martes, 19 de noviembre de 2013

A un salto


Fijó sus pies en el borde del edificio, como si fueran también del mismo cemento que soportaba su propio peso. Se tomó la mano derecha con la izquierda y pensó en lo que me hubiese gustado comer aquella mañana. Cuando me lance, ¿sentiré la brisa en mi cara como pequeños golpes o como una caricia? Pensó también en lo harto que le resultó subir veintidós pisos por un ascensor dañado. ¿Podré ver el trayecto de la caída o me desmayaré durante en la caída? Aquella mañana la empezó con la total convicción de querer morir o, como lo escuchó alguna vez en una película «querer dejar de permitirse vivir»¿Me parecerá más largo el tiempo de la caída de lo que en realidad será?Supo en todo momento que no haría el camino de regreso y arrepentimiento hacia la vida que temía y tenía. ¿Sentiré el impacto con dolor prolongado o será fulminante? Respiró tan profundo que sus pulmones enfermos se lo permitieron, y trató de tan siquiera mentalmente los diez nombres más relevantes de su vida, pero sólo pudo llegar hasta el séptimo.

Un minuto antes de lanzarse al vacío de aquella Ciudad, sintió como la preguntaba le martillaba la cabeza, en silencio.¿Y si vuelo? Cerró los ojos, subió ligeramente el pie derecho, abrió sus brazos como sólo las aves lo saben hacer, y tomó una bocanada de aire. ¿Y si despierto? 


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