martes, 24 de julio de 2012

Esperanza

Es difícil recuperar la esperanza; mucho más cuando fue arrancada de golpe, pero también cuando ni siquiera se sabe perdida.
La mía volvió un abril que recordaste mi cumpleaños con un beso más tierno que un globo rojo, y partió otra vez con mi voz que temblaba de ira, y ese lacónico «No era importante» con el cual envolviste tu traición.
Regresó también un enero, en donde no podíamos parar de hablar y reírnos y sentir que el mundo era nuestro, que mi corazón explotaba de dicha, que el tuyo le hacía eco, que éramos un sólo sol en dos mares; volvió a desertar en un llanto que no lloré, y tu silencio sin explicación.
La vi volver en piyama y sorprendida, abrazada a tu cuerpo en un tobogán de manos, besos y miradas del cual no me quería bajar; se alejó en una mirada fría, y aquél «No sos vos» que me regalaste con filo de espada.
Volvió en tu «te amo» de manos fuertes, y se fue colando sin permiso en mi temor a sufrir otra vez, llenándome de risas las ganas, haciéndome creer un para siempre de cuento de hadas; se perdió en tu «No sé qué quiero» que me quebró las alas, que me dejó sin vuelo, que me dolió todo un cielo.
La esperanza no entiende tus idas y mis vueltas. Intenta quedarse desnuda en mis brazos, aunque seas vos quien la vista de adiós. Intenta encenderte los ojos, cuando yo los cierro harta del dolor.
Yo la imagino acercarse en un rostro sin nombre, y le pido al oído «No tardes tanto», y le miento al espejo que no la necesito.
La veo volver despacio, sonriente, besando mis miedos, borracha de sueños, con risa de niño, y tiene tu piel y mi color favorito; y dudo cada espera, pero no me resisto; y sufro cada punto suspensivo, pero todavía te siento el final correcto.
Sé que nos mira detenida y la miramos inmóviles; ya no sabemos si acercarnos, porque nos estamos quedando sin palabras y no queremos preguntarnos más; pero ella tampoco se aleja, tampoco nos deja.
A veces no puedo verla ahogada en mi pena, sabiendo la tuya, doliéndola nuestra; nos abisma apenas un paso, que no sé si nos acerca o nos aleja; es fuego si estamos juntos, y es hielo cuando volvés a dudar.
La esperanza nos es, aunque la neguemos cien veces. Está en cada letra no escrita, y en cada vez que te escribí. Guarda un tal vez en la mirada. Busca un quizás que le abra la puerta. No gana la batalla ni se da por vencida. Nos tiene y nos deja. No sabe morir sin renacer.
Esperanza, ¿Todavía nos ves?.

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