martes, 7 de agosto de 2012

La Sagrada Certeza




La Sagrada Certeza
Para Alejandra Montenegro

En la inmensidad del caos me entrego a ti sin épocas, sin espacios, sin tiempos, sin razones, sin caminos. Perdido a la deriva de un sentimiento roto, divago enamorado en la sed de tu mirada, ahogando lo que un niño llamaría “miedo”.
Te siento tan dentro de mí que me falta el aire. Te pienso tanto que me estoy volviendo loco. Mis amigos saben de ti como aquella alma gemela que cambió mi visual.
Ya no soy el mismo de antes, ahora soy el mismo de siempre. Soy yo. Sin harapos ni antifaces. Sin risas de más ni ademanes de menos. Soy yo. Incluso la vida no es la misma. Ahora veo todo más cambiante, y mis razones se fueron volando en los desaires del amor.
Eres la culpable de mis pecados aún no cometidos. Te pido disculpas si no llegué antes, estaba ocupado empeñándome en ser mejor persona para ti. El pasado es una anécdota y está bien recordarlo, e incluso contarlo, pero morar allí es insano. Ya nada es lo mismo.
Antes pensaba que el amor se construía, ahora pienso que el amor nos construye. Nosotros sólo debemos obedecer a esa certeza sagrada, de lo contrario acabamos destruidos, atrapados en ese hogar llamado ego, que no es, sino, un albergue en la carretera.
Yo estoy feliz. Me entregué a ti sin la menor vacilación, sin la mayor razón. Me tardé en encontrarte porque te buscaba con la mirada, extraviado no sabía que debía hacerlo con la intuición, que no es otra cosa que la brújula del alma.
Amor mío, gracias por llegar. Gracias por vivir la vida como si fuera la única y la última. Gracias por no aceptar la vida tal y como es, y por deambular feliz entre la duda y la verdad. Gracias por poner tu corazón en mi mano, y permitirme cuidarlo bajo la soberanía de mi niñez. Gracias por permitirte descansar en mi pecho, y por permitirme formular teorías mientras dibujo tu cuerpo con la novicia de mis manos. Gracias por reír, por amar al prójimo de manera desinteresada. Allí radica uno de mis mayores aprendizajes.
Hoy me permito caminar tranquilo. Pensar en el futuro como nuestro cobijo, y vivir el presente como una aventura efímera, sabiendo que tomados de la mano contaremos amaneceres, ocasos, estrellas fugaces y palíndromos. Hoy me permito sentarme en una roca a reflexionar, para luego crear un mundo a nuestra manera, a vuestra manera.
El amor es una certeza. Una certeza sagrada, por ello, si el amor se pensara, escribiría ensayos, no poemas. Yo no comprendo, siento. Siento que tú y yo dejaremos el mundo mejor de cómo lo tomamos. Siento que al leer estas palabras me pensarás mientras te pienso. Insisto, eso se llama; una certeza sagrada.

René Valdés Morales
@Renealonzo 

Reacciones:

2 comentarios:

  1. Me gusto mucho la sinceridad
    y sutileza que entrega tu poema,
    deja la sensación de certeza,
    certeza de amar alegremente a un otro.

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