martes, 6 de marzo de 2012

Recuerdos

Para recordarte tengo que preparar el ambiente. Encender un cigarrillo. Cerrar las ventanas porque llueve. Tomarme un café a sorbos. Y ahí sí, abrir la puerta a la ausencia y regodearme en ella. Como un grifo que no cesa, que me empapa, que me hace agua los presentes. Pero hoy no sale. No sé por qué. Se queda ahí tu recuerdo, estancado en el patio de atrás de los adioses, empacado como mula. Yo, que no entiendo bien los caprichos ajenos, le hablo con paciencia maternal, lo tiento. Nada: oídos sordos. Me muerdo las uñas, repito el ritual del cigarrillo, las puertas, el café… Nada: caso omiso. Grito, lo maldigo, lo amenazo, le juro nuncajamases, le lloro un poco también. Y cuando veo que es batalla perdida lo despido, cierro la puerta de la ausencia, y me quedo acá, como ahora: empezando a teclear otro recuerdo que sea más domesticable.

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