martes, 29 de enero de 2013

La sensación



Él la miró y sonrió. Ella devolvió el gesto y aferró su mano. Se besaron.
La enfermera empujó la silla de ruedas hasta la sala y le colocó unas pantuflas inmaculadas. Esa prenda más la bata ceñida en la espalda eran su única vestimenta. Se sentía vulnerable.
La esterilidad podía palparse en el ambiente, su blanco iridiscente no permitía imperfección alguna.
Apenas sintió el pinchazo de la  anestesia. Millones de hormigas comenzaron a recorrer sus piernas.
–Solo sentirás la manipulación, pero no dolor.
Se sentía tranquilo, las bromas entre los médicos lo relajaban. Un paño celeste estableció el límite entre su mundo y el de los profesionales.
–Te noto calmo pero si quieres dormir me avisas.
Discurría en pensamientos nimios cuando percibió una sensación diferente. No movían su pierna ni la aferraban, algo vulneraba la impenetrabilidad de su piel. Laceraban su carne.
Dio el aviso sin saber que sus ojos se cerrarían por última vez.
Pensó en ella mientras se dormía.


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