martes, 26 de junio de 2012

Penumbra

En la penumbra
se oye tu voz que calla
se oye tu sombra

Yo no te veo
sólo repito cosas
que alguien me cuenta

Yo no te siento
sólo cierro los ojos
y te imagino

Vos estás lejos
nunca sabrás que sigo
latiendo fuerte

Vos estás ciego
sólo mirás los ecos
de un sueño viejo

Cae la tarde
alguien dibuja espinas
entre mis letras

En la penumbra
todo parece quieto
todo se mueve

El Viaje de Dorita

Me envolvió el viento y me elevo, disfrute de la altura, vi mi casa hecha pedazos dando vueltas y la sección de tierra donde momentos antes estuve, sostengo a Totò con todas mis fuerzas el es muy importante para mí, nunca me separaré de él.
Todo el mundo sabe la versión que hice correr, y es que la culpa lo tuvo Totò al escapar y hacer que le persiguiera, a estas alturas no me importa la censura y he de confesar, que el ya rascaba para abrir la puerta del refugio antes de que estuviera cerca el huracán, fui yo quien lo tome en mis brazos con todas mis fuerzas y me metí al huracán, que por cierto no me dejo muy lejos de casa, un par de millas a lo más día y medio a pie, pero fui yo quien decidió darle la espalda a Kansas y tomar esa trocha de camino amarillo que me llevaría al otro lado del mundo.
Hoy me invade un recuerdo, muchas imágenes que cada día son borrosas, mi mente lerda las olvida, sé ahora mi vida es sórdida, quien soy, en donde estoy. Que puedo esperar de mí si me sentí reina con compañías deplorables, un espantapájaros que quiere un corazón, un león que quiere ser valiente, una hojalata que quiere ser hombre, todos ellos entes fuera de la realidad anhelando cosas con las que siempre nacieron, enredando las ideas y moldeándolo para poder dar rienda suelta a su autocompasión sin fin, esta fue mi compañía y hoy vivo una vida insulsa a causa de juicio zaino.
¿Totò donde estas? por qué te deje marchar si hoy recuerdo eras lo más importante, sé que solo es un chispazo de lucidez lo que tengo en este momento lucidez intermitente que casi nunca me visita y por lo mismo quise plasmarlo en este momento, porque de un momento a otro regresara como hasta ahora esa parte porfiada que me hace seguir adelante errando cada paso, aunque la muy maldita me abandona en las noches y me quedo sin esa parte porfiada y sin lucidez, entonces me doblo y me horadan los recuerdos de esa vida que tenía, el impacto de mis malas decisiones me aplasta y tiemblo de miedo sin voluntad para regresar, sé que aun hay familia y amigos pero mi volición me abandona apenas ronda en mi cabeza el regresar.
Creí en la bruja inocentemente, busque la contra parte, me invente unas zapatillas mágicas. Hoy sí que estoy lejos de casa. He perdido a Totò. No sé el camino de vuelta. ¿algún día volveré a Kansas?.

-.-

Víctor Basilio Hernandez
@_sietesoles

Mundos

Mon tout dans ce monde
Palabras de otro idioma, de otro siglo,
de otro amor: aceptarlas
para poder decir cómo te quiero,
lo que eres para mí.
Exactamente eso: mi todo en este mundo.
(Juan Antonio González)

-.-

Sé que tendremos días que no merecerán poemas,
y que a veces los sueños se nos caerán encima.
Pero intentamos, entre luces y sombras,
lograr que este acto de fe tenga plusvalía;
porque no hay historia que se escriba con las manos trémulas,
y el miedo es un pésimo narrador;
porque vivir añorando no incendiaba la cama,
y la paz de mis respuestas no tendría tu voz.

Cóncavo. Convexo. Un sueño y un presagio.
Tu furia en mis caderas.
Mi forma en tus pupilas.

Hombre y mujer.

Voy a calmarte la ausencia de dudas.
Vas a colmarme esta urgencia de vos.
Inventáme un silencio donde se esconda mi nombre.
Cantáme hasta que duerma confiada.
Y repetí sin cansarte eso que decís cuando me sentís sangrar:
todos hemos sentido miedo.
Para seguir construyendo esta fe impaciente.
Sin tabúes, ni banderas.
Sin alquimia, ni Dios.

Dos. Sin disfraz, ni destino.
Dos. Cualquier tarde de sol.
En todos los hombres y todas las mujeres:
un hombre, una mujer.
Vos y yo.

-.-

Silvana J.
@Evaysol

El ojo de la luna

Esta noche estás conmigo y te cuido.
No me importa lo que digan las distancias.

Tristeza

La tristeza deja su huella
en donde menos la miran.
Se mete detrás de las nostalgias,
se acuna en los mismos miedos.
Y después se va, como un aguacero.

Necesito

Necesito verte
Necesito tocarte
Necesito sentir tus manos
Y abrazarte.

Necesito que me quieras,
Necesito quererte
Y es porque te quiero tanto, amor,
Que no quiero verte.

-.-

Ceci Villasana
@Cevillasa

Calla



Un Avión de Papel

Me empezaba a enamorar de su voz en mi nombre, de su personaje en mi historia. Tomé una hoja de papel y empecé a escribir aquello que nos hacía envejecer ante el reloj, como una cenicienta. Le di forma de artilugios a esas pausas que el tiempo no sabe escribir, nos di el saber de un café que humea aunque no esté caliente.
Escribí tus mitos con mis huellas, perfumé todos tus regresos con mis interminables quizás, para todas estas odiseas no necesité mayor instrumento que un lápiz. Escribí como si solo estuviese hablando del mundo que no nos cabe en los ojos, del mundo que no conoce el corazón, del mundo que duerme en una voz que habla para perfumar el silencio, del mundo que escoge amanecer en nuestras ventanas.
Quise hablar de este lado del mundo que tú y yo conocemos de memoria, por tantas veces que quisimos tratar de dibujar la distancia en nuestros besos de aire, destinados a morir en el viento que trae las cenizas de un amor que envejece con la distancia.
Tomé el papel, y como no quería ser yo la que te indicara que entre nosotros no había nada más que escribir, hice un maravilloso avión. Lo eché a volar en un cielo desgastado y sin imaginación. Espero que cuando alguien nos encuentre, ya no seamos personas que se aman entre distancias, sino títeres de una estupenda imaginación ajena. Quiero que alguien nos haga renacer como personajes de papel que vivirán en el recuerdo de alguien que solo conocerá nuestroz nombres, no la leyenda de nuestra distancia, y que ese alguien se atreva a continuar la historia que nosotros hemos decidido olvidar en un punto final.
Espero que nos encuentre alguien que no arrugue el mundo que se escribe entre estas cenizas de árbol, que llamamos lápiz.
Espero que nos encuentre alguien que nos conserve en su imaginación como dos personajes que se han de encontrar en historias venideras, en miradas con tinta de futuro.
Espero que nos encuentre alguien que aprecie el sacrificio de dejarnos ser tan solo un nombre, pegado al papel que vuela sin destino en un cielo que sabe de direcciones pero que termina dejando todo en el mismo lugar.

-.-

Violeta Quintero
@ultravioleeta

Arcoiris al final de la vista

ya nadie busca el arcoiris al final de la nube,
ya nadie busca la nube al final del cielo,
ya nadie busca el cielo al final de la vista

Gritos

Nadie te va a susurrar porquerías como yo
ni te va a acariciar el pelo y el cielo
en un solo ademán de pétalo y flor.
Nadie te va a regalar su luna y su ternura
ni te va a robar tu risa de chico
ni te comprará mi dolor.
Nadie va a saber jamás de algunas noches
que hicimos el amor sin tocarnos
tomando algún café, mirándonos.
Nadie te va a jurar un te quiero
ni te va a acariciar sin los dedos
en silencio o a gritos, como lo hice yo
No te van a besar tan despacio
Ni a morderte la espalda
Ni a pedirte más.
Y es rabia, lo sé
Y te miento y lo sé
Pero prefiero pensar
que es tan cierto
que nadie va borrar esta hoja
ni contará otra vez la historia
si prefiero pensar que no fue.

Innato

Un sentir yace quiescente,
ofuscado entre la bruma
Es un fantasma durmiente,
escondido entre la pluma.

Fue engendrado en las cenizas
de un latir petrificado
Producto de las palizas
de una vida de pecado.

Es un palpitar innato,
sobreviviente de guerra
Cómplice de asesinato,
ahogado entre la tierra.

Quema chasquidos de pólvora,
arde entre lluvia de azufre
Rompe a su paso y devora
todo insensato que sufre.

Es innato si se intuye,
si hace eco entre las pisadas.
Si hace ruido y siempre fluye,
cicatriza en las cortadas.

-.-

Miguel Marcell Guzmán Cortés
@Mars_Galaxy

Mis manos

Con mis propias manos Descubrí mi rostro y mi cuerpo Dentro del vientre de mi madre. Con esas mismas manos Construyo formas hermosas, A veces no tanto. Con esas manos Ahora mas grandes Mas sabias y a veces mas tercas En fin… mas viejas Elaboro artefactos, Juego cartas con mis amigos, Dibujo soñando a Mexico Y hasta tejo figuras con mi madre, En la mañana mis manos preparan Unos deliciosos huevos con tomate En la tarde Encadenadas voluntariamente A un mouse Dibujan bellas flores Para alguna empresa Y en la noche, Estas mismas manos Acarician la piel temprana de mis hijos Antes de conquistar desnuda La de la mujer que amo. Todo sucede en una sola jornada Y hasta se toman tiempo Estas manos Para escribir tranquilas estas letras. Giovanny Cortés

martes, 19 de junio de 2012

Ganadores del concurso #RefránConFábula

Aquí los participantes del 10º concurso de Con Fábula: #RefránConFábula


Los ganadores son:

En primer puesto: @TuAjenaLocura


En segundo puesto: @Recienmentero


En tercer lugar: @TuAjenaLocura


Echando raíces

Nadia Lizette, 2011.

Yo mismo


Te sigo buscando. Me sigo perdiendo. 

Tango



Esos tangos dicen tantas cosas.

...

No hay peor tango que el que da un traspié.

...


Tango toda la vida.


...


Tú tan bandoneón y yo tan guitarra.


...


Si la vida te da tangos, baila.


...


Tango que tocarte.

...


Tango que no es visto, no es baila'o.




Eres

De todos mis males, eres el menos.
De todos mis nunca, eres el de siempre.
De todos mis suspiros, eres el aire.
De todos mis tropiezos, eres la piedra.
De toda mi piel, eres el dueño.
De todos mis pasos, eres la huella.
De todos mis anhelos, eres la inspiración.
De todas mis tintas, eres la indeleble.
De todas mis ganas, eres la más persistente.

Selenographia

En las notas perdidas que hiciera Johannes Hevelius para su Selenographia, sive Lunae descriptio, se dice que añadió marcas poéticas que ya prefiguraban la nomenclatura que se le da a la geografía lunar. Dichas marcas, hoy perdidas, pasaron de boca en boca en la familia de uno de sus alumnos, hasta que la familia tuvo que dejar Danzig (hoy Gdansk), donde el astrónomo nació y murió en el siglo XVII, cuando las tropas soviéticas destrozaron la ciudad tras la Segunda Guerra Mundial. La fidelidad de las notas, así como su origen, es cuestionable, dado que no quedan registros físicos de que Hevelius, efectivamente, las escribiera alguna vez. Además, el traqueteo del latín al alemán moderno, al inglés, al español, seguramente han lastimado su sentido originario, y puede que ni siquiera sean, de cierto, las ideas originales nacidas de la pluma del científico polaco.

Lacus Somniorum: imaginar un futuro posible, todavía invisible.
En el árbol muerto del invierno habita la esperanza: el sueño imposible de sus flores y sus frutos. Así, soñar despiertos es el ritmo creador de la vida.

Mare Frigoris: la muerte por la muerte misma.
La poesía del último aliento, el rapto de la agonía. La lucha del día y la noche; la incapacidad de dejar ir, de soltar(se).

Oceanus Procellarum: odio, desengaño, decepción.
Querer lo que se quiere y no lo que se puede. Condenar a toda la humanidad por lo que un solo hombre ha cometido.

Mare Serenitatis: las segundas oportunidades.
Cada día es una oportunidad de recomenzar, de reinventarse, de resurgir. Amanecer para reinventarse, no para repetirse.

Mare Imbrium: renovación.
Mudar de piel, cambiar de ser de tanto en tanto. La lluvia refrescante que se lleva lo viejo con ella y da paso a lo mejor.

Mare Tranquilitatis: el auto engaño, la mala fe.
La duda mata; la ignorancia deja vivir. Y siempre le vemos la misma cara a la Luna.

Sinus Aestum: cambio, vaivén, transformación.
Ninguna ola es igual a la anterior, y aun así, su monótono vaivén es un cambio estable. Sólo podemos estar seguros de que todo cambia.

Cordón de la Vereda

Caminaba cerca del cordón de la vereda, mirando hacia abajo, buscando nada, perdiendo el tiempo, buceando para dentro, calmando las ansias de cruzar la calle y volverse una cifra más en las estadísticas que recuentan los suicidios en las grandes ciudades. Cerca suyo, casi tocando sus zapatos, una vieja barría empecinada, quitándole el polvo a las baldosas lastimadas por el tiempo y el recuerdo; las viejas que barren nunca explican por qué esa cara de hastío, de otra vez sopa, de domingo nublado, sólo se calzan el vestido más triste y empuñan la escoba como un fusil, y sólo te miran como si estuvieras tan lejos que no pudieran ver claramente tus facciones.
Un poco más allá, dos perros jugaban a enamorarse, pero era una de esas relaciones free, sin compromisos, a tono con la época y la histeria citadina; se mordisqueaban un poco, se alejaban después, se tocaban de nuevo, se volvían a ir, y en sus ojos excitados ni un dejo de “te extraño” y en sus lenguas babeantes ni un poquito así de “nunca te olvidé”.
Augusto metió los pies en el charco sucio y sonrió de costado. El agua barrosa le salpicó hasta el dobladillo del prolijo pantalón pinzado negro, y la vieja barredora lo miró casi con asco, con esa pena ajena que uno siente por los gatos lastimados y los chicos de la calle: pena elemental para el dolor que no nos toca del todo. Él le devolvió la mirada desafiante, y la vieja sacudió la escoba y se metió para adentro. Había recuperado su mirada infantil, su poco miedo a los pruritos, su falta de vértigo, y pensaba disfrutarlo como se merecía: pateando tachos de basura y metiendo los lustrados zapatos de yuppie en ascenso, en el medio del agua podrida de las calles de su barrio.
Había que despertar del todo, y tal vez por eso se quitó la corbata y la tiró hacia donde jugaban los cachorros su touch n’ go canino, y se quedó mirando como el que parecía bulldog la hacía hilachas contra el cemento. Su corbata: símbolo y bastión del disfraz de ganador, se convertía lentamente en un trapo, en un pedacito de tela y le causó gracia pensar en los 1200 dólares que alguna vez había gastado en ella.
Eso era todo, la corbata siempre había sido un pedacito de tela; seda italiana, sí, pero un pedacito de tela al fin de cuentas; ¿cómo alguien puede pagar por algo así, más de lo que le pagan a un jubilado?. Miró a los perros hacerla mierda y se entretuvo imaginando qué pensaría su jefe, qué le diría su madre, qué preguntaría su novia, si supieran lo que estaba haciendo en ese instante. Perros touch n’ go y preguntas imaginarias.
–Definitivamente estás loco muchacho, tenés todo para llegar lejos y estás ahí, buscando la derrota como si te gustara–diría Samuel Jobs, el vicepresidente en jefe de la corporación de nombre conocido y protegido por las leyes de copyright más estrictas; se serviría un whisky con dos cubitos de hielo (only two, always), encendería un habano (cubano, of course) y se tiraría en el sillón masajeador que mandó traer de los States, porque un político amigo le recomendó tratar bien las cervicales. Augusto se imaginó también la sonrisa bonachona, de cura campestre, bamboleándose por el lento contoneo del sillón masturbativo exclusivo para altos ejecutivos.
–Tomáte vacaciones, si eso es lo que andás necesitando, pibe, pero volvé pronto ¿sabés?, porque una vez que te vas, y cerrás la puerta, no te la abren nunca más. ¿Cómo podría explicarle a Mr. Jobs que su teoría sobre los paraísos corporativos lo tenía muy sin cuidado?. Nada menos aceptable que cerrar la puerta para Mr. Jobs, pero qué si además uno le escupía la cara o le plantaba un puñetazo en pleno rostro?, qué entonces si uno le confesaba lo poco que le importaban esos relatos pormenorizados sobre partidos de tenis ganados y perdidos por poco?, y las fiestitas en el country de no sé quién cogiéndose a no sé quién.
Augusto pensaba y la sonrisa cada vez se le hacía más grande.
Los perros hacían ruidos de perros, y él se acordó de aquella canción de Páez “tango, sexo, sexo y amor, tanto tango, tanto dolor, mi vida gira en contradicción...” y la tarareó suave para no interrumpir la pasión canina de jugar a destrozarle su bastión yuppie. Le agradó la sensación del sol pegándole en la cara y se dejó acariciar un rato por la tibieza. Hacía tanto que nadie le acariciaba la espalda; tanto, que pensarlo dolía.
Caricias, eso había que recuperarlo también; manos con pasión adolescente, besos en la frente, de pelos revueltos después del amor, de te quiero mucho y no me cuesta decirlo. Pensó en Carol y en su afectada voz nasal, discutiendo a través del celular con navegador de Internet incorporado, cuántos invitados para la próxima party en The Barbarians (neón, más neón, más vidrios
esmerilados, más neón, art decó, art noveau, todo mezclado, muy de moda muy, lo más parecido a un descenso a los infiernos en 20 minutos y sin escalas), cuántas promotoras para el evento de la productora de cine, cuántos chicos para la publicidad de pañales; cuántas veces le hubiera pegado hasta dejarla sin sentido, para hacerla reaccionar, para decirle “hola, estoy acá, te extraño mucho”.
Pensó en ella y se imaginó la pregunta –¿Me querés decir que te pasa Agus? ¿me podés explicar que fuckin’ shit te pasa Agus?– mirada de no te entiendo y nunca podría entenderte, y mientras tanto con la mano derecha el celular contra la oreja, y cuántos sillones para el living del piso en Libertador, cuántos custodios para el barrio cerrado, cuántas modelos vip para el cóctel de mañana... Se pasó la mano por la frente y la notó sudada. El sol, supuso. Ya no estaba acostumbrado al sol en la cara, a esa caricia en la espalda, a mirar la tarde sin hacer nada.
Se sentó en el cordón de la vereda y la primer carcajada brotó como si nada, y después no pudo parar de reír, y para cuando las risas se habían transformado en lágrimas se dio cuenta que no había marcha atrás, y se asustó un poco.