martes, 24 de julio de 2012

Errado hasta nuevo aviso.


Errado hasta nuevo aviso.

Despierto y la noche ya estaba en aquel patio mental en el que se aloja todo cadáver luego del ahora. Mi noche, claro está, no esa que ahora se hace peso sobre los párpados de aquellos al otro lado de la luz, esos que como pequeñas piedras frágiles, son llevados por un cauce, por una corriente que emana desde y tras la frente. No. Hablo de este retazo de sombra que es la noche entera cuando me arrimo a ella en plena vigilia.  

Entonces llega el peso. Me poso en mí y soy ese punto que se parte; un desierto que se despunta y naufraga en mi paso. 

En medio de ese silencio luego del despertar, ese que aún es del otro, me levanto, observo cómo se va desdibujando la silueta encima de la cama entre los fragmentos que la arbitraria luz dejó por doquier mientras el día se acomoda entre las esquinas. Así pasan segundos, minutos, días, esta vida y tantas muertes, siempre con la sensación de que aquella silueta entre sabanas no se desvanece sino que se levanta para reincorporarse a esta multitud, a esta grieta. 

Así este punto de fuga, este final y su eterno comienzo, lo sucedáneo de un errante ante lo esporádico, un errado hasta nuevo aviso.


Alexander Gnomo.






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