martes, 16 de octubre de 2012

Olas al vacío

Hoy tengo ganas de contarte todo antes de que me transforme en nada. Quiero entregarte mis letras y no ahogarme internamente. Pensé que era yo cuando volví a nacer. No me había visto en el espejo. He muerto, me dije, cuando miré el espejo quebrado. Una interrupción me trajo la vida: un mar de palabras y unos ojos de arena.
Preparo el café, como todas las mañanas. Pienso en el amor que no está. Sirvo dos tazas para aligerar la distancia y romper lo imposible: una grata conversación.
Miro por la ventana y pienso en ti. Ahí estás entre los ojos de los árboles. Me siento debajo de tu árbol, alegre, esperanzada. Y te digo que no me des explicaciones ni me rompas el encanto. Quizá la ingenuidad sea un puente de salvación. Espero que las piedras que cuido tanto al caminar perdonen mi ingenuidad.
Me invade el miedo de romper la realidad al ofrecer una llave. Observo que la puerta se encuentra perturbada, no sabe si la abrirán o la cerrarán para siempre. Con timidez puedo decirte: guarda la llave de mi puerta debajo del sueño que sembraste. Suspiro como un papiro. ¿Sabes? Nada me sale perfecto y siempre me equivoco. Mi rostro se ruboriza, mis entrañas se entristecen y la miopía de mis manos se derrama. Aun así, mi nombre permanece en tus manos. En tu nombre va mi nombre. A veces me pregunto si realmente soy esa ave que vuela en tus manos y me respondo que no. Mi nombre sangra en tus manos. ¿Sabes cuál es la distancia de aquí a tus manos? Y de repente, decido que te escribiré todos los días hasta encontrarte en mis manos. Después, el agua fría me recuerda que eres un sueño imposible.
Eres mi libro de arena y mi cuaderno se ha encendido. Escribo mientras tu mundo duerme. Tu despertar será mi ausencia. Con todas esas horas de esperanza llegarán las horas perdidas. Pero despertar es olvidar que yo no soy real, ni siquiera en un sueño que sueña que no llegará tarde a tu vida para ser río en tu boca. Lanzo mi alfabeto al mar para no ahogarme, aunque sé que las cenizas se quedarán en mi almohada. El corazón escribió mi pasión contenida en una letra que fue rechazada. Mis letras moribundas crecen con el canto de los grillos. Mis plumas tienen un exceso de nada. El cuaderno es un diario con destino al amor anónimo: escribirle por escribirle. Hay cierto amor entre sus hojas que se respiran secretamente. Palpitan por la tinta ajena y se estremecen. El amor adelgaza y escribe la delgadez del abandono. Mi pluma no puede seguir detenida ante un árbol que no desea darme sus hojas. Entre más le escribo al viento más se aleja.
Escribo y escribo y escribo y escribo…
Tú puedes comprar las tijeras más hermosas y cortarme las manos.
Mi mundo acabó aquí: escribiéndote.
Vivir es ir y ver.
Hoy es necesario vivir. Abriré la ventana.


Graciela Barrera
@evagraciela
http://saudadeparisina.blogspot.com

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