martes, 9 de octubre de 2012

Puntos de vista

La mirada es, probablemente, el alma de los ojos, un par de globos oculares sin esta no sirven más que de adorno fútil. Es necesario inaugurar cada parte del ser.


Los párpados de Alicia estaban sellados: no hacía nada sin consultarlo antes con él. «Cualquier paso en falso es un peligro si está mal dado», le repetía, ella le hacía caso porque para eso él sabía todo, intuía todo, sentía todo… leía en el aire o ve tú a saber dónde, porque no parecía mirar las cartas cuando hacía las predicciones pero el caso es que, leyera donde leyera, acertaba. Alicia no había estrenado su mirada nunca, no sabía andar sin la visión del augur, hizo de sus ojos los suyos.
Leyó en la puerta Enrique Demaso. Augur - Magia - Visión, entró sin pedir permiso en busca de guía para darle suelo firme a sus próximos pasos. Él rara vez había fallado una predicción, en ocasiones las cosas no salían como lo había predicho, cierto, pero él con paciencia le había explicado lo que sucedía: el destino tenía sus formas inescrutables de bien hacer, a veces era necesaria la ceguera, eso es lo que el hado quería de ella, que actuara convencida en una dirección para llevarla en otra. El desconocimiento le hacía actuar con cierta naturalidad que era del agrado del destino. «Está escrito así, Alicia», decía Enrique Demaso, adivino, prestidigitador, vidente, augur, «hay que mirar con el corazón».
Así que los fallos venían de no mirar atentamente con el corazón. La mujer cerró la puerta tras de sí, con suavidad, sin alarma, y su voz, a juego con esa calma, anunció: «fallaste».
Enrique Demaso observó los ojos abiertos de la mujer, que lo señalaban sin parpadeos que interrumpiesen la mirada. Se notaba que le dolían los ojos pues no los había usado nunca antes, los músculos de su visión recién nacida no sabían bien a dónde apuntar, las pupilas tambaleantes como las piernas de un bebé que aprende a caminar, ya imparable, pero aún zigzagueante.
—Lo siento —atinó a decir el adivino.
—Solías decir que la verdad está en los ojos, y estos en el corazón —le recordó sus propias palabras.


Una hora más tarde, cuando Alicia salió del edificio, tenía en su poder dos pares de ojos nuevos: los suyos, despiertos, acomodados en sus cuencas; y los del augur en un bolsillo, que le aseguraban que a partir de ahora no habría fallo alguno en sus predicciones: para obtener la verdad hay que cerrar los ojos y abrir el corazón.


Belisa Bartra
@BelisaBartra
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Reacciones:

2 comentarios:

  1. ay, belisa bartra. si no la dueña de las buenas letras, sí una de sus invitadas preferidas.

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  2. Diego, no había leído tu comentario... muchísimas gracias por ese halago maravilloso, viniendo de ti es un honor tremendo. Un abrazo de oso, o de lobo, o de árbol.

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