martes, 24 de enero de 2012

Él



Te autorizo a navegar
sobre el mar de mi cuerpo,
a apagar mis ganas encendidas. 


A delinear las orillas de mi noche,
a crepitar con los cuerpos llenos de sal
y arar el deseo que hiere,
y arremete cualquier camino.


Una voz se aferra a mi garganta;
tiene color de gemido
y se desnuda en tormento ahogado,
las mareas se agitan precipitándose
al abismo de tu boca.


Y mi boca te pronuncia, y muerde tu calor
un calor exquisito lleno de momentos, 
una lengua humeda  tiembla de sed
y arde bailando en mi ombligo. 


Es entonces que  languideces, líquido
sobre los contornos de mi piel,
un susurro salvaje abraza mi cuerpo,
y me dice que eres tú. 


El horizonte esconde mis ganas contenidas,
aquí un vientre está ardiendo de vida.


Dedicado a Eduardo Magomi


Alma E. Palma.

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