martes, 12 de febrero de 2013

No supe cuándo


No supe cuándo dejé de ser feliz con lo que me llenaba realmente, no
supe cuándo dejé de sonreír para envolverme en mi sombra, tampoco supe
cuándo comencé a desvanecerme hasta ser un rastro tenue que lentamente
se desvanece con cada ola. No lo supe, hasta que aprendí a tocar mis
profundidades sin miedo de quebrarlas o de perderme dentro de ellas.

Hay tanto que no sé, o quizás sea más creíble afirmar: "no quiero
saber". No lo quiero saber porque me he dado cuenta que a medida que
más sé, menos me sé; la verdad es que prefiero ignorar un montón de
datos tediosos que nada más llenarán mi cabeza, pero me dejaran hueco
por dentro.

Estos últimos días han sido un duelo, porque a veces más que
confrontar nuestros demonios y los infiernos que fabricamos, a veces
también es necesario borrar lo que idealizamos, lo que acuñamos, lo
que afirmamos, lo que negamos; es decir: lo que fuimos. De otra forma
no sólo nos seguiremos perdiendo en el mismo infierno, sino que a su
vez lo haremos tan grande que cubra hasta la felicidad que encontramos
en las pequeñas cosas.

Nadie es capaz de comenzar de nuevo con remanentes de su viejo ser, y
es por eso que cada vez que nos borramos y nos volvemos a escribir;
somos alguien nuevo, alguien con otra perspectiva de las dificultades
que comprenden la cotidianidad y vamos ampliando o cerrando nuestra
visión de nosotros mismos.

Es muy fácil complicarse cuando lo que conocemos no es más que un
disfraz que usamos con la sociedad, y nos negamos a vernos realmente
desde el otro lado del espejo; vernos como nos ve el otro, porque
aunque simulemos ser seres que no somos, de una u otra forma siempre
se asoman las costuras y nos exhiben.

No supe cuándo dejé de parecer y comencé a ser. No lo quiero saber.

Miguel Marcell Guzmán Cortes
@Mars_Galaxy
Blog: La última frontera 

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