martes, 26 de marzo de 2013

Cansado

Sabes, estoy cansado de estar contigo, no de ti, no de tu presencia, no de tu absurda ignorancia del mundo y de mi, estoy cansado de darte el cariño que tú no te puedes dar, estoy agotado de darte de mi vida para que sigas viva y de como mi propia vida se ha acostumbrado a no vivir sino a sobrevivir junto a ti, estoy cansado de salvarte la vida y de tantos intentos fallidos por mantenerte aquí.


Hubo días en los que pensé que era yo el suicida y que si nos acompañábamos sobreviviríamos, pero no soy yo el suicida, no soy yo quien necesita algo o alguien para vivir, conmigo me basta y decido dejarte, porque no quiero que mi vida dependa de alguien a quien no le importa la suya. Me voy conmigo y mi vida a vivir a otra parte con menos muerte.

Sí, llevo algún tiempo pensándolo y sabes no es fácil para mi tampoco, de alguna forma mi vida depende de la tuya, tal vez sea de la forma más enfermiza, sucia, deshonesta, pesadillezca, terrible e insana pero en verdad te amé, a la buena, de la que se ama hasta llegar a viejos, de la que se besa con la boca sucia en las mañanas y se acaricia las heridas con los labios, en verdad te amé para toda la vida hasta que ya no quisiste tu vida, hasta que amaste más a la muerte que a mi, hasta que me dejaste morir junto a ti sin avisarme que ya no amabas la vida que hay en mi, hasta que empezaste a desear verme morir junto a ti.

Te voy a extrañar, mucho, no sé cómo voy a lograr no desayunar tus horrendos cereales súper dulces y los hot cakes salados, voy a extrañar todo aquello feo que éramos al final... creo que no me explico, al decirte a que te voy a extrañar no me refiero a que  me gustaría estar de nuevo juntos, me refiero a que me voy a sentir extraño sin todo lo que eres, eras y éramos, me voy a sentir extraño sin todos esos demonios que construimos y que hoy mueren al separarnos tu y yo, al separarnos algo más aparte de nosotros se muere: nuestros infiernos.

No te dejo todo, me llevo lo que es mio, mis libretas, mis discos, mis películas  mis libros, mi bici, el pizarrón de la sala, mi bonsái, mis recuerdos, mis olvidos, mis compromisos cumplidos y mi parte del matrimonio con todos los para-siempre y los hasta-nunca, el amor, el odio, la muerte y la vida que ello conlleva. Te puedes quedar con la casa embrujada por tus fantasmas, con mis ventanas y con las escaleras que no nos llevaron a ninguna parte y de mi te dejo mi brújula de bronce para que encuentres, si alguna vez le buscas, tu norte.

Adiós. Me despido para lo que nos queda de vida en esta vida, me despido de la muerta en vida que eres hoy, te despido de mi vida, de mis conversaciones mas no de mis ideas ni pensamientos, de esos te has convertido en habitante perpetuo mas no  eterno. Me despido también de tus besos sin deseo, de la vida sin vida que llevábamos, de la muerte constante, de la frialdad de la cama y de la mudez de tu lengua, sin embargo me llevo uno de tus abrazos, el inolvidable de mis lagunas, el de aquel día en que te llevé al bosque que visitaba de niño con mi familia y que hoy sigo visitando en busca de mi madre, del mar, aquel día en que te dije que escogieras un árbol, tu preferido, el que quisieras para hogar, y me abrazaste y me dijiste al oído: eres mi árbol preferido. Ése abrazo me llevo, esa voz, esas manos en la espalda que no rasguñaban, esos dedos que se paseaban en mi cabeza y se perdían en mi cabello, ahora ya escaso. Te llevo conmigo de alguna forma porque en verdad te amé para toda la vida.

Adiós, en serio adiós.

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