martes, 10 de enero de 2012

Un trago más


La calle comenzaba a ser un obstáculo insalvable para su profunda embriaguez. Caminar le resultaba cada vez más difícil y el aire polvoriento le azotaba la cara. Él seguía el rastro de su sombra proyectada por las lúgubres farolas que tintineaban a su paso. Él iba tras aquella persona que un día fue y se dejo olvidada en un tiempo ya muy lejano.
¿Cuánto tiempo?
¿Cuántos caminos desandados?
Mirando atrás veía las caras de todas esas personas que un día se acercaron a su vida, rozaron un segundo de su vida y después se fueron, o las echo. Ahora las sentía como fantasmas lejanos.
Seguía caminando absorto, intentando recordar esos rostros que un día le hicieron compañía, que le hicieron sentirse importante.
Siempre bañado en alcohol. No había momento que no estuviera el alcohol presente. Desde que era casi un niño había sido un gran bebedor. Era el típico chico que aguantaba más que nadie en los fines de semana. Un líder de la noche, un líder que vivía un espejismo.
Mientras los demás iban madurando, construyendo su vida, él seguía encarcelado en un personaje que nunca le gustó.
El alcohol le fue comiendo la auto-estima en silencio, poco a poco, casi sin darse cuenta, o mejor dicho sin querer darse cuenta.
Ahora se daba cuenta de aquello que le decía su madre:
“El alcohol siempre cogerá al más débil de corazón "
Él fue el que siguió bebiendo cada vez un poco más, hasta que empezó a hacerlo a diario. Al principio lo sentía como algo natural. Hasta que una mañana, que no era tan mañana, se levanto sudoroso de la cama, con tal estado de nerviosismo que se asusto. Solo lo calmó tomando un trago más.
¡Un trago más!
Que descriptivo titulo de su corta y simple biografía.
Que desilusión pensar esta noche en ese joven emprendedor, luchador, visionario, en ese joven ahogado en tantos tragos.
Que camino tan oscuro el recorrido, siempre oculto, siempre escondiéndose de sí mismo por la vergüenza que sentía de su nula voluntad.
-Me deje llevar...
¿Cuántas mañanas de profunda tristeza?
¿Cuántas lagunas de profundo miedo?
El miedo se apodero de su cuerpo igual que lo hizo el alcohol. Igual que lo hizo la desesperación, el abandono, el fracaso y por último la desidia, el dejarse ir, tambaleándose de vaso en vaso, de risa a lloro.
Y allí estaba él, solo, abandonado por él mismo, devorado por una tormenta oscura que es su existencia, deambulando por la calle, deambulando en la mente. Con los ojos casi cerrados, otra vez llenos de lágrimas. Lágrimas que mientras resbalan por sus mejillas punzan su corazón.
En la garganta un nudo. Las manos apelmazadas por el frío.
Detrás suyo una luz que se acerca a gran velocidad, una luz que nunca vería hasta que su cabeza chocara fuertemente con la carretera y la viese a lo lejos. Esas dos luces amarillentas, como sus ojos. Mientras a su alrededor la sangre lo cubría todo, el dolor iba calmando.
Y por última vez, cerró los ojos.



Juli o Muñoz 

Reacciones:

2 comentarios:

  1. Ay, Julito, siempre acabando con tus protagonistas antes de llegar al segundo capítulo. ¡¡Pero siempre grande!! Directo y REAL. Si hay una palabra para describir cualquier relato que lleve tu firma es REAL. Es tu sello más personal.
    Ester.

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