martes, 26 de marzo de 2013

La voz de la almohada


“La voz de la almohada”

Sólo intentaba cerrar los ojos, dormir para despertar y volver a tener sombra. Con los ojos cerrados sólo escuchaba el agua caer, el rechinamiento de la cama al voltearse y su propia respiración.  Era insomnio lo que padecía en ese momento.

Permanecía callado, no quería prender la televisión porque menos dormiría, sólo planeaba como reencontrarse con su sombra a través de sus sueños, la interrogante de todas las noches, donde comenzaba a remar sobre su cama en ese mar de lágrimas. Callado ansiaba tocar tierra pero sólo lograba tocar su corazón.

El cuarto totalmente obscuro y frío, las sábanas jugando a ser las velas de la embarcación llamada cama, el sonido de la lluvia, la soledad eran las olas que movían el barco y la necesidad de expresar lo que sentía sin poderla compartir a nadie.

La única compañía que tenía en el día era su sombra, obscura y callada pero le daba siempre la razón estando a sus pies, nunca juzgaba su sentir, nunca le impedía caminar, lo acompañaba a todas partes sin importar el qué dirán, pero cuando llegaba la noche, la sombra se ocultaba y llegaba por otra puerta la soledad para comenzar a naufragar.

Todas las noches la soledad era tenaz en forma de disfraz,  disfrazada de miedo e inseguridad cuya sombra podía combatir desde cualquier lugar soleado y brillante, desafiando el atardecer, pero muriendo noche tras noche.

Todo seguía igual, en el día tenía compañía mientras que en la noche la sombra era la presa de la obscuridad y el insomnio llegaba puntual al cuarto, igual de obscuro y frío para que la cama saliera a flote.

Hasta que un día el problema ya no era sólo de noche, el problema había llegado de día. El tiempo transcurría y no dormía, disfrutaba el día y se cuidaba de noche, no encontraba el tiempo para dormir, ni para comer, sólo tomaba agua de ese mar dulce y amargo a la vez.  Esa noche el barco se quedó parado, ya no tenía fuerzas para alimentar a ese mar, no tenía fuerzas para llorar, hizo su mayor esfuerzo hasta que no pudo más y cayó. La cama comenzó a hundirse en ese poco mar que quedaba, la cama estaba en el fondo del charco.

Abrió los ojos y no sabía lo que estaba pasando, caminó en ese cuarto negro sin fin, sin saber su ubicación, sólo estaba presente su ansiedad y miedo, desesperado corría y gritaba, sólo estaba él, solo estaba. No conocía ese cuarto sin saber que era el mismo, hasta que escuchó un susurro lejano que en lugar de aterrarle le daba tranquilidad, se quedó parado, atento al susurro y tratando de entenderle, sin temor al sentirse acompañado, sin saber si esa compañía extraña para él era buena o mala; se calmó.

La voz poco a poco se le hizo conocida, se dio cuenta que no estaba muerto o en algún lugar lejano o desconocido, estaba dormido. La voz le hizo entender que no estaba solo, que no se percataba de otras formas en las que pudiera encontrar compañía. La almohada le hizo entender que siempre estaría ahí por las noches sin tener que ser sombra o tener forma humana, sólo era cuestión de escucharla y prestarle atención.

Abrió los ojos y no sabía lo que le estaba pasando, caminó en ese cuarto negro sin fin, sin saber su ubicación, sólo estaba su sonrisa y felicidad, contento corría y gritaba, sólo estaba él, él y su almohada. Ya no había charco, nuevamente era un mar gigantesco pero ya no era de lágrimas si no de sueños húmedos. Remó para llegar a la ventana y abrió las cortinas; lo que nunca imaginó, era una gran esfera de color gris en el cielo redonda brillante y alucinante, sus ojos no creían lo que estaban viendo, era un Sol nocturno sin calentar pero con la diferencia de poderla ver y contemplar sin lastimarle los ojos, se quedó minutos observándola.

La sonrisa no descansaba, el barco había tocado tierra y su corazón palpitaba rápidamente. Volteó lentamente para atrás y la sombra había regresado, era una sombra encima de la almohada, las lágrimas regresaron pero ahora eran de felicidad.

Acostándose sobre la sombra y la almohada, cerró los ojos y volvió a viajar. Noche tras noche viajaba en su cama para zarpar en el mismo lugar.

Imagen tomada de http://fernandonombela.blogspot.mx


Por Pepe Aguilar Alcántara
@PepeAA

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