martes, 23 de abril de 2013

Exilio

San Salvador de Jujuy, 2013.


De pronto sé que esta ciudad no es la mía, ni descansan mis muertos en el cementerio, ni me toparé con el querido profe de tercero de primaria doblando una esquina. No sé las calles ni sus porqués, ni me dice nada el banco de la plaza que a otros trae gratos recuerdos de primeros besos. Aquí no tengo amigas que conozcan a mi madre, que me manden saludos con mi prima o que me inviten a la reunión de la escuela, generación 97. Las calles están llenas de árboles cuya belleza no me dice más que novedades, y aún las viejas jacarandas sólo me recuerdan el tapete de flores violenta que adornaba mi camino cuando volvía a mi casa, cuando todavía tenía una casa en mi ciudad. Aquí nada es mío: ni los árboles, ni las aves, ni las fiestas, ni los ríos. Nada es mío, salvo la tristeza.

Nadia Ochoa

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