martes, 24 de enero de 2012

2 de enero de 1988



2 de enero de 1988, hoy es mí cumpleaños....tengo 24 años...

Si ya lo se, en mí perfil dice que tengo 44 años y es correcto, pero tengo la gran suerte de poder celebrar dos cumpleaños.

El 12 de enero de 1988 a las 6:45 horas mientras iba al trabajo sufrí un grave accidente de moto, y cuando digo grave es que lo es, creerme. Un mes y medio en coma, casi cinco meses en la UCI, creo que han sido unas 19 o 20 operaciones a raíz de eso, ya ni me acuerdo.... 16 meses sin ver la luz de del sol ni respirar aire puro, aunque en total estuve ingresado cerca de dos años y medio. 

Todavía recuerdo cuando un fin de semana me concedieron un permiso para ir a casa. Olí el aire, sentí el poco viento en mí cara y me dolían los ojos. Me llevaron a casa en ambulancia y les pedí que no corrieran mucho ya que me mareaba, pero en realidad lo que sentía era miedo. Recuerdo cuando llegue a casa, me entraron en silla de ruedas, la cara de mi madre, de mi padre y de mis 5 hermanos todos con una sonrisa forzada y lágrimas en los ojos. Pero lo que más me impacto fue la reacción de mí perra, una pequeña perrita de mezcla que habíamos cogido en la protectora de animales hacía unos años. Empezó a mover el trasero y la cola, me olió, me lamió, empezó a sollozar como si la estuviesen matando y sus lágrimas salían de sus ojos a borbotones, juro que es cierto. Y la pobre se orino en el recibidor de casa, jamás lo había hecho. Ese fin de semana mí perra no se separó de mí, incluso dormía a los pies de mí cama y me miraba de una manera especial. Sentía mi dolor, sentía mi pena y la compartía conmigo. Solo lo pueden entender lo que han tenido animales, era alucinante y muy doloroso. No quise volver a casa ningún fin de semana más hasta que me dieron el alta definitiva, no me sentía con fuerzas ni preparado.

La vida nos da lecciones, ingratas en ocasiones. Cuando el Domingo por la tarde vino la ambulancia a recogerme y mientras me estaban metiendo dentro, se acercaron dos chicas del barrio a desearme suerte y me dieron un beso cada una con lágrimas en sus ojos. Dos chicas que eran retrasadas mentales y que caminaban con mucha dificultad, dos chicas de las que nosotros, los "machotes" del barrio no nos cansábamos de reírnos de ellas cada vez que teníamos oportunidad. Cuando se cerraron las puertas de la ambulancia me puse a llorar, pensé, soy un verdadero hijo de puta. Esas dos hermanas me enseñaron una de las primera lecciones que a raíz de mí accidente aprendí, vive con el corazón y no juzgues a nadie por su aspecto si no por sus sentimientos y su interior.

Aquella habitación de la tercera planta de traumatología del Hospital de la Vall D'ebron se convirtió en mi casa. Tenía ciertos privilegios por el tiempo que llevaba, era el más antiguo de todo trauma. Tenía una TV, mí primer teléfono móvil, de aquellos del maletín ¿os acordáis de ellos? Incluso subía cada día la dietista para preguntarme que me apetecía comer al día siguiente. perdí más de 20 quilos....

Otra de las lecciones que pronto aprendí es que siempre hay alguien peor que tu. Una vez en la parte trasera del gimnasio, la que da al parking de los empleados, que no es otra cosa que la sala de rehabilitación, nos la abrían cuando hacía buen tiempo para tomar el sol. Estaba allí sentado fumando a escondidas y se acerco un tipo del que todavía recuerdo su nombre, Pablo. Me vio cara de tristeza y alguna pequeña lágrima asomando en mis ojos. Era un trabajador de explosivos Rio Tinto al cual por un accidente de trabajo le volaron los dos brazos y una pierna. me dijo textualmente, que haces imbécil llorando de pena? deja de autocompadecerte no tienes ni puta idea de lo que es el verdadero dolor, el dolor del alma. Siguió diciéndome, hace 7 meses que estoy aquí y no he consentido que vengan mis hijas pequeñas (dos hermosas crías que conocí) ¿sabes lo que voy a sentir cuando vengan mañana y les quiera dar un abrazo y no pueda dárselo jamás? Me dejo hecho una verdadera mierda y me sentí poca cosa y partícipe de su dolor. Segunda lección aprendida.

Podría seguir explicando vivencias, tengo muchas, tal vez demasiadas para mis 20 años de entonces, pero solo quiero recordar por último a alguien que fue muy importante para mí. El doctor Mella, más que un médico fue un padre para mí, un amigo. Sabía el miedo que me daban las anestesias y nunca me dejo ver un quirófano, me dormían en la antesala a petición suya y siempre cogiéndome de la mano. Era lo múltimo que veía cuando me dormían y lo primero que veía cuando me despertaba y siempre cogido de su mano. Con ese fantástico medico y mejor persona, lloré, reí y gran parte del hombre que soy hoy en día se lo debo a el.

Quise abandonar el hospital por última vez bajando las escaleras de la entrada principal, unas pedazo de escaleras de tres pares de cojones la verdad. Era mi sueño, salir como una persona normal de allí. El Doctor mella y alguna de las enfermeras de la planta tercera, miraban con lágrimas en los ojos y alguno incluso llorando mientras yo bajaba aquellas escaleras solo ya que no quise que me ayudasen. Cuando legue abajo, levante los brazos como Rocky jejejejeje y el Doctor Mella bajo las escaleras y me dijo, entraste aquí destrozado siendo un chaval de 20, hoy sales con 22 años y casi medio y hecho un hombre. Jamás olvidaré esas palabras y jamás olvidare todo lo que aprendí en aquel tiempo. Experiencias de todo tipo que hasta al más cabal le sorprenderían, algunas emocionales y otras sencillamente dentro del capítulo de lo inexplicable, pero eso es otra historia...

Por eso de vez en cuando, tengo necesidad de desnudarme emocionalmente aquí y en la vida 1.0, porque me jure que siempre viviría mis sentimientos como si fuese el último día, intensamente y sin engañarme.

Ya nadie de mí familia se acuerda de este día, los primeros años me llamaban pero ahora ya no, y lo entiendo. Eso no es lo importante, lo importante es que la vida sigue y hemos de vivirla de la mejor manera posible y con nuestros sentimientos a flor de piel, odiando cuando hay que odiar, amando cuando hay que amar, comprendiendo cuando hay que comprender, ayudando cuando cuando hay que ayudar... Pero por encima de todo vivir cada día como si hoy fuese el último de nuestros días y diciéndoles a las personas que te importan que las quieres y lo que significan para ti. 

PD: Me ha quedado muy largo, lo se, pero que os conste que podría escribir incluso un libro jejejejeje ;-) Y disculpadme por la ortografía y la sintaxis, cuando habla mí corazón no repaso nada, sencillamente me dejo llevar por lo que en ese momento pienso y siento.

Si alguien lo ha leído entero, enhorabuena y gracias, es largo del copón ^_^


(El texto está copiado íntegro de la publicación del autor en Google +, pinchad aquí para ir a la publicación original.)


Francesc Mora
@papasito
El Blog de Paspasito



Reacciones:

1 comentarios:

  1. Muchísimas gracias por publicar en vuestro blog mi "pequeña" experiencia personal o vivencia. Espero que le sirva a mucha gente que piensa que no es posible un mañana y lo ve todo negro. la vida es maravillosa y hay que vivirla como tal y cuando nos caemos debemos aprender a levantarnos para seguir nuestro camino vital.

    Muchas gracias de todo corazón por compartirla...

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