martes, 21 de febrero de 2012

El día que la luna se detuvo.

Un día que pintaba, no como cualquiera porque nada en nosotras era peculiar,
un día hasta cierto punto con gracia, que llevaba en la distanciala intención de destacar.
Un hospital tan conocido últimamente, que casi, casi, ya llenan nuestros nombres el lugar,
afuera el mundo caminando como si sólo fuera cuestión de despistar.
Kai pintando colores en la panza a manera de brinquitos, mami tipeando para la beba
de los ojos bonitos. Tipeos, corretizas, ambulancias y nada fuera de lo común alrededor.
hasta que el sueño cayó.
Como luna gestante supongo que vio la hora de partir, pronto iba amanecer aunque
no se quisiera ir. ¿De quién dependía? Sólo Dios lo sabe y aún temo preguntarle
porque dolería escuchar la respuesta.
Sin sonidos de la orquesta de la luna traviesa, mami se inquietó, preguntó y nadie
pudo contestar, todo se concentró en el actuar.
Por más que el cielo se abría para darle paso a la reacción, nada pasó, entonces
el silencio fue quien se apoderó.
Yo cerre los ojos como quien pone un cerrojo con candado triple y ya no quise mirar,
dejé de observar el mundo, dejé que mis labios mudos ocuparan su lugar.
Se quedó en mis sueños mi pequeña Lunakai y en las noches que al llegar, me mostrarán su rostro
para poderlo besar.



Silvia Carbonell L.

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