martes, 21 de agosto de 2012

Alter ego.


Y a media noche comenzó a llover. Cuando pensaba que había finalizado el día, mis puntos suspensivos se rebelaron para continuar en tus mejillas el recorrido de un pensamiento perenne. El tono de tu voz armonizaba mis oídos atentos, manejabas tus relatos con el nivel adecuado de dulzura que, sin previo aviso, me embelezó con confidencias de cajón. La cercanía en complicidad con el silencio abrazó mis sentidos y el viento respiraba hondo, como aguardando cortésmente tus respuestas.
El tiempo se comportó a la altura, porque el día parecía detenido en el resplandor naranja de una tarde paciente. El sol yacía sobre la alfombra de hojas crujientes y aplicaba a tu piel una cálida acupuntura dorada que adornaba esa anímica manera tuya de hablar. Continuabas mostrándome tu apasionada colección de historias que se pelean con las mías para escribir estas líneas, mientras distinguí una hebra gris en tu densa cabellera, que me entretuvo a medida que hablabas con evidente placer, deteniéndote en los pasajes espinosos de un alter ego que fue sincero y ha cambio de eso, recibió un puntapié.

!Pero que más da! Si mientras exista la arquitectura de un árbol a nuestra disposición.


Evelyn Robles.



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