martes, 14 de agosto de 2012

El cementerio de mis muertes.


Rotos porque somos silencio en el reposo, por la arbitrariedad fragmentaria de la vigilia.

Luego del ascenso de los párpados, soy mi sobrepeso. De allí, uno nunca sabe en qué pedazo enfrentará la belleza de lo esporádico en los intentos fallidos de permanecer en sereno y que de forma involuntaria, terminan en un despertar. En el dormir del sueño. En lo que pesa sobre el ceño.

En este sueño de luz, sólo soy la sombra de hace un segundo que ya no me cobija, y así. Un frente siempre patio. Aquí donde entre el futuro y el pasado, soy el punto medio que completa un suspensivo, un subversivo ante el reposo.

Así como el borde de un pozo; siempre queriendo ir a su fondo y como el trasfondo que quiere seguir en lo tácito. Citando a una sombra, tomando dictado de un silencio. Callando en la hoja. Con estos trazos como trozos me voy dejando, siempre recordando olvidarme por doquier.

Así yacer, ya ser. 



Alexander Gnomo

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