martes, 11 de septiembre de 2012

¡Que hermoso encanto el del egoísmo!

¡Que hermoso encanto el del egoísmo!

¡Que hermoso encanto el del egoísmo! que nos revela la verdadera naturaleza de nuestros deseos, solo se necesitan zapatos libres y exploradores, para vernos sorprendidos de la nitidez con que se muestran las cosas que en verdad nos dan placer y felicidad.
Irónica es la “coincidencia” que justo cuando se empieza a sentir de nuevo la cercanía de una tacha más en el calendario, cae – o dejo caer, con las coincidencias nunca se sabe, si no hasta que se examinan bajo la lupa del tiempo y la perspectiva de los acontecimientos postreros- en mis manos El Retrato de Dorian Gray, la obra maestra de Oscar Wilde, una invitación a explorar la naturaleza humana, sus más bajas pasiones y sus más secretos pecados.
Alguien me comentaba alguna vez que soy severo al analizar y juzgar las actitudes de los demás, a lo que contesté que la vara con que me mido es del doble de tamaño, solo que esos juicios y reflexiones los guardo solo para mi, tan solo a mi atañen y solamente yo tengo la llave para mirar y observar el retrato de mi alma.
¿Por qué y en qué momento los seres humanos aprendemos a temer conocernos a nosotros mismos? ¿A qué se debe que nos esforcemos tanto en ocultar al resto nuestra auténtica forma de ser y sorpresivamente exitoso es el proceso que hasta para nosotros se conserva cubierta por pesadas cortinas y “nos creemos” que somos lo que los demás ven?
La presión que ejerce la sociedad, del medio en que nos desenvolvemos, provoca que nos rijamos por estereotipos de conducta, por códigos absurdos que solo consiguen reprimir nuestros deseos, los más sublimes y los más oscuros; Creando un falso sentido de realidad en el que una gran mayoría vivamos buscando la felicidad en lo que creemos que nos la dará y no en aquello que verdaderamente nos la proporciona. Escuchar la vocecita en la cabeza no es tan difícil, el problema estriba en el miedo que nos infunde la posibilidad de hacer aquello que nos sugiere. El miedo y el rechazo a la responsabilidad de las posibles consecuencias de nuestros actos cierran las puertas a la libertad de nuestro espíritu y tan solo nos contentamos con observar en artistas y famosos la ligereza con que dan rienda suelta a sus caprichos y pasiones.
Se elige vivir anclado por las circunstancias que nos rodean, encadenado por aquello que “nos tocó vivir”, negándonos la posibilidad de ser libres, de elegir sin temor alguno, hacer aquello que verdaderamente nos hace sentir bien, vendiéndonos mil mentiras para justificar seguir padeciendo nuestra elección de vida, tan solo por no perder la seguridad de lo que se tiene en mano, por no desprenderse de algo que ya es nuestro en miras de algo que se antoja incierto, peligroso, ¡si!, pero extraordinariamente atractivo y lleno de placeres y satisfacciones. Si deseamos que un sueño se haga realidad…hay que despertar de él y buscarlo, aceptar las consecuencias del éxito o el fracaso de la búsqueda, tomar lo bueno de la experiencia, y desechar lo negativo de ésta, sin permitirle a esto último, que vicie los aires futuros…

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