quien sale con sus amigos, cada quien está con su familia.

Pero estar enamorado, es saber combinar todas esas cosas, saber ceder sin perder totalmente, saber convivir sin dejar de ser. Saber discutir sin llegar a pelear, y si hay una pelea, razonar, aceptar, pero defender.

Háblenme de amor, cuando aún te hagan el amor después de mas de trece años, y no solo tengan sexo. Cuando te besen todo el cuerpo con pasíón, después de hacerlo todos los días. Cuando en forma pícara, aproveche cualquier descuido para abrazarte, para acariciarte.

Háblenme de amor, cuando disfrutes todo esto, cuando lo aprecies y también lo sientas. Cuando te vean tus amistades y les digan: Aún se les ven los ojos enamorados, te brillan los ojos cuando lo ves, aunque sea un momento.

Eso para mi es amor....


Eva Beltrán

A.M.O.R.

Amarte es la rutina que da sentido a mis días,
Mirarte sonreírme me derrite en agua y adrenalina,
Olvido el mundo entero y me conviertes el mundo en tus pupilas,
Renuevas cada mañana nuestros lazos con labios tibios a palabras, a besos.


Ana R.

Cuando por fin te vea.

He imaginado mil veces un encuentro contigo. Esa sensación extraña en el estómago poco antes de verte; las manos sudan, el corazón se sale. Nos veremos, quizá, en un parque al aire libre; árboles, caminar, viento frío. Quiero que tengas mil pretextos para tomarme de la mano. De qué platicaremos? No importa. Seguro temblará mi voz. Debo controlar la expresión en mi rostro al verte por fin; lo ansiaba tanto. Quizá sea mejor dejar que los ojos hablen, y las manos. Que la piel se conozca, se impregne. Ya hemos dicho demasiado con las letras. Espero el momento en que se dé un abrazo. Lo imagino largo, trémulo, queriendo disimular que me embriaga tu aroma, que moría de ganas. Y el beso. Acercarnos lento, nerviosos, mirándonos a los labios. Sintiendo tu aliento cerca, cerrar los ojos, esperarte. Dejarme ir. Lo imagino con ternura, pero intenso, así como tú. Tu sabor dulcísimo, tu boca suave. Los sonidos apagados. Solo tú y yo y ese momento. Besarse con la pasión del que presiente que el primero ha de ser el último beso. Tatuarse uno al otro cada segundo compartido, llenos de sensaciones, de olores. Que te recuerde cada vello que se eriza al contacto.Quiero remembrar cada cielo, cada nube, el pájaro que pase al vuelo. Quizá un tren se deje oír.Así es esto del que ama de lejos. Todo se va en atesorar instantes.
Isabelle Cigarras.

martes, 7 de febrero de 2012

Sonata



Sé de un árbol que se deshojaba de silencios
y de las madrugadas
sosteniendo un idilio de recuerdos.

También del viento que aúlla tocando la ventana,
sé de las mañanas
cuando el sol despierta a los pájaros y también a los demonios que 
transitan en la calle. 
Y de una bestia, que ríe, gime tan índigo como el cielo
tan azul como mis ganas. 

Sé de la piedra que pretende cruzar el espejo
sé de miradas que juegan a ser abismos,
y de voces calladas; que se escuchan pero nadie entiende. 

Y de la sombra que me acompaña besando el horizonte, 
sé de miradas que aún no conozco.
Y de un canto de agua que me regala la lluvia
 que adorna cualquier cielo de febrero.

Sé de las nubes que se diluyen cayendo la tarde.
Sé de la mano que toca la mejilla de la luna, 
y de su luz; una luz tan mortecina
como etérea.

Sé de un sonido que ladra en mi cabeza;
y de las notas que bailan solas frente a mis ojos
con la respiración entrecortada y que suben desnudándose,
frotándose entre ellas
y de un sabor que moja la piel.

Sé de ojos que deslumbran afilados
y de lenguas lamiendo estas palabras 
de salivas 
goteando tu nombre. 

Sé de un deseo que recorre el cuerpo como perro rabioso; 
y de un vaivén
que adorna cada ola del sendero.

Sé de un quizás; quizás tocando detrás de mi puerta. 


Alma E. Palma


Deseos furiosos


Tiene la mirada perdida en el horizonte de su espalda con los labios bordeando sus deseos bebe de ella, enredaba sus dedos entre las sábanas, únicos testigos de sus batallas ganadas.

Besándose, probándose la piel, húmeda sudorosa, viva... los murmullos se filtraban por las ventanas, apenas iluminados por mustias bocanadas de luz,
se miraban con descaro, sonrisas cómplices de miradas estrechas y promesas por cumplir.
Sus besos se estrellaban en la piel, derritiéndose sobre su cuello resbalando sobre sus senos, mordisqueando sus capullos de orquídeas, con los ojos entrecerrados bostezaban instantes que llovían deshilachados en frágiles movimientos desnudos de pudores.
Se palpaban provocando a la imaginación, tenían la noche desmayada sobre su piel que los envolvía de manera fulminante, atrapándolos en aquella madrugada lluviosa...
húmeda.
Ella lo invitaba a entrar en su cuerpo con la mirada caprichosa... divertida, con los labios desnudos de caricias, sonreía.
Se besaban, se bebían sus ansias como gotas de ríos recorriendo sus entrañas...
se agitaban encendidas  mordiéndose la piel hambrientas, latigazos de serpientes furiosas.

Esas lenguas tenían vida.

Afuera las estrellas duermen dibujando siluetas de sueños sigilosos,
con la carne palpitando en sonidos, estallan en respiraciones y gemidos, sacudidos en trazos vibrantes, encendidos hasta los huesos con manantiales de lava ardiente, viviendo sobre sus deseos.

Desgarrando los pétalos de fruta madura, recorriendo a su gusto los sabores de su piel, deseándose, dibujan nuevos horizontes con las alas extendidas.

Cubriéndose de agua turbia y anhelos ella erguida lo mira y sonríe, la luz del alba ilumina su silueta, con la promesa de nuevas historias por vivir. 

Alma E. Palma


Putas o princesas



Texto: "Putas o princesas", de Pablo Méndez.
Música: Jean Sibelius "Dos Piezas para Cello y Orquesta", Op. 77
Voz y producción: Nadia L. Orozco

Vientre de febrero

Ojos bien cerrados, mundo bien abierto,
cejas que son ruta de sueños desviados; perfectas dibujadas desde adentro.
Párpados sutiles;
persianas de tus adentros.

Y tu nariz; rampa de pensamientos que salen desde tu frente,
y bajan veloces y brincan al aire a morir con el disparo de una mirada.

Labios con besos palpitando como corazones,
creciendo como flores cantantes.
Esos labios que se curvan para sonreír,
abriendo la puerta para dejarme entrar.

Quiero tu rostro de piel silente, diáfana, amable.
Y tus ojos juegan semicerrados
para filtrar el torrente de amor
que sale en multitudes.

El sonido de tu iris volando hacia mí,
diciendo te amo con la boca cerrada.

Recorrer tu rostro con un beso que se caiga
y se riegue como pintura,
que penetre tu piel y te tatúe mis ganas.

Mujer y Diosa,
para ti tengo voz de papel eterno
y música infinita.

Para tí, tengo mi pincel de piel
que pinta futuro en tu lienzo.

Para ti, mujer de valles inmensos,
para ti tengo un poco de vida
en un vaso de mañanas,
tengo noches de cielos intensos y privados y nuestros.

Tengo puentes de certeza entre tu mirada y la mía,
con amor de sangre viva bañándonos el acto.

Recorrer tu rostro con mis ojos cerrados
y mirando desde adentro,
y entrar por tu boca
y quedarme
a vivir.

Febrero es un árbol del que nacimos hace días.


Escrito para mi amor Alma

Espuma en mis manos




Debatirme entre lo real y el nosotros
pellizcar el despertar hasta que duela.
Dejar huellas como señal,
para salir del laberinto del sueño,
para saber por dónde ir cuando vuelva.

Correr hacia ti por instinto,
hacia ese jardín de verdor luminoso,
donde las sombras son frescas,
donde me esperas en silencio.

Atravesar la ola,
hacia el roce infantil de tus labios,
caracolas aullantes que me guían
hasta este precipicio de arena.

Espuma en mis manos.
Sal de mi corazón.




El último tango en París

El 26 de enero de 1976 parecía anunciar la muerte del ser humano: Bernardo Bertolucci fue condenado a ser subciudadano por la Corte Suprema Italiana, mientras que su obra, El último tango en París (Last Tango in Paris), fue sentenciada al olvido, a la destrucción, al exilio intelectual y sobre todo al ostracismo artístico, justificado todo ello en las reacciones adversas que ésta despertara en una audiencia que entonces, tanto como hoy, no soporta las verdades dichas a la cara.

Y pese a la moralina en turno, el ser humano sobrevivió. Sobrevivió en esta obra imprescindible de la cinematografía mundial que, de la mano de un jazz cadencioso como los latidos del corazón, aparejada a la obra pictórica de Francis Bacon, es evocadora de todo lo que somos, pero sobre todas las cosas, de lo que pretendemos ser.

Es la realización de una bonita fantasía. Nuestro mundo se construye a partir de las palabras, de lo que decimos que somos, de lo que decimos que hacemos, de lo que decimos que nos importa. Pero, ¿qué nos queda cuando las palabras han dejado de tener sentido, cuando el lenguaje no dice todo lo que habría que decir, cuando hablar de uno ha dejado de ser central? Sólo quedamos nosotros, desnudos.

La imagen que surge es entonces la de Paul (Marlon Brando) y Jeanne (Maria Schneider), desnudos, abrazados sobre un colchón en mitad de un departamento vacío pero lleno de luz, jugando a hablarse a gruñidos. Es una desnudez total: no sólo el cuerpo está expuesto al escrutinio de otra piel, sino el propio ser se ha quedado descubierto, ya no hay palabras contundentes que lo vistan, no hay frases rimbombantes que lo arropen, no hay nada de por medio. Sólo así, el ser ha vuelto a ser.

Y la evidencia de esta rarísima bendición camina junto a los personajes por las calles de Paris. Jeanne sufre la obsesión de su novio Tom (Jean-Pierre Léaud) por hacerla el centro de un proyecto fílmico documental. Es forzada a poner en palabras todo lo que la atraviesa, todo lo que la viste, todo lo que la hace Jeanne. "¡Estoy cansada de que violes mi mente!", grita ella. Y sólo en la mutua soledad del departamento de Paul puede encontrar sosiego al constante examen de Tom.

Paul, en cambio, sufre en las murallas del hotelito que administró por cinco años junto a su esposa suicida. Murallas levantadas a fuerza de mentiras, a fuerza de vivir más como decimos y menos como somos. Y el sufrimiento vive, además, en el reclamo a un matrimonio con alguien que él nunca pudo entender. "Para safarte sólo requeriste una navaja de 10 centavos y una tina de agua", le grita él a un cadáver al que, como en vida, sus palabras no acaban de hacer sentido.

Dentro de su mundo compartido, Paul y Jeanne son: son el uno para la otra, son amigos, son amantes, son cómplices, son felices. Afuera, sólo está la sordidez, la existencia unida a los calificativos que adornan pero restan significado al ser. Afuera sólo los espera la muerte, o la existencia misma en el mundo, que no es otra cosa que la muerte del ser en aras del ánimo entusiasta de decir "yo soy...", seguido de cualquier predicado.

Es la realización de una bonita fantasía.Soltar el cuerpo en los brazos del otro, como en el tango. Dejarse llevar por los ritmos arrebatados, las pausas abruptas, los movimientos sugerentes. Permitir a los pies moverse libremente en un compás de tres cuartos, sublimando un deseo sexual que es compartido y, a fin de cuentas, es lo que le da sentido a nuestro ser. Sin nombres, sin edades, sin pasado. Estos, con frecuencia, acaban sobrando.

Una de las mejores cintas; una de las mejores realizaciones del ser humano.

Nadia L. Orozco

Él

Él, la persona mas humilde, sencillo.
Huérfano desde los seis años, viviendo donde se podía, huyendo de los parientes que solo le querían para realizar las tareas domesticas.
Sin estudios, apenas si aprendió a leer, por no permanecer, por huir y sobrevivir.
Él, la persona que aprendió a salir adelante solo, a luchar ante todo. Que vivió años de cárcel, por proteger a un sobrino. Formó una familia, le dio todo lo que el no tuvo: un hogar, amor y a todos la oportunidad de un mejor futuro, una carrera.
Él, no deja de sonreír, es un roble con mil historias, él es más que una historia, es el camino, el mundo.
Él se ha cansado de esta batalla.
Él que ha sido solo sonrisas y vida, hoy se cansa de ella, le parece tan larga, y a mi me deja con un nudo en la garganta. Le doy mi fuerza, le doy mi sonrisa para que reviva la suya y siga su vida

Espejo

La realidad del espejo es que te mira mirarte.

Me miro mirándome mirarme en un reflejo y, quizás, en el espejo.

Lo que miras mirar mirarte es más real que la carne.

Lo que miro al mirar mirándome es tan intangible como el reflejo. La carne, por otro lado, es tan tangible como efímero es el intento.

¿Será real el reflejo o sólo cuando lo miro mirar mirarme; será que espera que me asome, para yo existir mirándome?

¿Será el espejo las cenizas del intento; será el reflejo lo que queda cuando las cenizas se entregan al viento?

Es el intento la ceniza del reflejo, la sonrisa fugaz y la mirada del espejo.

Es el otro lado del otro lado, del que no conocemos más que la mirada que dice conocernos y el silencio. El que ahoga los reflejos.

Es el otro lado el que es intento de ser real y me imagina mirarme mirarlo mirándolo.

Nos enredamos pensando y pesando, lo real y lo imaginario. El reflejo del reflejo que nos fue dado. Fracasando siempre al intentarlo.

A fin de cuentas da lo mismo: el reflejo que imagina imaginar lo real o lo real que mira mirando son lo mismo.

A fin de cuentas no es lo mismo los dos puntos y la coma, la carne y el reflejo. La luz y la sombra que, poco a poco, se van diluyendo.

Ella es rosa y famosa

La Casa Rosada, Buenos Aires, Argentina, 2012.

Nadia L. Orozco

El verdadero amor

Admiraba el amanecer lluvioso cobijado por el techo de una pasión perdida, pensando en lo triste que era la vida, deseando realmente encontrar algo por lo cual vivir, cuando de pronto dejó de llover y un rayo de sol salió. Me envolvió cálidamente entre su luz y me hizo sentir seguro y feliz. Pero sentí pánico. ¿Cuántos amaneceres no había pasado en la lluvia? ¿Cuántos años no había pasado con frío y angustia? ¿Por qué ahora sentía el sol rodeándome con su paz infinita?
Temí rendirme a su llamado luminoso. ¿Qué tal si de pronto ese rayito de sol se apagaba? Tendría que regresar a la fría y húmeda monotonía de aquella pasión lejana, tan lejana que es absurda y tan absurda que resulta segura y casi cálida. Retrocedí, temeroso, un paso, y las sombras que siempre me rodeaban, me llamaban, me extendían los brazos amorosos como amantes deseosas, me llamaban con voces maternales y me necesitaban como a nada en el mundo. En cambio, aquel rayito de sol, tan tibio, tan frágil, tan pequeño, no esperaba que lo abrazara, pero tenía la esperanza de que yo volviera.
De pronto lo entendí. Tenía la oportunidad de estar en calma, de tener paz, de ser inmensamente feliz, aunque sólo fuera un sueño. Si lo era, qué más me daba. Jamás lo sabría si no me lanzaba con el corazón cegado y los brazos abiertos. Di la cara a las sombras y les sonreí. Les agradecía el tiempo que pasé con ellas. Entonces di un paso, un paso pequeñito, pero firme y decidido, y me entregué al rayito de sol, y él se ha encargado de convertir los nubarrones de mi cielo en un jardín de flores y mi vida en un árbol fuerte, grande y frondoso, que extiende sus ramas al cielo y agradece cada anochecer, porque sabe que al día siguiente, el primer rayo de sol será para él.

Nadia L. Orozco

Somos todo

Enredas todo
mirando fijamente. 
Creo que te beso. 

Enrojecidos 
desnudamos la noche, 
aquella noche. 

Y somos humo. 
Es tu piel mi marea. 
Y somos todo. 

Julio Muñoz 

Así nos recuerdo



Te recuerdo y tiemblo, porque de ti recuerdo la piel, los gemidos y el silencio. 
Recuerdo como tu cuello se estremecía cuando notaba mi cuerpo llegar, la respiración de tu tórax entre mis brazos, recuerdo tus ojos cerrarse y tu sonrisa brotar. 

Te recuerdo lejos, dentro. Siento.

Recuerdo tus manos caminar sobre mi espalda, recuerdo tus labios cabalgar sobre mi garganta. El vaivén, las ganas y el deseo. Lo recuerdo todo como si fuese este momento. 

Te recuerdo conmigo, nos recuerdo lejos. 

Recuerdo tu forma de desnudarme y mirar dentro de cada latido, tus piernas desnudas y tus manos de fuego. 

Te recuerdo lento, te recuerdo dentro. 

Tu piel frotándose con la mía, tu lengua enredándose con mi saliva. Recuerdo nuestras miradas arder convirtiéndonos en brasas que quieren más, llegar más lejos, donde no hay recuerdos. 

Te recuerdo ardiendo, te recuerdo. Siento. 

Tu mano acariciando mi erección, tu sentidos invadiendo mi dolor. Recuerdo morir en tu boca. Recuerdo vivir en tus sombras. 

Te recuerdo y tiemblo. Te recuerdo el tiempo. 

Recuerdo el calor, las noches y el viento, recuerdo tu cuerpo temblar con cada movimiento. Una vez dentro te siento contra mi espalda mientras tu boca me desgarra el alma. 

Te recuerdo dentro. Te recuerdo erecto. 


Julio Muñoz 


Nieve


Poco a poco, copo a copo. 

Julio Muñoz