martes, 31 de enero de 2012

Amanecías



Ella gritaba con las palabras contenidas
escapando por el borde de su cuerpo, 
gemía, ardiendo sobre la piel que la envolvía mordiéndola.


En la lengua húmeda se
empezaron a escribir todas las historias
las palpaba, 
probando cada una de ellas,
y entre cada palabra
existía un sabor distinto.


Y se aferraban a las noches con la boca sedienta,
y un par de caricias desveladas
con las ganas danzando como olas, 
que se agitaban al contacto de los cuerpos. 


Así él, intentaba sus noches
donde renacían en cada ceniza
que se dibujaba en la piel, 
y besaba con suavidad los contornos 
que vibraban caprichosos entre sus dedos.


Y con lenguas humeantes
lamía los capullos de sus valles, que coronaban erguidos; 
orgullosos, con el brillo de la saliva goteando el deseo. 


Sus manos caminaban el mar de su cuerpo
ahogándolo en profundos gemidos, 
y con el roce de las sábanas cantando entre las pieles.


De las bocas nacían las promesas
bebiendo de cada lunar, 
estacionando la lengua en todos sus lugares.


Haciéndolos suyos,
exigiéndolos como parte de él.


Amanecías.


Alma E. Palma


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