Yo me abrazo a lo que leo, a lo
que siento y escucho.
Es la mejor manera de arraigarse
a lo que importa para no desaparecer.
Muchas veces vivimos en libros
ajenos y nos leemos a través de las manos de otros, los que nos cuidan y escriben para hacernos
inmortales.
Muchas veces yo escribo para quedarme
y no olvidar. Para vivir en las historias donde muchas veces somos protagonistas
sin saberlo, para permanecer sucediendo.
Y soy de las que creo, que nunca
morirás si logras vivir en las palabras de alguien que se encargue de recordarte.
Por eso el mejor regalo que puedo
darte son mis palabras. Palabras inmortales que no te permitan desaparecer.
Y pienso que Las manos también
saben abrazar. Abrazan cuando escriben con tal suavidad que pareces flotar entre las frases
de un poema.
A veces, cuando solo necesito un
suave abrazo, leo. A veces cuando solo necesito pensarte sin distracción alguna, leo. Te leo
con tanto ahínco que desaparece el mundo que me camina y camino sobre el mundo que te
sostiene.
Y sé y aprendo cada día a través
de las palabras que La belleza dura, lo que duran tus manos escribiendo.
También aprendí que hay que
leerse para recordar. Para no olvidar, para sembrar y guardar, para construir y también para soñar.
Para no perderse en este mundo que no deja de girar.
Escribir es una forma de darle
vida eterna a las palabras, a lo sublime, a lo que debe permanecer para siempre. Para no expirar.
Darle forma a lo que al final nos
espera en el camino.
¿Cuántas veces no escribimos para
no olvidar?
Y todo eso que nace de las manos,
debe salir con la más firme convicción de nuestro puño y alma sucediendo.
Yo soy de las que no tendría un
hijo, escribiría un hijo. Plantaría un libro para sembrar un árbol.
Yo, no escribiría para olvidar
las heridas, escribiría para sanarlas.
Escribiría para darle sentido a
la vida que me da sombra, a las ramas que me abrazan.
No se avanza poco o mucho cuando
se escribe un libro, se avanza al ritmo que necesita para brillar. Comenzar a entenderlo es
primordial. El libro te lleva el ritmo,
te marca el paso, te invita al baile.
Escribiría para echar raíces,
para llenar las hojas del murmullo de la palabra escrita.
Escribiría para darle sentido al viento
que lea el árbol.
¿Y quién dice que la palabra no
asombra?
Basta con leer un árbol para sentirlo.
Y cuando escribo es cuando mejor
me comprendo leyendo.
Toda reflexión está escrita en un
árbol, pregúntenle en qué piensa, que lo mantiene plantado con los pies en la tierra. Que lo
mantiene silbando al aire.
La música es otra forma de
lectura, es un libro de viento, es lectura de oído. Es la palabra escrita en el sonido. Hay libros
escuchando. Otros muchos, cantando.
Hay un mundo afuera sin muros,
porque el viento no los conoce.
Hay un mundo afuera que no conoce
las fronteras que nos pone el hombre.
En ese mundo aprendí a caminar. En el mundo que talló tus huellas
en la arena, que talló mis palabras en el viento, el que
gira con nosotros dentro.
El que escribe nuestra historia
con las manos sintiendo con el pecho, despertando en la tinta,todos nuestros sentimientos.
Silvia Carbonell L.
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