martes, 18 de junio de 2013

No te marchaste sin dejarme

Cuando platicábamos de sueños, construíamos montañas.

Montañas iluminadas; 
que vestíamos de todo aquello, que la moral nos levantaba.

Me dejaste puliendo todos los ecos y cada una de tus palabras,
enumerando en mi cabeza, todo eso que dejaste sin contar.
Todo lo que no alcanzamos a platicar.
Te extrañé por ello, y aún sin ello, te sigo extrañando;
te seguiré extrañando.
Es un círculo vicioso que no terminará jamás.

Pero nos quedaron los caminos que diseñamos,
los dejaste todos en mis manos
esos que quedaron sin terminar.

Me quedaron, y me dejaste difícil el trabajo;
Porque sin el toque de tu risa, 
que complicado me resulta edificar.

Sin embargo, esta vida no se acaba,
y me dejaste de tarea continuar;
de acabar con esos nudos que nos atan a la tierra.
De llenar las ventanas de todas las prosas nuevas,
que se nos puedan atravesar.

De pintar con mil colores esos sueños, 
que solo tú sabías cómo echar a volar.

¿Y sabes?, Es difícil rediseñar tu arquitectura;
pero dejaste cimientos fuertes dónde comenzar a levantar.
Dejaste un puñado de recuerdos que me hacen fuerte,
y de nuevo mi sonrisa se comienza a dibujar.

Así, comencé por pintar tu cielo de colores,
de llenar cada uno de sus rincones 
con nuestros sueños alucinados, 
y tomar del viento; 
los murmullos de tu voz que parecía tan lejana para traerla conmigo, 
para que no se me olvidara lo que un día prometimos 
que podríamos cambiar.

El rumbo completo de nuestras vidas que ya lucía deslucido,
por un sueño nuevo que nos fuera permitido,
y nos llevara de la mano sin dejarlo de intentar.

No te marchaste sin dejarme, eso lo puedo comprobar.
Porque donde quiera que te encuentres,
no has soltado de mis manos, en mis luchas te has quedado
y cada lágrima en mis ojos has secado sin parar.

Te has quedado, para asegurarte que mis brazos
reciban el amor guardado, de un sueño viejo que no se rindió jamás.
para sostenerme con fuerza cuando el peso es demasiado,
para no soltar mis pasos, para asegurarte siempre, 
que a donde sea que yo vaya; tú también vendrás.


Silvia Carbonell L.






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