martes, 24 de julio de 2012

Nada

Repasó lo sucedido una y otra vez. Algún cálculo falló, algo salió mal; parecía imposible cuando hablamos de las mentes más brillantes y capaces que había en su planeta. La trayectoria y la fuerza que se le imprimió al salir parecían los correctos, carecían de fallos evidentes y así con seguridad se lanzó hacia el espacio exterior. Lo mandaron a un asteroide que no le correspondía. Estaba perdido en un lugar sombrío, temeroso de la nada en la que se encontraba y de las sombras que simulaban excéntricas figuras y viejas pesadillas que alguna vez lo acompañaron.

Sus amigos en la base ya no respondieron. Tal vez estaba demasiado lejos, ahora la nave estaba descompuesta y era muy tarde para echar el vuelo hacia atrás. La radio lo dejó incomunicado, el ruido interfería. La noche azul le dejó una espesa lluvia a su paso y ya no hubo manera de regresar a casa. Como si ya no hubiera una casa a la cuál volver.

Y allí varado se quedará dando vueltas en el silencio, con la nave descompuesta y el corazón dislocado.

—Este no es mi mundo—, se repetía. —Aquí no hay lunas ni pequeños astros que merodeen en silencio mientras los veo con ternura.

Entonces se echó la cobija encima y se dispuso a dormir, esperando algún día convertirse en polvo de estrellas, formar parte de esa nebulosa de colores hacia la que flotaba y así de la nada, convertirse en nada.



Juan De León
@escarchatron
http://escarcha.tumblr.com

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