martes, 23 de abril de 2013

Todavía, hay mucho mundo que salvar




Veces en que las mejores cosas, están escondidas…en tu interior…
Un cielo que se pinta de los más elocuentes colores para animar el día, nubes que se enredan entre sí para apoyarse unas a otras, y el sol bostezando con sus parpados pesados queriendo hacer un poco más larga su siesta, pero aun así no pierde la oportunidad de adueñarse del cielo; el tiempo sonriendo danza junto al travieso viento a su veloz ritmo, es una de esas tardes que adormecen los cuerpos, como para sólo sentarse, dejar la ventana abierta y ver el día pasar y perderse en el horizonte.
A pesar de los rayos del sol reflejados en la copa de los árboles, la brisa era fría, de esas que erizan la piel y juguetea con los cabellos de las personas que pasean en medio de la ciudad; una ciudad llena de sombras y luces confundiéndose en el atardecer; dentro de tanta gente que aviva el centro de la ciudad se encontraba aquella joven, un ser de pasos tan libres como el viento, de esas personas que disfruta dibujar cada paso, que no va por la vida corriendo porque conoce que el destino se encuentra en sus adentros…muchas veces cambia su camino y otras veces el camino la cambia a ella, bajo el sol, su sombra le ruega que jamás la deje sola, le encanta el alma vibrante que aguarda su ser; la mirada de la joven se posaba en ningún lugar, sus pies le aclaraban las ideas, ella caminaba sin tener algún rumbo fijo. Luego de unas horas, sin saber cuántas,  se encontraba frente a una inmensa casa vieja, tendría unos tres pisos, de ladrillos tristes y en una de las esquinas una montaña de escombros, su mano sin querer empujó suavemente la reja que daba apertura a la casa, desde el ancla de la rejilla hasta su piel el chirrido que produjo se convirtió en escalofríos, su alma afloraba su parte más valiente, algo tenía aquella casa que tanto le atraía y que pasaba desapercibida por tantos ojos que empañan la realidad de una ciudad…no sabía cuál ruido era más fuerte, su corazón desbocado o el silencio tan estrépito del lugar, sus pasos eran firmes, echó un vistazo a su alrededor, flores de distintos colores con sus pétalos bien despiertos, arbustos que se perdían entre las nubes, pajarillos cantando o tal vez avisándole lo que le esperaba dentro…no necesitó tocar o llamar a la puerta, ésta estaba entreabierta abrazada a la oscuridad del interior, del otro lado lo que captaron sus ojos la dejó  sin aliento…y no porque faltara el aire, porque de eso y mucho más era lo que sobraba en aquel lugar. Maravillada, la sonrisa era permanente en su rostro, adentro se hospedaba todo lo que le hacía falta al mundo, las paredes eran colores que respiraban, el sol más radiante y la luna poetiza se divertían en un juego de ajedrez, la fe que se había perdido en alguna montaña estaba allí, sentadita con un café entre las manos admirando su aroma, el tiempo refunfuñando escuchaba a la esperanza justificarse del porque a veces llegaba tan tarde haciendo que muchas personas ya no creyera en ella, y ella pidiéndole al tiempo que acortara la velocidad de sus alas, los árboles en rueda contando su anécdotas más bonitas al ver parte de su familia convertida en algún buen libro, al menos eso los hacía sentir de alguna forma inmortales; en uno de los rincones estaban los reflejos, las sonrisas, las ganas de vivir jugando al pin pon improvisado en una pequeña mesa, la generosidad y el egoísmo en una pelea de boxeo con unos guantes flojos que no quiere hacer apuestas, y el amor y el odio en plena confesión de ser esenciales en la vida; por otra parte ninguno se había percatado de la presencia de la joven; el cielo que era el esplendor de toda la casa anuncio su llegada, y el asombro se hizo unánime; los sentimientos en concierto pararon de cantar para no ser descorteces con la visita, los instantes mágicos, que por cierto eran pocos, le tomaron de la mano para darle a conocer a todo su equipo, las paredes vestidas de poesía le recitaron ansiosas algunos versos, y los sueños se dibujaban en el aire esperando que uno de ellos pertenecieran a la joven; sentada con sus piernas cruzadas les preguntó porque tanta belleza estaba escondida en esa vieja casona que engañaba con su horrible apariencia externa, el discurso lo comenzaron las sombras opacadas por tanta luz del alma de la joven, les contaron que cada vez ellas reinaban el interior de las almas pero viajaban a la casa para darle un descanso a muchos pensamientos malévolos, el milagro dice haberse perdido porque nadie creía en él, y todo existe porque son pedazos de algún recuerdo, las creencias, los valores y principios se sentían ofendidos porque la maldad les había tomado ventaja, el amor ya no sentía la calidez de unos ojos sinceros, y así cada uno expreso sus inquietudes…la joven optimista se defendía, les explicó el laberinto de abismos que son los humanos, son un intento de vida, aunque sean humanos, les hizo saber la necesidad de cada uno de ellos fuera de la casa, las sombras a pesar de ser sombras eran necesarias para aplacar un intenso sol, o para ser compañía en la soledad, el sol, el cielo, la luna, las pintorescas estrellas, hacían del mundo el paraíso, el tiempo es el que le da vida a un reloj y esboza cada paso plasmado en historias, la fe es esa chispa de luz que abre el alma, hasta el odio en su minoría debería existir pero frente a las injusticias y otras destrucciones al alma del mundo, los sueños son esa dimensión en la cual nunca debemos despertar, y que decir del amor, aunque no se encuentre su definición en el diccionario es el que mueve al mundo y le da el toque de sentido a su giro, dejo en claro que los humanos se construyen a  base de sonrisas, de sueños, de trazos, de almas, se construyen con ganas, con tiempo…con vida, son todo ese lugar donde todo puede pasar. Fue tanta su vibra que cada personaje se animó a dar un paseo y festejar regalando un poquito de cada uno en las calles, las personas se llenaron de nuevos suspiros y cada quien capturo un poco de cada elemento, la ciudad se llenó de tantas alas, de tanto vuelo, de un completo cielo; un universo que es una pausa del espíritu, la joven con lágrimas que nublaban sus ojos nunca olvidará sonreír para divertir a las piedras que se encontraría en su camino, deshojar lo mejor de sí es escribirle al viento…hace mucho que todo comienza y termina dentro de la ciudad que cada alma habita…todavía hay mucho mundo que salvar.

Solanger Mendoza.


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