martes, 12 de febrero de 2013

Pertenezco a tu paz



Desperté, y la sensación fue bastante extraña porque no era en mi cama y había tanta paz.

El sol clareaba bailando a través de las delgadas cortinas blancas que parecían nubes invadiendo el cuarto por la transparencia que aparentaban. Un suave aroma endulzaba la mañana y resucitando de entre aquellas enormes sábanas estampadas por fin me levanté.

Bajé los 17 escalones alfombrados que me llevaron hasta la estancia y seguí el tintineo de la vajilla que me llamaba a desayunar sin escuchar ninguna voz.

Te vi; un aura de luz matutina te iluminaba y parecías brillar envuelta en ese hermoso camisón color melón y encaje blanco con una tela tan suave que su solo roce erectaba tu pezón.

Te veías más feliz por las mañanas sin un ápice de maquillaje vulnerando tu rostro, con tu cabello suelto apenas revuelto y tu olor a sembradío de algodón.

Me senté en el alto banquillo blanco cuyas largas patas me ponían en una posición por encima de tu escote frente al desayunador y mientras desayunaba te inventaba mil poemas al ver una buena parte de tus senos cada vez que se corría tu camisón con cada movimiento de la cuchara cuando endulzabas el café.

Tus labios besaban la taza de porcelana y yo solo alcanzaba a saborearme los míos para recordar su contacto y la pasión con la que me devorabas la noche anterior. El golpe aromático del café me despertó de ese sueño lúcido y al sentir la paz que emanabas con tu pierna cruzada mientras mordías la rosca empapada ofreciéndome más, me di cuenta que es aquí a donde pertenezco, a tus mañana tranquilas y no al estrés del trabajo para cruzar la ciudad; a estas charlas de filósofos vagos y no a la resaca imprudente de un fin de semana de alcohol.

Pertenezco a tu regazo en la cama, a tus piernas cruzadas, a tus labios delgados con sabor a café, a tu cuarto soleado y al jardín de tus sábanas…pertenezco a tu paz.


F. Ariza
@Perversario


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