martes, 3 de enero de 2012

Ya no hay retorno


Todo comenzó al tropezar con esos ojos. Y el tiempo se detuvo, las ganas van lamiéndole las manos y los murmullos 
nacen en sonidos sordos, a veces creo que son colores disfrazados de voz y viento. 
Y la voz tiene un extaño  color; color que emerge desde las entrañas, llenando el espacio de un azul futuro. 
Es ahí cuando abre la boca, y una bocanada de notas abrazan la piel; ésta piel tan suya que se humedece con solo su aliento, y las miradas se abren infinitas, las pupilas se dilatan y entonces puedo ver toda la noche gestandose en ellas, y el deseo  se estremece en suaves movimientos y las sombras chocan contra mi cuerpo.


Una mano sujeta el espejo que tiembla entre mis dedos, la espera está mordiéndome la espalda; el aire es denso y la palabra descansa sobre un papel. 


El tiempo transpira, la noche es nuestra. Y los ojos cobran vida. 


Y la distancia se hace estrecha, el tiempo se dibuja dormido, las manecillas se pierden. Se materializan los sueños, es ahí cuando el sur encuentra su camino, sabe que las miradas nacen detrás del espejo. Sabe que esa mirada es la suya. 


Esa mirada que dice todo y nada.


Ya no hay retorno.




Alma E. Palma

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